Las vacunas contra el COVID-19 llegaron como tabla salvadora a la pandemia, pero no han estado exentas ni de teorías conspirativas ni de efectos secundarios.

Lo primero fue la suspensión temporal del fármaco de Johnson & Johnson, en abril de este año, por sospechas de que incrementaba el riesgo a desarrollar una reacción adversa poco frecuente denominada síndrome de trombosis-trombocitopenia.

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Meses después, los CDC y otras instituciones están monitoreando activamente los informes de casos de miocarditis y pericarditis después de la vacunación contra el nuevo coronavirus.

Estas acciones incluyen la revisión de datos y registros médicos, como también la evaluación de posibles relaciones directas con la vacunación.

La miocarditis es una inflamación del músculo cardiaco y la pericarditis es una inflamación de la capa exterior que recubre el corazón.

Los CDC destacan que, en ambos casos, el sistema inmunitario del organismo causa la inflamación en respuesta a una infección o algún otro desencadenante.

Las incidencias reportadas al Sistema de Notificación de Reacciones Adversas a las Vacunas (VAERS) ocurrieron:

  • Después de la administración de vacunas de ARNm contra el COVID-19 (Pfizer-BioNTech o Moderna), especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes de sexo masculino.
  • Con mayor frecuencia luego de la segunda dosis.
  • Generalmente, en los días posteriores a la vacunación.
  • La mayoría de los pacientes con miocarditis o pericarditis que recibieron atención respondieron bien al tratamiento con medicamentos y al reposo y mejoraron rápidamente.

Aunque existe un nivel de alarma, especialistas sostienen que los pacientes pueden reanudar sus actividades de la vida diaria una vez que mejoren su estado.

No obstante, las personas que son diagnosticadas con miocarditis deberían consultar con su cardiólogo antes de retomar las actividades deportivas y el ejercicio físico.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran: dolor en el pecho, dificultad para respirar, sensación de que se le acelera el corazón o le late con más fuerza.

En estos casos específicos, las autoridades sanitarias no tienen claro si precisamente la inflamación del corazón es causada por las inyecciones.

En Europa, la jefatura de Salud de Suecia suspendió el uso de la vacuna de Moderna contra COVID-19 para los menores de 30 años como medida por precaución.

Las razones de la pausa son “los indicios de un mayor riesgo de efectos secundarios, como una inflamación del músculo cardíaco o del pericardio”, aunque reconoció en un comunicado que “el riesgo de verse afectado es muy pequeño”.

El principal epidemiólogo de Suecia, Anders Tegnell, dijo que las autoridades “siguen la situación de cerca y actuarán rápidamente para garantizar que las vacunas contra el COVID-19 sean siempre lo más seguras posible y al mismo tiempo brinden una protección eficaz” contra la enfermedad.

Entretanto, un estudio sostiene que el COVID-19, en sí, conlleva un riesgo mucho mayor de provocar inflamación del corazón que la vacuna contra la enfermedad desarrollada por Pfizer.

Investigadores de Tel Aviv estiman que se registraron tres casos por cada 100.000 personas que fueron inoculadas con la vacuna de Pfizer. Pero el riesgo era de 11 por cada 100.000 en personas que contrajeron el virus. El estudio fue publicado en la revista New England Journal of Medicine.

Es el primer estudio que evalúa los posibles riesgos de la vacunación “en el contexto de la comprensión de los posibles beneficios de esta”, señaló la doctora Grace Lee, experta en enfermedades infecciosas de la Universidad de Stanford.

Dado que se estudiaron dos grupos diferentes, los investigadores se vieron limitados a la hora de hacer comparaciones. El estudio se centró únicamente en la vacuna de Pfizer, y no proporcionó un desglose de los resultados por edad o sexo.

A pesar de las incidencias, los CDC siguen recomendando que todas las personas de 12 años o más se vacunen contra el COVID-19.

Sin embargo, esa agencia sugiere buscar atención médica si se presentan algunos de estos síntomas, especialmente si aparecen en el lapso de la semana en que se vacunaron.

En la medida de lo posible, si existen evidencias de algún problema de salud después de vacunarse, notificarlo en el VAERS es la recomendación de las autoridades sanitarias.

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