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MIAMI.- La cultura oriental basa su filosofía en la existencia de 7 chacras energéticos principales. El cuarto chacra, llamado Anahata, se encuentra exactamente en el centro de nuestro cuerpo y corresponde al corazón.

Los filósofos orientales aseveran que la frecuencia de la emoción del amor se equipara exactamente a los movimientos rítmicos del corazón. Es por esa razón, en esa cultura el amor se relaciona directamente con este órgano.

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Desde sus albores, la civilización occidental también ha relacionado el corazón con el amor. Por ejemplo, los egipcios, los semitas y otras culturas milenarias creían que el corazón era el órgano más importante porque de él emanaba el amor. Y era aceptada la creencia de que tal emoción era la más importante de nuestra existencia.

En la actualidad somos capaces de escudriñar aspectos más auténticos o más científicos para definir el binomio “amor corazón”. Y explicar por qué en el siglo XXI la mayoría de los humanos sigue relacionando este sentimiento supremo con el órgano cimero del sistema cardiovascular.

¿Qué es el Amor?

Teólogos, filósofos, poetas, científicos, médicos, gente sofisticada y personas sencillas reconocen al amor como el sentimiento más importante de la especie humana. Todos hemos tratado de definirlo. Se pudiera afirmar que existen tantas definiciones de amor como amantes hay en el mundo.

Se ha dicho del amor que es omnipotente, omnisciente, omnipresente, todopoderoso y eterno. Incluso para los religiosos, Dios es amor.

El amor verdadero es incondicional y eterno. Amar es hacer feliz al ser amado. Incluso, si el ser amado no es feliz con el amante, este último debería ayudar al primero a conseguir alguien que le haga feliz. Este es mi concepto del amor verdadero. Muchos afirman que tal sentimiento es imposible, incluso aseveran que el verdadero amor no existe. Sin embargo, dudo que haya existido una sola persona en la historia de la humanad que no haya pronunciado por lo menos una vez la palabra amor. Me atrevería a sostener que uno de los deseos supremos de los humanos es amar y ser amados.

El amor es la energía positiva más importante de nuestra vida. Es tan primordial que ocupa un lugar cumbre entre nuestras prioridades. La vida es más valiosa que las riquezas, los títulos, el poder. La salud, el amor y la felicidad son los patrimonios más importantes de la vida. Y no es menos cierto que la felicidad no puede existir sin amor. De este modo pudiéramos afirmar que el amor es el alfa y el omega, el principio y el fin de todo.

¿Qué es el corazón?

Por cerca de 10.000 años el corazón ha sido considerado el órgano importante de nuestro organismo. Desde siempre, ha sido ligado a la emoción más importante de nuestra existencia que es el amor. Cuando el científico Inglés William Harvey descubrió la circulación sanguínea en 1628, el corazón comenzó a ser considerado sólo una bomba para impulsar la sangre y consiguientemente fue relegado a segundo lugar. El cerebro desde entonces adquiere la preeminencia actual de ser el órgano más importante de nuestro cuerpo. Pero, ni aun con esta evidencia, nuestra substancia gris es relacionada con el amor.

¿Entonces por qué razón 400 años más tarde, la humanidad sigue considerando al corazón como el depositario del amor?

A pesar de que el cerebro es el órgano más importante de nuestro organismo, el lugar rector donde se originan todas las órdenes trasmitidas a todo el cuerpo en forma de impulsos neuronales, hormonales o enzimáticos, el corazón es el órgano ejecutivo principal. Es el trabajador incansable, dadivoso, justo y equitativo. Es, sin duda, el órgano más eficiente del cuerpo cuyo trabajo se mantiene ininterrumpidamente desde muy temprano en nuestra vida embriológica hasta el último latido de nuestra existencia.

El corazón es dadivoso, justo y equitativo porque constantemente suple cada célula del cuerpo de acuerdo con su necesidad, le entrega oxígeno, sustancias nutritivas y energía. Por otra parte el torrente que genera recoge los desperdicios para eliminarlos por medio del riñón o el hígado. El corazón está pendiente de todas las emociones y toda energía positiva o negativa le afecta inmediatamente.

Por ello cuando la persona enamorada ve al destinatario de su sentimiento sublime, el corazón empieza a palpitar aceleradamente. Cuando es propicio, envía sangre a la cara para que esta se sonroje o se ponga más rozagante y atractiva al ser amado. Y no cesa allí su trabajo en cuestiones de amor, cuando es preciso, surte cantidades suficientes de sangre para que los órganos del amor puedan cumplir su función romántica en forma óptima y oportuna.

El verdadero amor mantiene al órgano cardiaco, vigoroso y saludable y este mantiene al individuo feliz, entusiasta y juvenil.

"Detrás de cada Gran Hombre, existe una Gran Mujer; y detrás de cada Gran Mujer, existe un Gran Amor”.

Por el contrario, cuando existe una decepción amorosa, el corazón sufre y desfallece. Se dice que derrama lágrimas de sangre, de ahí viene el dicho: " le rompieron el corazón". Aunque parezca mentira o exageración, existen muertes debido al mal de amores. La mayoría de los suicidios son debidos a estas dolencias.

Es por estas razones que el corazón y el amor se relacionan íntimamente, porque los dos son justos son dadivosos, generosos y equitativos, y ambos constituyen el principio y el fin de nuestra existencia.

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