La espondilitis anquilosante es una forma de artritis que afecta especialmente las articulaciones y ligamentos que se encuentran a lo largo de la columna vertebral. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica, que según las estadísticas afecta a una de cada 1.000 personas, y que se caracteriza por la presencia de dolor y el endurecimiento progresivo de las articulaciones.
La también llamada Morbus Bechterew o mal de Bechterew-Strümpell-Marie, puede provocar con el tiempo cierta fusión de las articulaciones y las vértebras hasta hacer que la columna se vuelva rígida e inflexible. Y en algunos casos, afecta además a los hombros, costillas, caderas, rodillas y pies, llegando incluso a complicar la zona en que los tendones y ligamentos se unen a los huesos.
Su nombre viene de las palabras griegas ankylos que significa rigidez de una articulación, y spondylo que significa vértebra. Esta condición, que afecta de forma más agresiva a los hombres que a las mujeres, implica especialmente la inflamación de las articulaciones sacroilíacas, es decir el área en que la columna se une con la pelvis.
Genético e intermitente
Hasta ahora se desconoce el origen de este trastorno, aunque se presume que tanto los genes como el medio ambiente juegan un papel determinante en su aparición, siendo el gen principal relacionado con el riesgo de espondilitis anquilosante el HLA-B27. Casi medio millón de personas en Estados Unidos han sido diagnosticadas con esta enfermedad, que presenta una mayor incidencia entre los anglosajones y latinos.
El mal de Bechterew-Strümpell-Marie comienza generalmente con una lumbalgia, es decir, un dolor de espalda que aparece y desaparece, y que suele ser más intenso durante la noche, en la mañana o en los momentos de inactividad física.
Este dolor de espalda puede comenzar en el medio de la columna, entre la pelvis y las articulaciones sacroilíacas, y con el tiempo, comprometer toda columna, haciendo que esta se vuelva menos flexible.
Por otra parte, el dolor y la rigidez provocados por la inflamación pueden extenderse hacia las articulaciones intercostales y el esternón, impidiendo la expansión completamente del tórax, lo que puede provocar serios problemas respiratorios.
También son síntomas comunes el enrojecimiento ocular, el dolor en el cuello y los talones, la tendencia a encorvarse para aliviar los síntomas, la fiebre leve, la pérdida del apetito y por ende de peso, así como la fatiga crónica.
Un camino tortuoso
El diagnostico de este trastorno no siempre resulta sencillo. De hecho, el proceso puede tardar varios años, pues las enfermedades vinculadas a la artritis tienen una sintomatología bastante similar. Sin embargo, el especialista considerará estos tres elementos: la presencia de dolor en la parte baja de la espalda, la pérdida drástica de flexibilidad en la espalda baja y la columna vertebral, y la expansión limitada del pecho cuando se respira profundamente.
Para confirmar estos síntomas el paciente será sometido a una serie de pruebas que incluyen radiografías de la parte inferior de la espalda y la cadera para buscar cambios característicos, una resonancia magnética o tomografía computarizada para confirmar el estado de las articulaciones, y una prueba de sangre para verificar la presencia del marcador genético HLA-B27.
Lamentablemente no existe una cura para la espondilitis anquilosante y el curso de la enfermedad suele ser difícil de predecir, pues dependen de los síntomas presentes en cada paciente, es por eso que el tratamiento de la enfermedad se concentra en aliviar los síntomas y evitar que el daño empeore.
Básicamente se emplea una combinación de medicamentos que incluye: antinflamatorios no esteroides para aliviar el dolor, entre los que destacan la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno. También se emplean fármacos corticoesteroides, similares a la cortisona que el cuerpo produce de manera natural, para combatir la inflamación.
En algunos casos se recomienda el uso de antirreumáticos modificadores, que actúan de diferentes maneras para reducir la inflamación en la espondilitis anquilosante; así como agentes biológicos, un tipo de medicamento relativamente nuevo, capaces de bloquear las proteínas implicadas en la inflamación del cuerpo.
Una dieta saludable y el ejercicio regular son herramientas útiles en la lucha contra la espondilitis anquilosante. Es importante mantener un peso saludable y equilibrado para minimizar la carga sobre las articulaciones, así como fortalecer la columna vertebral, con un trabajo físico constante que servirá además para conservar o mejorar la postura.
La principal recomendación que se le hace al paciente que padece dicha afección es que debe aceptar sus limitaciones para evitar una mala evolución de la enfermedad y mejorar su calidad de vida. Existen unas pautas o normas que debe seguir:
Recomendaciones
- Evite lo más posible encorvarse o permanecer en posiciones flexionadas, apretadas o estrechas.
- Cambie frecuentemente de posición y muévase al menos una vez cada hora.
- En la oficina, ajuste la ubicación del monitor al nivel de los ojos, para mantener una buena postura.
- También puede recurrir a una almohada o cojín para apoyar la apoyar la espalda si necesita estar sentado durante mucho tiempo.
- No levante objetos pesados.
- Las fajas o corsés que inmovilizan la columna son contraproducentes en los pacientes con espondilitis anquilosante.
- Organice pequeños periodos de descanso a lo largo del día.