MIAMI.- Celia Cruz, esa gran gloria que Cuba entregó al mundo, cumpliría hoy, 21 de octubre, 95 años.

Muchos fueron los admiradores que la Reina de la Salsa cultivó por donde anduvo, tanto entre el público como en el gremio artístico. Todos querían acercarse a ella o cantar con ella, la única, la inigualable, la negrita del tumbao.

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La vida es un carnaval es un himno de alegría que llevó alrededor del mundo con su carisma y aquella humildad que la caracterizaba, esa nobleza de quien es grande y no lo sabe. Y Celia era grande, así la definen todos aquellos que un día tuvieron la dicha de conocerla.

Su inconfundible grito de ¡Azúcar! se popularizó y se convirtió en su sello, además de sus llamativas pelucas de colores vibrantes que solía combinar con sus atuendos. Celia no pasaba desapercibida.

Pero, ¿por qué ese ¡Azúcar! en sus canciones? Una vez contó que no le gustaba el café amargo y sí con mucha azúcar para endulzar la vida.

Anécdotas, hay innumerables de quienes la conocieron de cerca y hasta hoy la recuerdan con gran cariño.

La India, la cantante boricua a quien bautizó, es una de esas artista que no olvida a Celia Cruz.

“Era muy dulce conmigo, entonces se ganó mi cariño. Yo la admiraba tanto y la quise como una hermana o una madre porque era muy maternal. Creo que nos unió la espiritualidad. Ella creía mucho en Dios, igual que yo. Además, ambas nacimos para hacer esto, que es cantar”, dijo La India, durante una entrevista que concedió a DIARIO LAS AMÉRICAS en septiembre del pasado año.

Otra de las habilidades que recuerda de Celia era su buen sazón, además de su atención a los detalles y su amabilidad.

“La negrita cocinaba muy sabroso, me hacía sopita de pollo, le gustaba hacerme arroz y frijoles negros con picadillo al estilo cubano. Ella era muy detallista. Le gustaba tener su casa de blanco, para entrar había que quitarse los zapatos, porque no quería que se levantara la alfombra, pero lo pedía con tanta dulzura”, recordó La India, quien este sábado, 24 de octubre, ofrecerá un concierto virtual desde San Juan, Puerto Rico, en honor a su madrina y entrañable amiga.

También han sido innumerables los homenajes. Por estos días se inauguró un mural en Wynwood para celebrar su legado. Zumba le rinde un tributo mundial al ritmo de La vida es un carnaval.

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Mural en honor a Celia Cruz en una céntrica calle de Wynwood, Miami.

Mural en honor a Celia Cruz en una céntrica calle de Wynwood, Miami.

La cantante cubana Lucrecia la revive magistralmente en un musical que narra los momentos claves en la vida de la Reina de la Salsa. El musical es apenas uno de tantos proyectos que Omer Pardillo, su albacea, desarrolla para conservar su memoria.

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Lucrecia caracterizada como Celia Cruz.
Lucrecia caracterizada como Celia Cruz.

En una reciente entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, Pardillo, quien fuera su mánager por más de una década, habló sobre la puntualidad de Celia y el respeto que siempre mostró por su profesión, algo que la hacía incomparable.

“Para mí siempre habrá una comparación y, obviamente, cualquier otro artista con quien la compare siempre va a perder, en todos los planos. En el profesional, ella era muy puntual, no le gustaba que esperaran por ella. Y eso es muy difícil de encontrar”, reveló Pardillo.

Celia dio sus primeros pasos en la música en su isla natal y fue junto a la Sonora Matancera , agrupación a la que perteneció durante 15 años, que alcanzó reconocimiento como vocalista.

Tras la llegada al poder del régimen castrista, con el que nunca comulgó, abandonó el país en la década del 60. Fue entonces que su carrera cobró vuelo internacional, primero en México y luego en EEUU, donde se exilió hasta su fallecimiento el 16 de julio de 2003 a causa de cáncer cerebral.

Se paseó por ritmos tropicales como el son, la guaracha, el guaguancó, la rumba y el bolero. Pero ella nació con la salsa en la sangre y a flor de piel. Y fue como la Reina de la Salsa que recorrió los escenarios del mundo. Esa devoción por el género quedó plasmada en su paso por la Fania en los años 70.

Fue ganadora del Grammy y el Latin Grammy, grabó unos 37 álbumes de estudio, además de otros tantos que en vivo o en los que colaboró. Cautivó a públicos de todas las culturas e idiosincrasias en festivales de música alrededor del mundo.

El músico Pedro Knight, su cabecita de algodón, fue su gran amor y compañero de vida. Knight falleció cuatro años después que su esposa. No tuvieron hijos. Los restos de ambos descansan juntos en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, Nueva York.

Celia Cruz, un fenómeno musical de todos los tiempos, ha de vivir por siempre en cada canción de salsa o “en el alma de mi gente, en el cuero del tambor en las manos del congero, en los pies del bailador”.

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