Además del azote político, económico y social de estos largos años de tragedia nacional, se suma de manera implacable y cruenta la tragedia natural. El deslave que asoló al entonces estado Vargas, ocurrió en vísperas de empezar el siglo XXI. Nada menos que el día de un referendo amañado para destruir las bases de la República Civil y democrática y configurar las bases de la hegemonía despótica y depredadora.
Los terremotos del presente suceden en un pais ya vandalizado y sin capacidad institucional de hacerle frente porque no hay instituciones. Las derribó el poder establecido.
Es admirable la solidaridad del pueblo venezolano. Está unido en un esfuerzo colosal para que todos nos ayudemos. La esencia de la solidaridad. Gracias a los medios internacionales, y a las redes sociales, podemos conocer la magnitud de lo ocurrido y ocurre. El poder hace propaganda y elude la verdad. Como siempre en esta etapa dolorosa de la vida venezolana.
No es tiempo de politizar los hechos. Es tiempo de solidaridad sin importar las
divisiones políticas. Pero tampoco se puede ignorar la realidad de un país devastado antes de los terremotos.
Me permito compartir una oración que escribí para mi familia:
Dios misecordioso. Padre de las Luces. Ten piedad de Venezuela y su gente. Ten piedad. Y pido a mi adorada Tía Carmen María, que se fue al Cielo con su familia en 1967, que interceda por todos nosotros. Padre de las Luces ten piedad.
.Y concluyo que el Padre de las Luces nos ilumine para el desafío titánico de salvar vidas y para la reconstrucción de nuestra Patria.