MIAMI.- El ambiente escénico entorno a la obra Tom Pain ( Basado en nada) del escritor estadounidense Will Eno, presentada por Teatro Boxing de Montevideo, Uruguay, ha sido como la mayoría de las propuestas invitadas al evento miamense, cámara negra con sillas como elemento escenográfico principal. Producciones muy minimalistas. Sin embargo, esta obra sí pide la sobriedad del escenario para alcanzar su éxito.

La obra de Eno, finalista del Premio Pulitzer 2004, es un inteligente trabajo interactivo, donde el público es partícipe (y cómplice) del desarrollo de las escenas. En un inicio la audiencia responde tímida e insegura ante los desafíos del actor, pero a los pocos minutos el vínculo crece, se convierte en parte de la propuesta hasta el final.

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Desde el escenario, el actor Rogelio Gracia (a cuyo cargo corre también la adaptación del texto) impone su presencia, hipnotiza, juega con el público, mientras habla de un “nene” y pide a los asistentes: “déjense llevar por la sencilla figura que tienen delante de ustedes”. Nada de sencillo y el director Lucio Hernández ha sabido conducir muy bien a su actor.

El protagonista viste traje con corbata, pero anda descalzo y a partir de cierto momento con el bolsillo derecho del pantalón por fuera. Retoma la mención del niño, que por instantes parece como una anécdota circunstancial, pero no lo es. Rompe la continuidad invitando a una rifa que ganará el poseedor de uno de los boletos de entrada a la sala (muchos sacan sus entradas). Luego, los presentes se

desternillan de la risa cuando descubren que lo de la rifa es un juego.

Rogelio Gracia hace de la sencillez la gran actuación, del desenvolvimiento natural, el éxito de su representación. Entre silencios y movimientos, regresa al niño, del que sabremos fue “picado por un enjambre de abejas” y al perro que vio morir. Más tarde se escucha la referencia a una mujer y una invitación: “a conocernos porque el ser humano es el mismo”. Nombra a un caballo…

Tom Pain (Basado en nada) fluye como un torrente de sensaciones que no son otra cosa que recuerdos, de entrada, aparentemente inconexos, como piezas de un rompecabezas, pero que al final todas encajan mostrando un cuadro que son las circunstancias del personaje o las de cualquiera de los espectadores. Tan es así, que en algún momento recita atormentado, en seguidilla, todos los temas que ha tocado a lo largo de los 75 minutos en

escena. También alude a los sueños improbables: “Imagínense un elegante rosado”.

Cada expresión tiene su alcance: “un rencor en un cuerpo de palabras”, dejando claro que Tom Pain es también Tom Dolor, presencia, memoria, padecimientos, heridas. El juego de la rifa es una metáfora de lo que se puede perder y ganar. Todo un trabajo excelente sobre un texto que profundiza en la siquis, mientras dibuja las sutilezas de la vida a través de las experiencias cotidianas. Un unipersonal brillante sobre lo que somos lo que fuimos.

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