martes 30  de  junio 2026
EN LA BARCA DE EL VIKINGO

Cubanizar o no a los Marlins

Los aficionados dicen que los Marlins necesitan jugadores cubanos, pero no estoy muy seguro de ello

Diario las Américas | EDUARDO EL VIKINGO MARTELL
Por EDUARDO EL VIKINGO MARTELL

Una de las razones que exponen muchos fanáticos de los Marlins es que no tienen grandes estrellas cubanas que atraigan a la mayoría de esta nacionalidad en Miami para que este estadio, tan hermoso como caro, no luzca tan vacío gran parte del año.

A mí, esa razón siempre me ha parecido algo incierta y más que todo una excusa. Sin embargo, el punto sigue vivo, latente y es tema de conversación que no desaparece y que, al contrario, se agudiza con los malos resultados del equipo.

De todas formas, si analizamos los dos grandes momentos de la franquicia, las Series Mundiales ganadas en 1997 y 2003, vemos que hay ciertos elementos que pueden dar o no la razón a tan repetido argumento.

En 1997, el cubanoamericano Alex Fernández fue pieza clave para que el equipo llegara a la postemporada y sólo una lesión lo alejó en la serie ante los Indios de Cleveland. Su impacto fue certero y llegó a gran parte de la población cubana e hispana de Miami-Dade que se volcó en apoyo a los Marlins en medio de una fiebre beisbolera que tomó por asalto el sur de Florida.

Sin embargo, el punto culminante fue el debut del desertor cubano Liván Hernández, el hombre que movió a las masas, el que removió el avispero y que se llevó el premio de Jugador Más Valioso en la Serie Mundial. Su famoso “I Love You Miami”, fue la frase de moda del momento, no sólo en Miami, sino en todo el mundo de las Grandes Ligas.

Ahí sí fue el factor cubano el principal para movilizar a la masa hispana y que convirtió a los Marlins en el equipo a seguir ese 1997 en esta ciudad. Liván fue el hombre proa de los en ese entonces Florida Marlins y no había un solo ciudadano en el sur de Florida que no repitiera con sabor la frase de moda del lanzador caribeño.

Después, en la temporada del 2003 que culminó en el triunfo sobre los Yankees de Nueva York en seis juegos, el hombre que revitalizó la franquicia fue un joven llamado Dontrelle Willis lanzador exótico zurdo que emocionaba a todos con sus triunfos y la manera de lanzar, levantando su pierna derecha casi hasta el cielo.

En ese equipo había varios hispanos, aunque no un cubano como Liván en el 97. Sobresalían el puertorriqueño Iván Rodríguez, el venezolano Alex González y el cubano-boricua Mike Lowell, sin que nadie sintiera la ausencia del sabor cubano en específico. La fiebre que se vivió fue igual o, incluso, superior a aquel año 1997 y nadie echó de menos –al menos que yo recuerde- esa presencia cubana que hoy muchos evocan y dicen echar de menos.

Yoenis Céspedes, Kendrys Morales o Yasiel Puig y hasta el novato recién ascendido con los Bravos Héctor Olivera son algunos de los nombres que salen a diario en las ondas radiales de los programas deportivos de Miami cuando se toca el tema de la poca asistencia a ese hermoso parque de los Marlins, donde se ven a montones esos asientos azules vacíos.

Pero, ¿es esa la razón por la que el estadio no se llena? La estrella del equipo es el lanzador cubano José Fernández, quien por lo general trae grandes asistencias cuando sube al montículo del estadio donde no ha perdido nunca. También está el torpedero regular, Adeiny Hechavarría, uno de los mejores guantes de su posición en todas las Grandes Ligas. Lo que nos hace pensar que el tema no es de nacionalidades.

En realidad, yo creo que si el equipo gana, los fans llenan el estadio y si no, pues se ausentan. Así que me suena más como excusa que como razón lógica y pienso que si los Marlins logran, finalmente, poner un producto ganador en el terreno, la gente volverá al parque.

Olvidemos las nacionalidades que aquí en Estados Unidos, triunfamos todos.

Así de sencillo.

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