Largas filas le dan crédito al estreno de Bohemian Rhapsodyen las salas de estreno. Un merecido homenaje a Freddie Mercury y la banda Queen llegado el momento en el que se hace imprescindible hacer biopics, porque a los millennials hay que contárselo todo. El pretexto los lleva al cine como manadas que ven con cara de hazaña lo que para nosotros fue común y corriente en días modernos, pero ya pasados, en los que también fue necesario reinventarlo todo.

En medio de esta ola, aparece Bohemian Rhapsodyen un desafío con la verosimilitud. El primero de los dilemas que enfrenta la cinta es ese deseo de ser creíble a como dé lugar, teniendo que obviar quizás secuencias de la vida del biografiado que integran el Top 5 en la memoria de sus fanáticos más recurrentes. Pero se viven días agitados. Ya las películas no recaudan tanto en las salas de cine y hay que sacar los largometrajes con categoría PG13, para que la inmensa mayoría pueda disfrutarlos. Así lo hubiese querido Freddie, ser puesto al descubierto sin restricciones generacionales. Aunque de sus excesos y excentricidades no se arrepintiera ni en esta vida ni en la otra.

Dos elementos esenciales bastarían para califican a la obra como loable. La actuación de Rami Malek, encarnando a un Freddie Mercury creíble, orgánico, todo el tiempo verosímil, que no se pierde ni por asomo en lo caricaturesco, aunque el riesgo esté latente por encarnar a un ícono.

El segundo elemento salvador es el de enfocar la historia como un drama y no como un musical. Si este homenaje a Freddie fuera un musical, la fragmentación hubiese cercenado la hilaridad.

La música y la conformación de la banda sonora han dejado a la película respirar sola. Hay momentos de pentagrama que son puro ritmo para la historia conduciendo a un gran final, que en toda su magnitud luce como un musical lleno de fuerza y de emoción, un momento cumbre, plenamente acústico, real, en vivo. Este momento es simple y llanamente una reconstrucción digital del antológico paso de Queen por Wembleydurante el concierto Live Aid. Aquí la realidad supera a la ficción. Sin hojarascas aparece el más puro Queen que no tiene ni tendrá sueño de mármol.

Pero la obra no es perfecta, y dentro de toda su fuerza y vitalidad contrastadas, tiene muchos lugares comunes que Freddie hubiese limado con garra. Los productores no quisieron arriesgar mucho y se fueron por la tangente, dejando al descubierto que no querían apostar por la polémica, sino más bien por la taquilla.

Aunque en la cinta se deja ver la aflicción y la tristeza, en ningún momento se bordea el dolor de Freddie y sus días de desgaste y sufrimiento como enfermo de sida, padecimiento que lo llevó a la muerte. Su desenfrenada vida sexual es limitada en pantalla a la máxima expresión.

De tal modo, la película descarnada y real, atormentada y feliz, sexualmente activa y escandalosa, de Freddie Mercury, sigue estando inédita. A fin de cuentas, no nació el mito para no alterar la paz en las mañanas, sino todo lo contrario.

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