MIAMI.- El estreno en el Sandrell Rivers Theater de La caja vacía de zapatos, una elaboración de Erom Jimmy Cuesta a partir del texto original de Una caja de zapatos vacía, de Virgilio Piñera(1912-1979), me ha dejado como espectador en un estado de placidez y de insatisfacción, combinación emocional que no se conecta, quizás porque esta propuesta de Miami Factory Theater, solo conserva el espíritu de la pieza de Virgilio, algún que otro parlamento y la caja vacía. Lo demás es una dramaturgia muy personal y creativa de Erom Jimmy Cuesta, que también la dirige.

Intentar establecer un paralelismo entre el texto y la puesta no va a conducir a nada. Solo me limitaré a destacar que tengo muchas dudas acerca del “derecho” de un director de reescribir una obra que ya existe. No se trata de interpretarla, como muchas veces ocurre, sino de aprovechar la originalidad de otro. Eso es muy discutible. De modo que asumiré La caja vacía de zapatos como un homenaje a Virgilio Piñera.

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Erom Jimmy Cuesta crea una obra rítmica, desconcertante, por momentos brutal, lo que le imprime una continuidad escénica que ejerce control sobre el público. Los personajes, dos hombres, Christian Ocón, que en esta puesta está en la cúspide de su maestría como actor e Isaniel Rojas, también con muy buen desempeño, aunque en este trabajo tiene menos participación activa. El personaje femenino, recae en Dairín Valdés que se mueve con soltura en un escenario donde la interacción física y en ocasiones violenta requiere de un proceder intenso que demuestra tener y manejar con destreza.

La estructura y el juego escénico que presenta La caja vacía de zapatos recoge la atmósfera asfixiante de Virgilio Piñera, en la que el único propósito es imponerse cueste lo que cueste. El miedo, el acoso, la intimidación, la manipulación, la tortura y la desesperación, entre otros elementos, se manifiestan en todo momento, en medio de un juego delirante y emocional en que todo es válido con tal de llegar a la meta, que es no es otra que mantenerse vivo.

Algunas frases (de, y en el espíritu de Virgilio): “¿Alguna vez has tenido que darle de patadas a algo indefenso?”; “se le puede hacer trampas al alma”; “si no dominas, serás dominado”. En esa dirección corre la obra, que no cuenta una historia, sino que gira todo el tiempo en un concepto, el de sobrevivir.

Para esta propuesta el peso lo lleva también el vestuario de M.F.T. y el maquillaje (no hay en el programa crédito a la caracterización de los actores), que se convierten también en protagonistas activos. La barba enrojecida de Ocón, el traje militar a lo nazi de Rojas, y la vestimenta con aires de dominatriz de Valdés, crean un cuadro totalizador que se funde con todo el trabajo sicológico que encierra la obra, que además, se maneja en el teatro dentro del teatro.

Hay quienes lo dan todo en escena y estos excelentes actores lo han hecho en La caja vacía de zapatos.

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