Ello implica un cambio de hábitos alimentarios que conlleva al aumento del consumo de proteínas, frutas y hortalizas, que favorecen el control de la tensión arterial y el nivel de colesterol; además, garantizan que los vasos sanguíneos permanezcan despejados para garantizar la fluidez de la sangre.

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La doctora Susana Blanco, quien es también secretaria de la Asociación Venezolana de Cardiología, explicó que las grasas saturadas generan la arterioesclerosis, es decir se posesionan de las arterias, las obstruyen y su consecuencia más común es un infarto al miocardio.

“La gente cree que con dejar las grasas es suficiente y no es así. Una dieta desequilibrada en carbohidratos, con exceso de harina y azúcar, es perjudicial en extremo y condiciona al paciente adulto a desarrollar diabetes tipo 2”.

La especialista indica que el cuerpo convierte el hidrato de carbono, como el que contienen las harinas y las azúcares, en glucosa, lo cual es fuente de energía para la perfecta actividad celular que garantiza los latidos del corazón, entre otras funciones.

Pero, el exceso de glucosa en la sangre impide que el organismo pueda asimilarla, por lo que mantener los altos niveles de glucemia genera una resistencia a la insulina, que a través del tiempo produce diabetes.

La doctora Blanco destaca que en otro proceso químico, el organismo transforma los azúcares en triglicéridos o grasas de reserva, lo que aumenta el riesgo de comprometer el corazón y producir obesidad y diabetes.

Resistirse a la tentación

La experta señala que la clave se encuentra en un estilo de vida saludable basado en un mayor consumo de proteínas, frutas y hortalizas. Los vegetales aportan fibra, vitaminas, minerales y agua; además no contienen colesterol y su aporte calórico es muy pobre. Las proteínas son fuente de aminoácidos responsables de la composición de los músculos, las células y los tejidos del cuerpo.

El consejo nutricional insiste en reducir las porciones de aceite, mantequilla, manteca y productos lácteos con lípidos abundantes, como el queso amarillo. También, según los expertos se debe reducir el consumo de pastas, el arroz, los granos, las harinas, las galletas, el pan blanco y los dulces procesados.

Los sustitutos de esos alimentos son las carnes desgrasadas o magras, como aves y pescado azul; quesos blancos; y el pan de centeno, entre otros.

Las opciones que presenta el reino vegetal para una alimentación que favorece al corazón son muchas y variadas, sin embargo hay que consumir con moderación los que contienen almidón, como la papa y el maíz.

Los edulcorantes de baja caloría dan el toque dulce a comidas y bebidas en vez de usar azúcar blanca o morena; las frutas y ciertas hortalizas aportan el elemento endulzante de manera natural.

La galeno afirma que hay que poner freno a la ingesta chucherías, caramelos, gaseosas y a alimentos cocinados en aceite. También a los pacientes con padecimientos del corazón se les recomienda reducir el consumo de carne de cerdo y todos sus derivados, las carnes grasosas o no magras, así como las procesadas como hamburguesas o embutidos porque resultan muy dañinas para el corazón.

“Ya no se tiene esa premisa de que pacientes con enfermedades cardiovasculares deben dejar la sal por completo, sino que deben de comerla con moderación y evitar adobos y aliños preparados porque contienen niveles muy altos de esta sustancia”, añadió Susana Blanco.

Indica que los complementos vitamínicos no suplen una alimentación idónea, en especial en niños y ancianos, por lo tanto hay que cumplir a cabalidad el consejo nutricional de consumir proteínas, frutas y legumbres a diario.

“La cantidad de comida debe ser indicada por un nutricionista, que para hacer el cálculo considera el tipo de enfermedad, el peso, la circunferencia abdominal, la situación socioeconómica de cada persona. Sin embargo, lo recomendación es que no se debe consumir más de 2.000 calorías por día”.

Prevención, un paso crucial

Cumplir con la medicación del especialista junto con una buena alimentación es esencial para una persona enferma. El cambio de hábitos depende del grado del daño del corazón y si la enfermedad cardiovascular no es severa, el consejo nutricional es vital para el pronóstico del paciente.

Esta adaptación también implica una renuncia a los factores de riesgo relacionados con el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y el exceso de alcohol que irrita las células cardíacas y afecta el proceso metabólico del hígado; en paralelo, hay que mantener bajo control las cifras tensionales y los niveles de glicemia en los casos de hipertensión y diabetes, respectivamente.

Susana Blanco expresa que estos consejos también funcionan para las personas sanas pues los previene de una enfermedad cardiovascular. También hizo hincapié en los beneficios que aporta la práctica de ejercicios aeróbicos durante 20 o 30 minutos por día.

Cifras que alarman

Son reveladoras las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud publicadas en mayo de 2017, las cuales indican que en 2015 murieron 17,7 millones de personas por enfermedades cardiovasculares en el planeta, mientras que en 2012 habían sido 17,5 millones de muertes por esa causa. En ambos años, esos fallecimientos representaron 31% de todos los ocurridos a nivel global.

En Estados Unidos el número fue de 801.000 muertes en 2017, lo que representa una de cada tres por este tipo de afecciones, según un informe de la Asociación Americana del Corazón o American Heart Association. Otra revelación es que 2.200 estadounidenses murieron por día, es decir, un deceso cada 40 segundos.

“Alrededor de 92.1 millones de estadounidenses viven con algún tipo de enfermedad cardiovascular o las secuelas de un ataque cerebral. Se calcula que los costos directos e indirectos de enfermedades cardiovasculares y ataques cerebrales suman más $316 mil millones. Esa cantidad incluye gastos de salud y pérdida de productividad”, indica esta asociación.

También la Asociación asegura que cerca de 50% de los adultos afroamericanos presenta una enfermedad cardiovascular y que de ese total, 47,7% son mujeres y el 46%, hombres.

En este país la cardiopatía isquémica genera 45,1% de las muertes; 16,5% se atribuye a un ataque cerebral; 8,5%, insuficiencia cardíaca; 9,1%, presión arterial alta; y 3,2%, enfermedades arteriales y otras afecciones.

Caso Venezuela

La cardióloga apunta que la población venezolana la tiene difícil para cumplir con este balance. “En estos últimos dos o tres años más de la mitad de la población no puede acceder a proteínas, lácteos y frutas porque son costosos y no puede cumplir con el consejo nutricional de los médicos de una nutrición adecuada. El 70% de los pacientes que asisten a las consultas no lleva a cabo la recomendación”.

En Venezuela, los pacientes con enfermedades cardiovasculares se centran en dos patologías principalmente, como son la hipertensión arterial, que conllevan problemas de corazón, además de la cardiopatía isquémica, producida por la arterioesclerosis.

“En años anteriores los hombres tenían una mayor frecuencia, por ejemplo, en enfermedad coronaria, pero más recientemente los registros sobre todo en la mujer después de la menopausia, tienden a equipararse con las estadísticas en ese tipo de dolencias en relación con el hombre”.

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