Mi madre solía aprenderse los nombres de todos sus alumnos durante los más de veinte años que ejerció como maestra. Hasta que llegaron los Yanisley, Yumaisis, Yaumara, Yosbel, Yandel, Yulieski, Yovel, Yolaide, Yamisel, Yirmara, Yuset, Yander, Yunier… una lista a la que pondré punto y final con Yailin y Yoelkis. La tradición de mi madre se le truncó con la llegada de nombres sacados del inmenso catálogo de la ‘Y’, penúltima letra del alfabeto que marcó un hito generacional en Cuba muy diferente al que caracteriza a la revolución millenial bajo las letras X ó Y.

La generación de Yailin y Yoelkis se curtió entre el periodo especial [eufemismo utilizado por Fidel Castro para identificar la grave crisis económica que surgió en Cuba tras la desaparición del bloque socialista de Europa de Este] y la batalla de ideas [campaña propagandística desatada por el régimen en el contexto del conflicto generado entre los cubanos exiliados de Miami y el Gobierno cubano para que devolvieran a la isla al niño balsero Elián González].

Yailin y Yoelkis eran preadolescentes o casi niños entre 1989 y 2002, tres años nada fecundos para la sociedad y la economía cubanas, que sufría los bandazos provocados por la desaparición de la Unión Soviética, principal proveedor de subsidios a la isla.

Entre los tantos jóvenes que componen el heterogéneo éxodo de cubanos dispersos por todo el mundo, muchos llevan los nombres que no pudieron aprenderse maestras veteranas como mi madre. La mayoría quedó en Cuba convirtiendo en materia de investigaciones potenciales los listados del registro de nacimiento de la Isla.

Yailin Orta Rivera y Yoerky Sánchez Cuellar, han sido nombrados nuevos directores de los periódicos Granma y Juventud Rebelde, respectivamente. El Granma es un periódico dirigido desde el Partido Comunista de Cuba, con línea directa al Consejo de Estado, y el Juventud Rebelde responde a las directrices de la Unión de Jóvenes Comunistas. Están llamados a colocarse a la cabeza de la batalla ideológica que libra el régimen desde sus propios medios de comunicación en un contexto internacional muy distinto al del comienzo del milenio.

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Yailin Orta Rivera y Yoerky Sánchez Cuellar, han sido nombrados nuevos directores de los periódicos Granma y Juventud Rebelde, respectivamente.
Yailin Orta Rivera y Yoerky Sánchez Cuellar, han sido nombrados nuevos directores de los periódicos Granma y Juventud Rebelde, respectivamente.

Para que Yailin y Yoelkis llegaran allí, a solo dos meses y medio de la anunciada salida de Raúl Castro del podio visible del poder, han rodado cabezas. Una de ellas muy significativa, la del anterior director de Granma. Prescindieron del anterior director del órgano oficialista del partido a pesar de él había trabajado para el régimen sin descanso y bajo los criterios técnicos e ideológicos impuestos. Básicamente han puesto el contador a cero y se plantean un reinicio en la prensa, como si fuera el remedio contra todos los males por los que Cuba atraviesa hoy.

A la par han lanzado una batalla incesante contra los periodistas que ejercen una prensa independiente en Cuba. Están “barriéndolos” de la calle, según ha explicado a DIARIO LAS AMÉRICAS Rolando Rodríguez Lobaina, director de @PalenqueVisión, quien pudo grabar una agresión que sufrió esta semana.

El régimen ya no puede tapar los excesos de su policía del pensamiento y se propone aplacar a la prensa independiente con todo tipo de amenazas y chantajes. A la prensa oficialista la mantendrán controlada con la receta de “no hay tiempo para el error ni la experimentación en la búsqueda de una política de comunicación”. Esas fueron la conclusiones de Miguel Díaz-Canel, el delfín sustituto de Raúl Castro, durante el Taller Nacional sobre Modelos de Gestión de Prensa Cubana que se inventaron para “barrer bajito” hace un mes y que llevaran a la destitución de Pelayo Terry y la imposición de Yailin en Granma y Yoelkis en Juventud Rebelde.

Si el periodismo en Cuba no había caído ya en su grado más nulo como cuarto poder y medio de denuncia social y política para mejorar la vida de los ciudadanos, ahora sí ha firmado su sentencia de muerte. No porque Yailin y Yoerky no tengan el talento necesario para ejercer un buen periodismo en cualquier lugar del mundo, sino porque han sido colocados allí, precisamente para que ningún profesional cubano lo pueda ejercer.

El nombramiento ha sido anunciado de forma rimbombante y repetida, por todos los medios al alcance de la maquinaria propagandística cubana, a la que yo pertenecí y ante la que respondí durante doce años. José Martí dijo, pensando en Estados Unidos, “Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas”.

Este es el segundo timonazo que da el régimen directamente en contra de la libertad de expresión. El primero fue cuando rediseñó el sistema de prensa estatal a través de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

Yailin Orta Rivera y Yoerky Sánchez Cuellar son resultado de la batalla de ideas

Yailin Orta Rivera y Yoerky Sánchez Cuellar representan a los miles de jóvenes cubanos que fueron fogueados bajo el sol delirante de la batalla de ideas, una suerte de compendio de programas que impulsaban el eje ideológico de una Cuba arrasada en la que conseguir algo para comer fue la principal fuente de preocupación de millones de padres durante el quinquenio triste 1990-1995.

La hambruna galopante tenía como principal excusa el embargo económico impuesto por Estados Unidos; como segunda razón, la caída de importaciones de productos que venía de la Antigua Unión Soviética y, como tercera y verdadera causa, la inoperancia económica y productiva que arrastra el régimen desde 1959.

A la generación de Yailin y Yoerky apenas le contaban sobre la segunda causa del hambre vieja e inhumana que pasaban las familias para que los niños comieran algo mejor, y mucho menos de la tercera.

Súbitamente, cuando atravesaban su pubertad y primera juventud, se vieron inmersos en aquella batalla de ideas que dio al régimen algo más de tiempo antes de que el pueblo se tirara a la calle a protestar o comenzara a hacerse preguntas. Emergió la historia de Elián y, con ella como bandera, el entonces presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Fidel Castro, lanzó una campaña ideológica que copó hasta los últimos rincones de la Isla.

De hecho, Yoerky Sánchez Cuellar fue un “descubrimiento” del propio Fidel entre actos ideológicos colmados de banderas y pancartas de “Devuelvan a nuestro Elián”, durante aquellos años arduos de la batalla de ideas. Estados Unidos devolvió al pequeño Elián, pero la batalla de ideas continuó.

Ahora es su hermano Raúl quien retoma aquel estilo, urgido por el signo de los tiempos, en que millones de cubanos han comenzado a pensar en cómo ayudar a Cuba mientras se ayudan ellos mismos. Yailin y Yoerki tienen la misión de instigar desde los medios a una juventud desideologizada, que ni el Buró Político del Comité Central del Partido, ni la Unión de Jóvenes Comunistas, ni la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) han podido reconducir a través de la Mesa Redonda Informativa, un programa televisivo convertido en herramienta política que sobrevivió a aquellos años de combate en el terreno de las ideas, esas que ni ellos mismos ya son capaces de defender ante los suyos y ante el mundo.

FUENTE: REDACCIÓN

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