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@IlianaLavastida

MIAMI.- A lo largo de seis décadas, la cúpula que detenta el poder en Cuba ha utilizado a la sociedad como un gran laboratorio, en el que se experimentan el adoctrinamiento político, el aprender a sobrevivir en carencia permanente y la implantación del miedo como mecanismo de control.

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Durante estos años, ha sido recurrente el pretexto de un “enemigo poderoso” que, según quienes administran el país, impide en desarrollo y obliga en forma cíclica el regreso por temporadas a la economía de guerra.

Lo cierto es que en la medida que el diferendo entre EEUU y Cuba se agravó, en momentos cruciales a la pequeña isla del mar Caribe siempre le apareció algún aliado que la subsidiara por aquello de ser un “pequeño país bloqueado” y además porque desde el punto de vista estratégico, la postura intransigente del régimen cubano frente a Washington le ha resultado útil a muchos de los aliados.

A principios de los 60, después de que EEUU rompiera relaciones diplomáticas con La Habana, la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) encontró en territorio cubano justo la ubicación que necesitaba la primera potencia socialista, para tener presencia en este lado del hemisferio, cercano al imperio estadounidense. De ello se derivó una amplísima gama de subsidios, que conocíamos como “ayuda mutua y desinteresada” y llegaban a la isla desde el llamado campo socialista de Europa del Este.

Treinta años después de la implantación del socialismo en Cuba, tras el derribo del muro de Berlín, la subsistencia en la pequeña isla del sistema que había colapsado mundialmente, requirió de la implantación de medidas extremas en el país, sobre todo para que el grupo que mantiene el control del poder político no corriera el riesgo de verse obligado a hacer concesiones.

Cómo halo salvador para la añeja dirigencia cubana, después de que durante la década del 90 la población sobreviviera a un verdadero período de hambruna, apagones y la aparición de enfermedades que nunca más han sido erradicadas como el dengue y la polineuritis; con el ascenso de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1998, a los líderes de la dictadura cubana les apareció una nueva “hada madrina”.

Desde Chávez, la pujante economía venezolana comenzó a fungir como la nueva carta de cambio para la diseminación de la corriente socialista en Latinoamérica, impulsada desde La Habana.

En respaldo al compromiso asumido por el aliado incondicional de Fidel Castro que fue Chávez, con el resto de los países unidos a la corriente del socialismo del siglo XXI, las fuentes de la riqueza venezolana se fueron agotando.

Seis años después de la muerte de Chávez, cuando el país de la primera reserva petrolera del mundo junto a toda su población languidece como territorio ocupado por fuerzas militares y grupos de poder, al ver mermada la capacidad de abastecer a sus aliados, Venezuela se ha visto imposibilitada de continuar socorriendo a Cuba y es entonces que se anuncian los albores de una nueva crisis para la isla, que su actual mandatario designado asegura, se trata de algo “coyuntural”.

Podría creerse que es circunstancial si de momento, tras haberse anunciado la nueva etapa de racionamiento extremo en Cuba, apareciera un socio comercial interesado en ofrecer recursos.

Mientras tanto, según el criterio del realizador y opositor cubano Rolando Rodríguez Lobaina, la dirigencia cubana que tiene el poder de “dominar la información, los recursos reales del país y hasta el estado de opinión”, mantiene a la sociedad como “la gran probeta” con la que siempre han experimentado.

En opinión de Lobaina, aunque es cierto que la entrada abundante de petróleo procedente de Venezuela se haya frenado, estas nuevas restricciones el régimen las adopta, “antes de haber llegado realmente a la opción cero” por varias probables razones: “Para ganar tiempo y establecer nuevos socios que les suministren combustible a cambio de mano de obra barata”, entiéndase profesionales de diversas disciplinas por cuyos servicios en otros países Cuba recibe altos pagos y luego remunera apenas con un porciento de esas ganancias.

También “podría tratarse de una forma de medir la capacidad de tolerancia de la población ante una nueva crisis” y no hay que descartar que por el constante desvío de recursos que implica la corrupción reinante a los más altos niveles, “con el slogan de una etapa de escasez extrema, ganarían tiempo para reabastecer nuevamente las reservas del país” que al final están en control de los gobernantes.

Para Rodríguez Lobaina, lo más crítico del momento que atraviesa Cuba es el “peligro que corre la oposición”, teniendo en cuenta que las fuerzas represivas conscientes de que puede haber un estallido social, permanecen al acecho y camufladas entre la población.

En días pasados por ejemplo -describió Lobaina, “varias personas vestidas de civil en plena calle en Guantánamo [en el oriente de la isla] molieron a palos a un señor, identificado como Claro Osorio”.

Igualmente, mediante reportes llegados desde la capital del país se advierte que las aglomeraciones provocadas por la escasez de transporte público permanecen custodiadas por agentes de la policía, preparados para frenar cualquier destape de ira popular.

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