MIAMI.- Hace 30 años que falleció el escritor cubano Enrique Labrador Ruiz (1902-1991). Sin duda un autor que no lo recuerdan algunos y otros no lo han leído, sobre todo los jóvenes, pues las ediciones de sus libros están agotadas. Esa es una suerte de ley de vida, por eso es importante volver una y otra vez sobre figuras de la literatura que han fallecido.

Labrador, como lo llamaban comúnmente, nació en Sagua la Grande el 11 de mayo de 1902 y falleció en Miami, un 11 de noviembre de 1991 (apenas unos meses después de otra importante escritora, Lydia Cabrera, fallecida el 19 de septiembre del mismo año).

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Labrador vivía en un pequeño apartamento que compartía con su esposa Cheché en la Pequeña Habana. Era un gran conversador y un asombroso bebedor. Uno de esos hombres que habían vivido intensamente, compartía una gran pasión por La Habana y Cuba, y poseía el don de la conversación, como el pintor José Mijares, otro brillante exiliado brillante.

Enrique Labrador Ruiz es considerado una de las figuras fundamentales de la narrativa cubana del siglo XX. Poseedor de una manera expresiva que buscó abrir nuevos espacios a través de sus “novelas gaseiformes” y “novelines neblinosos”, formas en la que convergían distintas vertientes literarias, como el surrealismo, algo de lo que después se conocería como el realismo mágico y la corriente de su época, una literatura muy cubana, nacionalista y enfocada al campo.

Fue ganador del prestigioso Premio Hernández Catá, 1946, por su relato Conejito Ulán, todo un clásico dentro de la narrativa cubana en su momento. Cuento que junto Taita diga usted cómo de Onelio Jorge Cardoso y Después de la gaviota de José Lorenzo Fuentes, marcaron profundamente la narrativa cubana.

A partir de ese reconocimiento, desarrolló una sólida carrera como escritor, publicando El laberinto de sí mismo”, Carne de quimera, Trailer de sueños, La sangre hambrienta, El gallo en el espejo y El pan de los muertos, entre otros. En el exilio reeditó Carne de quimera y apareció Cartas a la carte.

Vivió unos años en Venezuela antes de instalarse en Miami, donde era asiduo de las tertulias que conducía la escritora y periodista Nancy Pérez Crespo, en su librería SIBI.

Tengo en mi memoria como el gran acontecimiento que fue, el encuentro que se organizó en 1980 para homenajear a tres grandes de la cultura cubana, Enrique Labrador Ruiz, Lydia Cabrera y Carlos Montenegro. Luego los vi varias veces, a Lydia la visité en su casa, a Montenegro lo vi poco, pues falleció en 1981, pero a Labrador lo escuché muchas veces conversar, dejando extasiados a los contertulios. Entre trago y trago, corría un torrente de sabiduría. Labrador nos dejó un 11 de noviembre de 1991. Tratándose de un escritor, debería retomarse su obra.

 

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