Resumen ejecutivo: Colombia enfrenta un momento decisivo en su historia política, en el que la solidez de su tradición democrática será puesta a prueba en los próximos comicios. A pesar de haber superado dictaduras y de mantener un sistema electoral funcional durante décadas, el país continúa lidiando con desafíos estructurales como la violencia política, el narcotráfico y la polarización ideológica. Las elecciones representan una encrucijada entre visiones políticas profundamente divergentes que podrían definir el rumbo institucional, económico y social de la nación en los años venideros.
La estabilidad democrática de Colombia tiene implicaciones que trascienden sus fronteras. En un contexto regional donde varios países han experimentado retrocesos institucionales, el mantenimiento de un sistema político basado en la alternabilidad y el respeto al voto constituye un referente para América Latina. El resultado de estas elecciones no solo influirá en la gobernabilidad interna, sino también en la seguridad regional, la lucha contra el narcotráfico y el equilibrio geopolítico del hemisferio occidental. La decisión del electorado colombiano será, por tanto, determinante para preservar o redefinir el modelo democrático del país.
El último dictador que padeció Colombia fue el general Gustavo Rojas Pinilla, uno de los pocos mandatarios en la historia que renunció al poder en 1957, iniciándose así un proceso hacia la alternabilidad democrática que, a pesar de las imperfecciones, sitúa al país entre las naciones decanas, solo después de Costa Rica, que efectúa elecciones generales periódicas, plurales y secretas.
Una información muy interesante: de los tres países que salieron de regímenes de fuerza en los años finales de la década del cincuenta del pasado siglo, Colombia, Venezuela y Cuba, solo el primero ha sido capaz de sostener la convivencia democrática gracias a que sus instituciones y la población han logrado controlar las ínfulas dictatoriales de más de un caudillo.
Es cierto que Colombia no es la república más estable ni donde más se respetan los patrones de la justicia, además, ha padecido una subversión política de proporciones épicas y lo que probablemente es peor, sufre como ningún otro el flagelo del narcotráfico, con todo lo que se deriva de esa actividad, factores que influyen negativamente en la paz social, obstaculizan el progreso y se prestan como caldo de cultivo para una ingobernabilidad sistémica.
Sin embargo, sus líderes políticos han honrado los compromisos electorales. La población ha tenido la oportunidad de elegir a sus gobernantes, de equivocarse o atinar en su elección; beneficio que el pueblo venezolano perdió en 1998 cuando votó por Hugo Chávez como presidente, a pesar de sus antecedentes golpistas, de un sujeto que no respetaba la democracia. De igual forma, los cubanos vitorearon en las calles a Fidel Castro, creyendo en una renovada epifanía.
Los golpistas y los conspiradores de oficio en una sociedad que respeta la alternabilidad electoral no creen en la libertad de elección. Quienes recurren a la violencia para alcanzar el poder en una sociedad plural en la que rige la democracia, la peor forma de gobierno con excepción de todas las demás, de acuerdo a Winston Churchill, si llegan al poder, es muy probable que pretendan perpetuarse en él.
Abordo este tema porque Colombia, el próximo mes de mayo, se juega su futuro sin encontrarse en el dilema shakespeariano de votar o no votar; tiene que votar porque, de no hacerlo, puede resultar electo quien menos represente la voluntad popular.
El voto es un serio compromiso. Es un ejercicio cívico que nos garantiza la libertad y el respeto a nuestros derechos; si acertamos, por el contrario, equivocarse, sea por pereza o pura indolencia, puede transformar nuestras vidas en un infierno.
Todas las elecciones son importantes, pero algunas pueden ser más trascendentes que otras y este es el caso de los comicios colombianos. Los chilenos recientemente se encontraron en una encrucijada similar; debían elegir entre un candidato de derecha, José Antonio Kast, o la comunista Jeannette Jara. En mi opinión, tomaron el mejor camino porque considero que las experiencias comunistas y socialistas han sido rotundos fracasos que inevitablemente conducen a sus propios electores a la pérdida de derechos y a la miseria más despiadada.
Los candidatos con mayores posibilidades en los próximos comicios colombianos representan opciones muy opuestas.
Iván Cepeda, figura de la izquierda política, representa el Pacto Histórico, una agrupación que llevó a la presidencia a Gustavo Petro, que, según los colombianos que conozco y lo que he leído, ha gobernado desastrosamente.
Cepeda, senador de la República que sirvió en 2012 como facilitador del Acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP) suscrito por las partes en el 2016, propone impulsar una transformación económica y social profunda.
Otro aspirante es Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, situado a la derecha, abogado, empresario y político, fundador del movimiento Defensores de la Patria, ha expresado su respaldo al libre mercado y su firme compromiso de restablecer la seguridad pública, entre otras propuestas.
Según las encuestas, hay un tercer candidato de relevancia, la abogada y senadora Paloma Susana Valencia Laserna, que representará en los comicios al Centro Democrático que lidera el expresidente Álvaro Uribe Vélez, siendo de los tres aspirantes más importantes la que representa el centro del espectro político nacional.
Sin duda, son candidatos que representan visiones políticas e incluso ideológicas muy opuestas. Personas competentes y, al parecer, capaces, lo que hace más complicada la tarea del electorado colombiano.
Tres puntos clave
- Una democracia resiliente: A pesar de los desafíos históricos, Colombia ha logrado mantener la alternabilidad democrática desde la caída del régimen de Gustavo Rojas Pinilla, convirtiéndose en un referente regional de estabilidad institucional.
- Elecciones decisivas para el futuro del país: Los próximos comicios representan una encrucijada política en la que se enfrentan visiones ideológicas contrastantes que podrían redefinir el rumbo económico, social y de seguridad de la nación.
- Impacto regional: El resultado electoral tendrá implicaciones más allá de las fronteras colombianas, influyendo en la estabilidad política de América Latina y en la preservación de los valores democráticos en el hemisferio.
Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com