Básicamente atraemos lo que somos y lo que pensamos. Hay un dicho famoso —“los semejantes se atraen”— que quiere decir que, si quieres atraer algo, primero tienes que serlo, sentirlo, vivirlo, darlo, y de ese modo, lo tendrás. Ahora bien, podemos tener un deseo, querer con todo nuestro corazón que se cumpla, y cuando no lo conseguimos inmediatamente, nos desanimamos. Entonces comenzamos a pensar que nunca lo cumpliremos, nos sentimos derrotados, y empiezan a rondar en nuestras cabezas esos pensamientos negativos que nos alejan cada vez más de nuestro objetivo. Ese es un ciclo negativo. ¿Ves cómo funciona? De la misma manera, si tenemos pensamientos positivos y dirigimos nuestras acciones hacia la consecución de nuestros sueños y deseos, estaremos creando un ciclo positivo que nos acercará poco a poco a ellos. De eso se trata, en pocas palabras, la ley de la atracción.

Aquí te explico cómo puedes aplicar la ley de la atracción para obtener todo lo que deseas.

Atraerás aquello en lo que más pienses: sea algo bueno o malo. Si te dedicas a pensar en las cosas que NO quieres que te sucedan, en tus miedos o en el fracaso, en tus errores del pasado, entonces eso es lo que traerás a tu presente y tu futuro. En cambio, si te propones pensar más en ese sueño que tienes, en lo que debes hacer para conseguirlo, en las cosas que SÍ quieres que te sucedan, las estarás atrayendo. Ten mucho cuidado con tus pensamientos, porque son ellos los que impulsarán tus acciones y, por lo tanto, el factor más importante en los resultados finales.

Siente y vive aquello que quieres: supongamos que quieres algo muy tangible como un nuevo automóvil. Actúa como si ya lo tuvieras, haz ejercicios de visualización sintiendo cómo sería conducirlo, a qué olería, de qué color sería, imagínalo con todos los detalles y sobre todo, con las emociones positivas (felicidad, dicha, esperanza, satisfacción) que tendrías al conseguirlo. La vida se encargará de poner en camino las oportunidades para obtenerlo. Tendrás que trabajar por él, pero lo obtendrás. Esto es igual para cualquier sueño que tengas, sea una pareja romántica, un negocio propio, una casa más grande, más amistades. Actúa como si ya lo tuvieras y verás que pronto lo tendrás.

Las palabras sí importan: porque con ellas expresas tus pensamientos. Entonces, hay que cambiar las frases derrotistas y negativas como “no puedo…”, “no soy lo suficiente”, “carezco de tal cosa…”, “me hace falta esto y lo otro…” por afirmaciones positivas que afiancen tu seguridad y te pongan en el camino correcto para conseguir lo que quieres, por ejemplo, “tengo tal y tal virtud…”, “soy afortunada porque…”, “agradezco a la vida…”, “soy suficiente”, “me merezco…”, etc.

Por último, para saber lo que quieres, tienes que conocerte muy bien a ti misma, porque así estarás segura de que ese sueño que tienes realmente te hará feliz y que no es solo un capricho pasajero.

@PosadaLifeCoach

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