@ElkisBejarano

Desde hace diez años, Franco Paturzo está disfrutando del tiempo extra que Dios le otorgó luego de haber sufrido un ataque cardíaco que lo dejó solo con el 17% del corazón en funcionamiento. Como él mismo lo asegura: “ha sido una bendición”, y no lo dice como una frase hecha, sino porque a raíz de su padecimiento comenzó a saborear cada día con esta nueva manera de latir.

Te puede interesar

“Un día salí a trabajar y me dio el ataque. Sufrí un shock cardiogénico. Todo se trancó: válvula, arteria y corazón. Recibí unos planchazos, (reanimación cardiopulmonar o RCP) tuvieron que resucitarme y esperar tres días para que me estabilizara y luego poderme operar. Estuve esos tres días en coma. Estaba dormido. Solo me despertaron para que me despidiera de mis familiares, ya que el pronóstico era muy reservado. Los médicos decían que con 39 años y un impacto como ese, había pocas probabilidades de sobrevivir. Los doctores les dijeron a mis familiares que entraran a despedirse, yo no me acuerdo de nada. La operación duró de 12 horas, y luego pasaron dos días para quitar los tubos. Entonces pasé tres meses en cuidados intensivos recuperándome. Cuando salí del hospital, mi vida era otra”.

Explica que la operación que le hicieron en el Palmetto General Hospital es un procedimiento complicado, ya que se extrae el corazón recién infartado, se coloca en una máquina alterna, y se proceden a ubicar los bypass, que en su caso fueron cuatro. Luego se vuelve a colocar el corazón y se reconecta con cada una de las arterias intervenidas y cierran el pecho.

Franco habla de su nueva manera de vivir con mucha naturalidad. Comenta los difíciles episodios con la sonrisa de quien ya los superó. En sus palabras no hay lamentos, solo entusiasmo y deseo de vivir a plenitud con su esposa e hijos. Pero su cuerpo cambió por completo, y tuvo que resignarse, aceptarlo y seguir.

“Mi vida antes era una locura, y ahora low battery. Se está cayendo el cielo y yo me quedo mirando. ¿Qué voy hacer yo? Eso es mucho para mí. Antes no, antes corría e intentaba recoger los pedazos, así no pudiera. Todo cambia. Todo es diferente, pero no solo cambia uno sino la familia”.

Recuerda que al salir del hospital se sorprendió de las “hermosas palmeras que rodean su casa. O de la grama perfectamente cortada o el azul del cielo. Me sentía en el paraíso. Veía algo que antes no podía. Antes salía a trabajar, volvía y jamás me detuve. Tenía poco tiempo de haber llegado de Venezuela y tenía que trabajar todo el tiempo”.

Franco comenta que durante un año estuvo en una fase de adaptación, que según su relato ha sido la más difícil que le ha tocado vivir, porque se enfrentó a su nueva realidad, con sus capacidades corporales notablemente limitadas, que lo obligaron a cambiar radicalmente sus hábitos. “Tienes que aprender a hacer todo de nuevo. Es muy duro, porque mi esposa me tenía que hacer todo, hasta bañarme. Me llené de rabia e impotencia. Fue lo más difícil”.

-La gente cree que un ataque al corazón es como una gripe. Ay le dio un ataque y se salvó. No, no es así. Tu corazón queda muerto. Y te queda tu pedazo que queda sano. Qué pasa entonces todos los órganos vitales que quieren alimentarse de sangre y el corazón es la bomba. Pues no alcanza. Entonces te cansas. No tienes el mismo ritmo de antes. No puedes cargar cosas porque tus brazos no te dan.

Además de la debilidad física, Paturzo se convirtió en un paciente diabético, que se inyecta insulina y debe cuidar los niveles de azúcar en su sangre. “Tuve que cambiar toda mi alimentación, para ellos me trató un equipo de especialistas que me hicieron una dieta que tuve que aprender a seguir”.

Su vida tras diez años de latir de nuevo

Franco Paturzo tiene ahora una agencia de festejos, con la que recorre el sur de Miami haciendo eventos. “Si los otros hacen las cosas en 2 horas, yo me demoro 6. Entonces me voy temprano. Si no puedo cargar algo, pido ayuda. No me doy mala vida. Me tomo más tiempo que los demás para hacer las cosas, y cuando no puedo hacerlo, simplemente no me preocupo”.

Comenta que toma unas 28 pastillas, para cada una de las cosas que debe controlar. Agradece vivir en los Estados Unidos, porque cree que en Venezuela ya no estaría contando su historia. “Mi estado de ánimo mejoró cuando hice un retiro espiritual en la iglesia que me cambió por completo, e hizo que me uniera más a mi esposa y a mis hijos. Porque con esta situación o te divorcias o te amas para siempre. Y nosotros optamos por lo segundo. No es fácil, porque se afecta todo, hasta tu intimidad. Pero como esposos hemos logrado superar cierto inconvenientes de manera tal que cada uno se sienta bien”.

Para él, a pesar de todas las dificultades, su padecimiento ha sido una bendición. “Ahora disfruto de cada momento. Aquí la gente no se detiene a ver lo que le rodea. Yo disfruto cada momento. Agradezco estar con mis hijos, con mi esposa. Cuando salimos, como no puedo tomar, soy como el conductor designado, e igual la paso bien. Ahora no tengo filtro. Digo lo que siento, y pienso. Me molesta cuando la gente se queja por tonterías, porque muchos no saben apreciar la vida y de valorar lo que tienen”.

Aparecen en esta nota:

DLA Clasificados

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Está de acuerdo con la decisión de Trump de imponer aranceles al aluminio y al acero provenientes de Brasil y Argentina?

No
No sé
ver resultados

Las Más Leídas