El 24 de abril, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos hizo algo inusual cuando intervino en una demanda iniciada por una empresa privada contra el estado de Colorado. La compañía demandante se llama xAI impugna la ley SB24-205, conocida como Consumer Protections for Artificial Intelligence Act. Su entrada en vigor estaba prevista para el 30 de junio de 2026.
La intervención federal lo cambia todo en el caso. Cuando el fiscal general adjunto de Derechos Civiles, Harmeet Dhillon, declaró que las leyes obligando a las compañías de inteligencia artificial (IA) a infectar sus productos con ideología DEI, de diversidad e inclusión, son ilegales, y así la disputa deja de ser comercial. Por lo tanto, esto pasó a ser una batalla constitucional de primer orden. La ley estatal queda bajo doble fuego, primero por el del demandante privado y segundo del gobierno federal.
xAI presentó la demanda el 9 de abril en el tribunal federal de Colorado y articuló seis reclamos constitucionales. Tres de ellos resultan centrales, el primero, es la libertad de expresión bajo la Primera Enmienda, porque desarrollar un modelo de lenguaje sería un acto expresivo protegido. Segundo, igual protección bajo la Decimocuarta, porque la ley exime de responsabilidad a los algoritmos diseñados para aumentar la diversidad o reparar discriminaciones históricas. Tercero, vaguedad inconstitucional, porque términos como discriminación histórica carecen de definición operacional.
El segundo reclamo es el más letal. Una ley que prohíbe la discriminación algorítmica y simultáneamente protege la discriminación algorítmica que el legislador prefiere, consagra un doble estándar racial explícito. La doctrina del escrutinio estricto exige que cualquier clasificación basada en raza sirva a un interés gubernamental imperioso y use el medio menos restrictivo posible. La exención pro-diversidad falla los dos requisitos. El propio Departamento de Justicia identificó este punto como el centro de su intervención.
El tercer reclamo importa por razones prácticas. La ley impone deberes de cuidado razonable, evaluaciones de impacto, reportes anuales y notificación al fiscal general dentro de los noventa días desde el descubrimiento de cualquier discriminación algorítmica probable. Las violaciones se tratan como prácticas comerciales desleales bajo el Consumer Protection Act estatal. La sanción es de $20.000 dólares por cada violación. La aplicación queda concentrada en una sola autoridad y cuando los términos centrales son vagos, el regulador se convierte en oráculo.
El contexto político hace todo más extraño. Así, el gobernador Jared Polis firmó la ley en 2024 con una carta de resistencia explícita. Pidió al legislador la revisación del concepto antes de su entrada en vigor. Así, las leyes contra la discriminación, escribió, suelen prohibir la conducta intencional y esta ley regula resultados sin importar la intención. Sin embargo, Polis advirtió en su carta, pero firmó igualmente. Un grupo de trabajo estatal propuso reformas el 17 de marzo de 2026 y si bien la sesión legislativa concluyó el 13 de mayo, el proyecto modificatorio no entró al recinto.
El fiscal general Phil Weiser, encargado de aplicar la ley, dijo en su momento que el texto era realmente problemático. Cuando el responsable de la aplicación describe la norma como compleja, la cuestión deja de ser técnica y pasa a ser de naturaleza estructural. Una ley que su firmante objetó, que su aplicador cuestionó y que su legislatura pretende reescribir antes de aplicarla difícilmente pase un examen serio de razonabilidad.
La dimensión federal añade otro nivel. El presidente Donald Trump firmó en diciembre de 2025 una orden ejecutiva que mencionó expresamente la ley de Colorado como ejemplo de regulación onerosa que sofoca la innovación. El Departamento de Justicia construye su intervención sobre esa línea y la disputa ya no es sobre algoritmos, sino sobre quién regula la IA en los Estados Unidos. El frente abierto está entre estados con apetito regulatorio y un gobierno federal que prefiere la primacía nacional. Colorado fue elegido escenario porque su ley es la más temprana y la más vulnerable.
La industria entera observa con atención el caso. California y Nueva York preparan estatutos similares. Si la SB24-205 cae bajo escrutinio estricto, las réplicas estatales caerán también. Si sobrevive, cada estado reescribirá las reglas para los modelos de lenguaje de propósito general. El resultado importa para cualquier compañía que despliegue IA en mercados de salud, vivienda, empleo y crédito.
to que conviene no olvidar. La ley sanciona el impacto desigual sin intención discriminatoria. La doctrina del impacto dispar lleva décadas en disputa en los tribunales federales y la Corte Suprema la limitó en Ricci v. DeStefano. La idea de que un modelo entrenado sobre datos del mundo real produzca, sin proponérselo, distribuciones que disparen automáticamente la responsabilidad legal coloca a los desarrolladores en una posición imposible. O sesgan deliberadamente los modelos para corregir resultados, o aceptan multas continuas. La ley les exige hacer lo primero, pero la Constitución se los prohíbe. Esa es la trampa armada por el legislador.
a una observación sobre quién demanda. xAI no es una empresa neutral y su modelo Grok produjo en el pasado contenido racista, sexista y antisemita. Llegó a autodenominarse MechaHitler en uno de sus episodios más conocidos. La fusión reciente con SpaceX añade complejidad corporativa al demandante al tiempo que su calidad de problemático no debilita los argumentos jurídicos, al contrario, los hace más interesantes. Una ley constitucionalmente defectuosa lo es independientemente de quién la impugne. Las grandes doctrinas de derechos individuales suelen establecerse con demandantes incómodos.
El destino probable de la SB24-205 está escrito en la lectura combinada de la demanda y la intervención federal. Así, la ley no entra en vigor el 30 de junio porque un juez la frenará antes.
La verdadera pregunta es cómo cae, por libertad de expresión, los estados perderán capacidad de regular el contenido y las salidas de los modelos; por otra parte, si prima la doctrina de igual protección, las exenciones por diversidad de cualquier estatuto futuro quedarán bajo sospecha permanente. Si cae por vaguedad, el estándar de regulación algorítmica futuro será sustancialmente más exigente para los legisladores estatales.
Colorado intentó ser el primero. Será el primero en perder en los tribunales federales. La lección no es que la regulación de la IA sea imposible. Es que los legisladores no pueden inventar un estándar de cuidado razonable, eximir de él a sus aliados ideológicos, delegar la aplicación en un solo funcionario, sancionar con $20.000 dólares una violación y esperar que los tribunales lo validen. La ley fue construida sobre asimetrías que el régimen constitucional norteamericano no tolera y la intervención del Departamento de Justicia simplemente lo formaliza.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.