En cualquier reunión o conversación de pasillo, siempre aparece alguien con una teoría sobre la caída del cabello. Que si usar gorra acelera la calvicie, que si lavarse con frecuencia empeora el problema, que si un suplemento puede detenerlo todo en cuestión de semanas. Estos mitos circulan con tanta fuerza que terminan moldeando la forma en que las personas entienden la alopecia.
La terapeuta ocupacional Gladys Samanda Fonseca insiste en que desarmar estas creencias es parte esencial del tratamiento. Para ella, la información incorrecta alimenta la ansiedad, retrasa la búsqueda de ayuda profesional y hace que muchos pacientes gasten tiempo y dinero en soluciones que no funcionan.
Por eso dedica buena parte de su trabajo a educar a pacientes, familias y comunidades, convencida de que la claridad puede ser tan terapéutica como un medicamento.
Uno de los mitos más comunes es creer que la alopecia se debe siempre a la herencia. Aunque los factores genéticos tienen un papel importante, no son la única causa. Fonseca recuerda que el estrés crónico, los cambios hormonales y las deficiencias nutricionales también influyen. Ignorar estos elementos lleva a pensar que no hay nada por hacer, cuando en realidad existen estrategias para mejorar la situación. En sus palabras, entender el origen de la alopecia ayuda a recuperar el control sobre el proceso.
Otro error frecuente es pensar que la alopecia es un signo inevitable de envejecimiento. Gladys Samanda Fonseca explica que la pérdida de cabello puede aparecer a cualquier edad y que existen distintos tipos de alopecia con causas muy variadas. Verla solo como un problema ligado a la edad refuerza la idea de que no hay salida, cuando en realidad los tratamientos y las terapias de acompañamiento ofrecen opciones para distintas etapas de la vida.
También se suele minimizar el impacto emocional. “No pasa nada, es solo cabello”, es una frase que Fonseca ha escuchado demasiadas veces.
La realidad es que, para quien lo vive, la alopecia no es un detalle menor. Cambia la manera de verse, de presentarse ante los demás y de participar en la vida social o laboral. Por eso la terapeuta insiste en que la conversación debe incluir la parte emocional y social, no solo lo que ocurre en el cuero cabelludo.
En su trabajo, Gladys Samanda Fonseca suele abordar estos mitos en talleres y sesiones grupales. Sabe que hablar del tema en voz alta permite desmontar prejuicios. Escuchar que otros pasan por lo mismo y que hay herramientas disponibles reduce el aislamiento. A menudo, el simple hecho de aclarar que la alopecia no es contagiosa o que no es producto de falta de higiene libera una enorme carga de culpa en los pacientes.
El futuro, señala Fonseca, pasa por seguir integrando la educación como un pilar del tratamiento. La biotecnología, la inteligencia artificial y las nuevas técnicas de regeneración capilar ofrecerán alternativas cada vez más sofisticadas. Pero si la sociedad sigue atrapada en mitos y prejuicios, los avances no alcanzarán todo su potencial. Por eso insiste en que la batalla contra la desinformación es tan importante como cualquier innovación médica.
Al cerrar la conversación, Gladys Samanda Fonseca resume la idea central: lo que más daña no son solo los folículos que dejan de producir, sino los falsos conceptos que condicionan la vida de los pacientes. Desmontar esos mitos no significa perder esperanza, significa recuperar perspectiva. Y con la información correcta, cada persona puede decidir con más calma cómo enfrentar la alopecia, sin miedo, sin culpa y sin caer en falsas promesas.