Luis Leonel León

@luisleonelleon

Ángel Santiesteban-Prats, escritor cubano que cumplió prisión por oponerse al régimen de la Habana, obtuvo el Premio de Narrativa Reinaldo Arenas 2016,  por su libro El regreso de Mambrú.

El certamen, que convoca el Club de Escritores Independientes de Cuba y la editorial Neo Club en Miami, busca promover a autores cubanos residentes en la isla.

El libro premiado es un compendio de relatos cuyo tema central es el retorno de los soldados cubanos que participaron en las guerras de África.

Santiesteban (La Habana, 1966) es uno de los escritores más prolíficos y premiados de su generación. Sur: latitud 13 (Cuba, 2005), Dichosos los que lloran (Premio Casa de las Américas, Cuba, 2006), Suerte que tienen algunos y otros cuentos (España, 2012), El verano en que Dios dormía (premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, República Checa, 2013) son algunas de sus obras. Por su trayectoria acaba de ser nombrado miembro del PEN de escritores en Suecia.

En su blog Los hijos que nadie quiso (título de uno de sus más elogiados libros de relatos, premio nacional de cuento Alejo Carpentier 2001) denuncia la realidad de su país. La respuesta de la Policía Política y la Seguridad del Estado cubanos ha sido golpearle, amenazarle y fabricarle un caso de delito común por el que fue condenado a prisión. Actualmente se encuentra bajo libertad condicional que debe cumplir hasta febrero de 2018.

En 1995 ganó el concurso de cuento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) con Sueño de un día de verano, una desgarradora mirada a la guerra de Angola, que no gustó al oficialismo, por lo que el libro fue vetado hasta 1998. Con El regreso de Mambrú, Santiesteban  revisita el tema.

“El libro narra la participación de los cubanos en aquella guerra ajena y los traumas que permanecen en los que sobrevivieron, para no citar a los impedidos físicos que pasaron al olvido y hoy pululan por la ciudad. Nadie le va a resarcir sus pesadillas”, aseguró Santiesteban  en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.

 

¿En qué momento escribió los cuentos de El regreso de Mambrú?

Fueron escritos antes de ingresar a prisión. De los tantos libros personales que dormían la censura en Cuba, puesto que su temática le es incomoda al régimen.

¿Qué le hizo dedicarle un libro a los efectos de las guerra africanas?

Con el tiempo he descubierto que uno escribe los libros que le gustaría leer. Yo leía tantos libros sobre la guerra en Angola y Etiopía, y todos eran iguales, como las películas que se han filmado sobre esa contienda bélica, donde los cubanos aparecemos como héroes y buenos a cabalidad. Y el ser humano no es así, aunque tenga sus momentos de coraje. A veces sentimos miedos, pesares, contradicciones. Y eso es lo que reflejan mis libros. Esa ausencia de sentimientos que uno constata en algunos temas que nos conciernen. Muchos lectores coinciden conmigo, y me dicen que siempre se preguntaron cuándo iban a leer algo parecido, pues como uno, sospechaban que debían existir esos sentimientos tan normales en el ser humano.

¿Hay algo de autobiográfico en esta nueva pieza?

Aunque me haya negado participar en las guerras africanas, hay algo autobiográfico. Cuando mi hermano mayor regresó diferente, en cuanto al carácter y la psicología, entendimos que algo sucedió allá y por ello fue a otro al que recibimos, que distaba mucho del que despedimos. No olvido los sufrimientos de mi madre, el temor a que el cartero le entregara el fatídico telegrama, informándole la muerte de su hijo. Esos dos años en que lo esperamos, nos marcó a todos. Supongo que de esa misma manera haya sucedido en muchas familias. Y por supuesto, muchísimo peor en las que perdieron a su ser querido. En los personajes de mi libro está mi hermano Jorge, mi cuñado Manolo, muchos amigos, conocidos y entrevistados que compartieron sus días de agonía en aquella tierra lejana.

¿Cuál es la frase de Amir Valle, escritor de su misma generación, que está en la génesis de este libro?

Nuestro amigo Amir Valle, actualmente exiliado en Berlín, en un conversatorio en Cuba hace años habló del “síndrome de la guerra pos africana”. Aquella frase levantó ronchas entre la oficialidad que se encontraba allí, y lo tildaron de exagerado, pero yo nunca olvidé sus palabras, y con el tiempo comencé a indagar si realmente existía ese síndrome o no. Creo que mi libro trata de probar de que sí. Y como siempre espero que les guste a los lectores, que le agregue algún conocimiento de la historia, presente y futuro de los cubanos.

¿Para usted, que nació en la revolución, cómo ha sido escribir en su doble prisión: Cuba y sus calabozos?

A los que nacimos en la Revolución, nos mantuvieron los sueños en cautiverio. Solo que parecía normal aquel estatus de ciudadano-prisionero, como es natural en los regímenes totalitarios. A través de lecturas fuimos emplumando y construyendo nuestras propias alas y aprendimos a volar. Probar la libertad es una sensación que cuando se experimenta es imposible abandonar. Ya no interesan los peligros por repetir esos vuelos. Nacimos presos, pero al emprender un oficio peligroso para las dictaduras, como es el del escritor, se corre el riesgo de ir a prisión. Y lo asumimos al entender que es parte de nuestras vidas, de la esencia de esclavos con la que surgimos y nos educaron. Contra ese miedo que nos enterraron en las entrañas para que no reaccionáramos y permaneciéramos en silencio, los escritores cubanos, como los chinos y coreanos del Norte y otros regímenes totalitarios, estamos preparados para escribir bajo cualquier condición, aunque sean las más extremas que amenacen nuestras vidas. No hay diferencia entre escribir preso por las calles de isla, o desde una celda en sus mazmorras. La necesidad es la misma, y la falta de aire, en ese intento constante de la dictadura por asfixiarte, es igual en su presión y chantajes permanentes.

El premio que acabas de ganar lleva el nombre de Reinaldo Arenas. ¿Qué te aportaron sus denuncias del totalitarismo?

Reinaldo Arenas tiene un gran significado para los escritores cubanos, por ese sabor a rebeldía que siempre se impuso, y que alcanzaron todas las aristas de su desarrollo como ser humano e intelectual. Nos enseñó que la libertad tiene un precio, y que él pagó con el más preciado de todo: su vida. A pesar de que sus libros o la película biográfica no están permitidos en Cuba, circulan secretamente entre los lectores. Para la mayoría de los escritores cubanos es un ícono de honestidad, entre su obra y su proyección social. De su muerte, como todos sabemos, hizo responsable al dictador Fidel Castro. Yo responsabilizo las de Guillermo Rosales, Carlos Victoria y tantos otros escritores que tuvieron que abandonar su país para huir de la persecución y la censura. En ella incluyo también, las condenas de tantos intelectuales y artistas en general, que han encarcelado para acallar sus voces. 

¿Existe un antes y un después de la visita de Obama a la isla?

Sí lo creo. Muchos advertimos que la visita del Presidente Obama sería un

espaldarazo al régimen, y hoy podemos asegurarlo. La represión se agudizo más, tanto, que aquellos espacios que las Damas de Blanco y el Foro por los Derechos y Libertades habían logrado, hoy fueron cerrados, como la de no marchar por la 5ta avenida, y participar en la misa de la iglesia Santa Rita de Casia. Los Castro se han burlado de Obama y de su gobierno, y pareciera que los dictadores le hacen el favor a Estados Unidos de América. Hoy la dictadura está más fortalecida gracias a las debilidades del presidente Obama, y reciben más dinero que usan en sus represiones.

¿A quién o a quiénes dedica El regreso de Mambrú?

A los muertos en esas batallas, a los miles que sufrieron aquella guerra inútil. También a las Damas de Blanco, que día a día demuestran su arrojo contra la policía política. A los presos de conciencia, y al Foro por los Derechos y Libertades, que en este momento ejercen la disidencia más sacrificada y abusada. También lo dedico a mi familia, en especial a mi hermana Mary, para quién escribo cada palabra que surge de mi ser.

¿Algún mensaje que quiera enviar desde Cuba?

Me gustaría que los cubanos, y aquellos interesados por el tema Cuba, se ocupen también de exigir a la dictadura que nos devuelvan nuestros derechos. Todos somos víctimas del régimen. Los que tuvieron que irse y ahora se esconden detrás de la frase “emigrantes económicos”, como si el sistema no los hubiera dañado y obligado a separase de sus familiares. Todos somos víctimas del horror que impera dentro de Cuba, de esta cárcel flotante que hoy sufrimos. Asegurar que existe dentro de la isla un grupo de escritores y artistas interesados en la libertad de esos derechos que nos pertenecen, y que estamos resueltos al sacrificio mayor, como nos enseñara José Martí, el más grande de todos los cubanos, y que entregó su vida por la libertad de todos los cubanos. Por aquí estaremos hasta que les arrebatemos la libertad. Mi literatura es también un arma contra la dictadura.

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