MIAMI.-Cuba, familia, playa, sol, guagua, chivichana, carriola, kikimbol, trompo, Maracay, Caracas, seriedad, Choroní, camionetica…” El rapero cubano Edgar Randy Acosta Cruz (Rxnde Akozta) lleva los recuerdos como sus tatuajes: a todas partes.

En una charla con DIARIO LAS AMÉRICAS hizo un recuento de su carrera y lo que significa su isla natal.

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Nació en Maternidad Obrera, Marianao, La Habana. De niño escuchaba a Vico C y quería contar lo que ocurría en su entorno. De su madre recibió “la parte tierna”; de su padre “la seriedad” y los libros. Uno de sus abuelos lo acercó al ajedrez. Su otro abuelo, profesor de Geografía, le enseñó el mundo a través de los libros: nunca salió de la isla.

Con la PURA! “...la parte tierna...” @gma.bu
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Desde su trabajo en Los Chamacos, pasando por Los Paisanos y luego con Jodido Protagonista, Randy Acosta fue parte del boom del rap en Cuba, que nació en medio de la aguda crisis de los años 90 y se convirtió en la voz del barrio, en una verdad que se traficaba en casetes de forma subterránea.

Randy, que enfrentó el estigma de lo marginal con lo afilado de sus palabras, es testigo de una generación contestataria en una década vibrante, en la que ponerse camisetas holgadas y llevar trenzas era un acto de rebeldía, signo de una contracultura; donde los conciertos se hacían al filo de la represión policial y cada tema era una protesta necesaria, porque el rap decía lo que callaba el régimen.

Lo explicó Radamés Giro en su Diccionario enciclopédico de la música en Cuba, cuando definió al rap como una “expresión de una épica callejera”, cuya forma de emitir el mensaje bebe de la “oralidad del griot (juglar) africano” y del “reggae, el culto rastafari y el disk jockey jamaiquino, que animaba las fiestas horas y horas hablando y comentando encima del disco”. Incluso en el libro El rock en Cuba, Humberto Manduley reconoce que “producto típico de esta década (...) fue el auge del rap, con una larga lista de proyectos, grupos y solistas que lo han cultivado”.

En ese movimiento underground Randy inició su carrera, que luego se ha desarrollado entre América Latina y Europa. El suyo es el trayecto de un nómada que ha mantenido su esencia, lo auténtico y honesto de sus letras de carácter social, además de una fuerte conexión con músicos y amigos en todo el mundo.

No hay más que leer los comentarios en sus videos en YouTube: lo saludan desde cualquier rincón del planeta y aplauden que “no se destiña” como otros. Randy, que ha hecho colaboraciones con Canserbero, RODESENS, Al2 el Aldeano, Ray One, Freeman, sabe lo que es “darlo todo por el todo sin ser trending topic, (tema en tendencia) haciendo música pal alma, no de copy y paste (copiar y pegar)”.

Sus letras van a lo humano, a la molestia social frente a absurdos cotidianos. Y esos mensajes tan universales le han hecho merecer el cariño de seguidores en todo el mundo. Porque aunque sus temas hurguen en una herida llamada Cuba, en el cuento mal contado del “periodo especial”, en Voltus V, Bolek y Lolek o la maldita hora de tomar el cerelac, son historias que llegan a otras realidades, a otros barrios latinoamericanos que tuvieron realidades parecidas.

Cubano 100 por ciento y rapero 200 por ciento, narra su realidad en compases de 4x4. “Yo vivo lo que escribo porque escribo lo que veo, y cuando canta el corazón no hace falta estudiar solfeo”, dice en Reflexiones rotas. El rap es su esencia, no una postura frente al micrófono. Sus canciones son las huellas de una larga travesía, de su condición de ciudadano de cualquier parte, de los golpes y las caídas.

Pero Randy lo cuenta mejor.

- ¿Cómo fueron tus comienzos en el rap?

Conocí el rap por mi papá. Cuando tenía unos 9 años, él tenía unos casetes que grababa, porque era marinero. Por una cara Vico C, por otra Gerardo (rapero de Ecuador), y cuando iba a visitarlo (porque mis padres estaban separados), eso era lo que él me ponía, y me encantó. Ese fue mi primer contacto con el rap o la música urbana.

Cuando tenía 15 años empecé con Los Chamacos, con unos consortes [amigos] del barrio, Daniel y “El Misu”. Los Chamacos porque él tenía un pulóver que le habían regalado, de México, donde salían unos mariachis y abajo decía Los Chamacos. Para no rompernos mucho la cabeza, dijimos “este mismo es el nombre”.

Con Los Chamacos cogimos tercer lugar en un festival que se llamaba En busca del rapero del año, en el Pabellón Cuba. Después me junté con El huevo y El Piki, e hicimos Los Paisanos.

Ese año, 1999, participamos en un festival en Alamar. En 2005, saqué Jodido Protagonista porque empiezo a tener inquietudes más personales que se salían del concepto de Los Paisanos. Todo el mundo en Cuba estaba jodido, pero yo estaba hablando de mi jodedera personal.

No sé por qué, pero en las películas nunca me gustaba el protagonista, me sorprendían más los actores en segundo plano. Ese actor de reparto siempre está jodido, lo está dando todo pero siempre el premio se lo lleva otro. Y se convirtió en un apodo. Igual es mi primer disco, es como un hijo.

- ¿Cuándo saliste de Cuba?

Con Los Paisanos fue nuestro primer viaje. Se logró gracias a Alexis El D'Boys, un promotor y DJ que teníamos en el espacio del Almendares. Fue muy importante su presencia porque le metió duro, con bastantes ganas. De hecho, la época del Almendares que la gente recuerda en el rap fue gracias a él, por un proyecto que inició con Gerardo Alfonso, y levantaron el Almendares, que estaba olvidado y lleno de moscas.

Gracias a eso empezaron a hacer unos festivales de rap que se empezaron a poner buenos. Venían extranjeros a comprar discos y apoyar a la cultura, porque el rap cubano en ese momento, modestia aparte, estaba echando tremendo humo. En una de esas fue un muchacho de Guatemala, refugiado político en Canadá, vio a Los Paisanos y le gustó. Compró el disco y me dijo: “yo no voy a parar hasta que ustedes vayan a Canadá”.

Cumplió su palabra: dos años después estábamos en Canadá. Y hay unas canciones por ahí donde le agradezco, y siempre que puedo le agradezco, porque ese fue nuestro primer paso a la libertad, a ver que fuera de Cuba hay una realidad muy distinta.

Seis meses después me fui a Finlandia y ahí empezó la otra etapa, la del disco Zangre Zudor & Lagri +. Porque cada disco es una etapa de mi vida, mis canciones son testimonios, escribo mi vida, lo que veo, lo que siento y lo que representa la gente que tiene que ver conmigo. Mis canciones son como memorandos, esos que uno pega en el refrigerador, mensajes que me voy dejando, anotaciones en el tiempo.

- ¿Qué enfrentaste en el extranjero?

La salida fue un choque, y más de Cuba a Finlandia, una realidad tan diferente. Cuba: tremendo calor, la gente va despacio, no hay apuro para ir a ningún lado porque nunca vas a ir a ningún lado. Finlandia: un país frío, la gente distante. Todo funciona a la perfección y a veces la perfección daba hasta asco. Fue pasar de coger la guagua cada dos horas a cada cinco minutos.

El cambio fue brutal por muchos puntos. Entendí que una vez que uno sale, uno no vuelve a ser el mismo. Por eso me aferré también un poco a los recuerdos, aprendí del entorno y eché pa'lante.

Cuando llegué: otro idioma, otra cultura. Me empecé a plantear dejar el rap. Dije “sigo grabando, para no perder la costumbre, pero lo que toca es lavar platos, mensajero, lo que sea, saliste de Cuba y hay que buscarse la vida”.

Y llegó la invitación a la Tercera Cumbre de Hip Hop en Venezuela, en 2007. Eso fue un antes y un después. No sabía que mi música era tan conocida allí. Eso es lo que refleja el disco Zangre Zudor & Lagri +: mi salida de Cuba, mi contacto con Venezuela, la vida en Finlandia.

- En el tema María Éter hablas de tu abuela, que te decía “siempre haz bien y no mires a quién”. En Baúl de los recuerdos están tus raíces. En Caimanes & Caballos dices “yo soy retazos de la isla que llevo en el antebrazo”. Cuando piensas en Cuba, en tu infancia, la familia, ¿qué sientes?

A mí me tocaba cerelac, yo me tomaba eso apretándome la nariz. Era horrible, pero era lo que había para aguantar el día entero. Creo que la narración es tan simple que por eso pienso que se identifica la gente de a pie, y me dicen: “papa, yo siento como que tú me estás hablando ahí sentado al lado mío”.

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Yo no tengo fans, sino gente que comprende lo que digo, lo comparte y punto. Todo es América Latina, pero al mismo tiempo son lugares diversos, y es interesante que la música de un tipo que sale de un barrio de La Habana pueda representar a un tipo de Santiago de Chile, de Caracas, hasta de Miami, de Nueva York, aquí en España, Europa. La música es igual que el amor: lenguaje universal.

- ¿Cómo es tu relación con el público de América Latina? He visto cómo te abordan, te abrazan, es como una cuestión familiar.

Siempre he tratado de dejarle eso claro a la gente, que no hay ninguna diferencia entre ellos y yo. Es un vehículo para que la gente se acuerde de que la cosa está de pin… ¿Cómo me puedo sentir cuando un tipo está trabajando de Uber en Argentina y me dice: “me levanto todos los días con tus canciones para poder salir y aguantar lo que sea”?

Eso me llena de orgullo, y no estamos hablando de dinero ni de lujos, sino de un trabajo social. Las cosas que uno escribe para uno mismo le sirven a otra persona para darle fuerzas. En el tiempo de nosotros era el “boca a boca”; en Cuba no había internet: la conexión era real. La gente en las peñas se aprendía las canciones sin tenerlas grabadas, y te las cantaban. Eso era increíble, no lo he visto en ningún lado.

- Cantaste muchas veces con el venezolano Canserbero. Hablaron de Cuba y Venezuela. Recuerdo el tema Juicio, con Canserbero: “desde los 60, dictadura comunista”. ¿Cómo fue esa relación?

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Los raperos Canserbero y Randy Acosta.

Los raperos Canserbero y Randy Acosta.

La relación de nosotros empezó en 2007. Había un proyecto en Venezuela llamado Básico, donde estaba Lil Supa. Con quien primero hablé fue con Canserbero, cuando llegué a Finlandia, por internet. Me llega la invitación para ir a Venezuela y al poco rato me escribe Canserbero, que le gustaba mi tema Refugiados, que si Los Aldeanos, que el rap cubano... La conexión fue instantánea porque ellos tenían una visión del rap muy similar a la de nosotros.

... Perdón mi Cuba bella por estar casado contigo y enamorarme de Venezuela ...
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Estar en Venezuela me recordó estar en Cuba, el rap de los 90. Estaba surgiendo el rap consciente. Fui el primer extranjero que se incorporó a Básico. De hecho, hay un tema con ellos en Zangre Zudor & Lagri +: Jodidos básicos, y el bonus track de ese disco es un tema solo de Canserbero. Mucha gente conoció a Canserbero por ese tema, de hecho.

Desde que vi a Canserbero en vivo la primera vez en Plaza Venezuela, eso se sabía, era un talento que se veía venir. El chamaco estaba destinado a cambiar el curso de la historia del rap. Como para mí también lo hizo Aldo, con Los Aldeanos. Para mí ellos son dos de los pilares que ayudaron a cambiar el rumbo de la historia del rap en América Latina, por lo menos a nivel underground, independiente. Y tuve la dicha de ver cómo se crearon esas dos monstruosidades prácticamente desde abajo.

- Tienes temas con Aldo por ahí.

Lo de tener temas es lo de menos. Eso es la última expresión de un sentimiento; pero es todo lo que hay detrás. Porque yo tampoco ando haciendo temas con gente que no conozco.

Mi rap es algo personal. Pues me fui a vivir a Venezuela, y en 2010 vi cómo se estaba poniendo la cosa, que me estaba recordando mucho a la “isla querida”, y les dije: “caballero, esto se está poniendo feo”, y ellos decían: “no, estás loco, aquí no va a pasar eso’”, y les dije: “no es que vaya a pasar, es que ya está pasando, así que voy bajando”. Y me vine a España a seguir buscándome la vida, como siempre. Años después ellos me dijeron “tenías razón, marico”.

Canserbero vino a España en 2014, hicimos una gira por aquí. Y seis meses después falleció. Fue como una despedida. Yo lo interpreté así.

- Hace poco lanzaste junto a RODESENS el EP (extended play) titulado V. Se grabó en cuarentena y con mensajes de audio. Se nota la entrega y el nivel de honestidad en esos temas, una especie de radiografía de la cuarentena. ¿Cómo fue la experiencia?

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Empecé a escribir, RODESENS me envió unas instrumentales, le dije a Adrián: "tengo cinco temas, ¿cómo hacemos para grabar?" Vimos opciones de escaparme, de irme a buscar escondido en el carro, estuvimos dos días tratando de planear una misión: “voy y te busco, te cuelas atrás y te tiro una sábana por arriba”.

Y probamos con notas de voz. Qué más da, si en Cuba pasamos mil y un trabajos, la gente hacía ventiladores con motores de lavadora, que te partían para arriba. Invitamos al cubano Freeman, que está en Chile. Siempre en mis discos me gusta invitar a gente que participe y defiendan su talla.

- ¿Qué significa rapear para Rxnde Akozta?

Es una terapia. Ese es mi momento de ser libre. Cuando estoy rapeando es cuando más sincero soy, cuando más yo soy. Es una forma de expresarte como te dé la gana. Hablo lo que siento, como lo siento. Y punto.

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