sábado 21  de  febrero 2026
ARTES VISUALES

El viaje artístico de Mariana Monteagudo: de la infancia al misterio

El trabajo de la escultora venezolana Mariana Monteagudo, "Uncanny", muestra el misterio y la belleza de lo grotesco a través de sus muñecas
Por ROXIMAR TOVAR

MIAMI.- El ADN de Mariana Monteagudo está impregnado de la palabra arte: su infancia se desarrolló bajo la constante presencia de un taller de cerámica familiar.

En el documental Uncanny: The Dolls of Mariana Monteagudo, de la documentalista Elaine Minionis, la artista venezolana relata que cuando llegaba del colegio jugaba con barro.

"Crecí con la cerámica, fue mi materia prima desde el nacimiento y ha sido una tradición de familia, cosa que hoy en día agradezco y valoro. Por lo que la escultura ha tenido una presencia constante en mi vida y desde pequeña nunca me lo cuestioné", comenta Mariana Monteagudo en el documental, quien es hija de uno de los pioneros de la animación en plastilina en Venezuela, el cineasta Alberto Monteagudo.

Ante este ADN, desde aproximadamente 1998 Mariana Monteagudo se interesó por las muñecas como pieza para proyectar su arte visual.

Partiendo de materiales reciclados y que ella misma busca en los depósitos de basura de su urbanización, en Miami, Mariana Monteagudo se vale de una amplia gama de referencias que van desde la estética precolombina hasta la moda, la cultura pop televisiva, el manga japonés y los juguetes para el mercado de masas. Y en su nueva serie, Uncanny, se constata parte de ello.

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Mariana Monteagudo, una escultora venezolana que decidió emigrar hace 10 años a Miami y que plasma su arte en la serie Uncanny.

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La escultora venezolana Mariana Monteagudo.

La escultora venezolana Mariana Monteagudo.

En tu documental Uncanny: The Dolls of Mariana Monteagudo, hablas de tu interés por lo grotesco, ¿cómo definirías esta palabra?

En mi trabajo lo grotesco es ese elemento un poco monstruoso, pero presentado con humor e ironía. A la vez viene combinado con la noción de ternura, de manera que produzca una mezcla entre atracción y repugnancia.

En su antagonismo, estos elementos igualmente magnéticos, creo que generan una suerte de encantamiento en el espectador porque me interesa proyectar imágenes que sean difíciles de pasar desapercibidas y que, a su vez, produzcan reacciones fuertes.

Lo grotesco tiene que ver con lo sobre-dimensionado, exagerado, extravagante, bufonesco. Lo grotesco produce rechazo y al mismo tiempo llama la atención.

¿Por qué escoges a la muñeca como referente de la infancia?, ¿qué ves en este juguete que no ves en otros?

La imagen de la muñeca siempre me ha parecido fascinante.

Para mí la muñeca es un modelo en miniatura de un ser humano, que al manipularlo -como en una suerte de vudú- juega de alguna manera con nuestra propia psique: con ellas hurgamos en nuestra propia condición humana.

Al combinar la imagen de la muñeca con lo grotesco intento tender un puente, una conexión con memorias de la infancia y, al mismo tiempo, encontrar otras lecturas más oscuras, inquietantes y difíciles de clasificar dentro de nuestro marco de referencias; es hacer ese juego de los polos que se encuentran.

La cara de una muñeca de porcelana puede resultar tierna y amable, pero también parece tocar un territorio desconocido, oscuro, difícil de catalogar, nos da un poco de miedo, sin saber por qué. La muñeca es humana, pero tiene ojos que no miran y nariz que no respira, no parece pertenecer a la dimensión real.

La muñeca, además, ejemplifica un concepto que siempre me ha fascinado, el llamado uncanny valley: esa sensación de estar al frente de algo que nuestro cerebro reconoce, pero sabe que tiene un elemento fuera del mundo real. Cosas que tocan lo sobrenatural, lo fantasmal.

Al momento de iniciar un proyecto, ¿qué es lo primero que haces o consideras para el proceso creativo?

Mi proceso creativo es bastante instintivo e intuitivo. Trato de empaparme en todo lo que pasa a mi alrededor sin mucha estructura, pero al mismo tiempo me mantengo alerta para conseguir inspiración desde cualquier fuente, desde lo más insospechado.

Siento que por momentos hay que abrazar lo inesperado, entregarse un poco al caos para que las ideas surjan de manera espontánea. Así, el proceso creativo resultara más auténtico, sin conceptualizar demasiado las ideas. Las manos crean con espíritu intuitivo; los pensamientos, conceptos, significados y las reflexiones vienen después.

En tu documental se observa que tus hijos a veces te acompaña cuando buscas en los depósitos de basura los materiales de reciclaje para tu trabajo, ¿qué enseñanza y aporte te deja tu hijo en el proceso de creación al involucrarlo en esta búsqueda?

Ser artista y atender una familia es un juego de balance por momentos difícil de lograr.

Entonces, antes de construir un muro entre los dos mundos -mundo artístico y mundo familiar-, me parece sabio establecer un punto de intercambio y de permeabilidad entre los dos ámbitos.

Por ejemplo, cuando voy en busca de material de desecho para mi obra, mis hijos me acompañan en la aventura. De esta manera, todos aprendemos a darle un segundo uso a esos objetos desechados; al mismo tiempo es una manera de ejercitar la creatividad en un ámbito de intercambio y enriquecimiento mutuo.

¿Cuál es tu percepción de la conciencia del reciclaje en el mundo artístico?

Como artistas acostumbramos a ver el mundo y las cosas con una óptica diferente, y muchas veces sentimos la necesidad de generar un mensaje, una perspectiva particular a través de los objetos de arte, que no solo son hechos para el disfrute visual, sino también para la reflexión.

En cuanto a la conciencia de reciclar, no se necesita ser artista para -con creatividad- darle vida nueva a los objetos descartados por la sociedad.

En mi caso, el uso del reciclaje es por una parte necesidad y por otra ansiedad. Ansiedad de ver cómo el mundo está inundado de basura sin lograr reparar los daños al mismo ritmo.

Tu abuela, Reina Herrera, fue galardonada con el Premio Nacional de Artes Plásticas por el expresidente venezolano Luis Herrera Campins. ¿Cuál ha sido la experiencia más significativa que te ha dejado?

Mi abuela es mi legado familiar. No solo es mi sentido de arraigo, sino mi fuente de enseñanza hacia un oficio y hacia cómo debería ser un artista completo.

Mi abuela me enseñó las técnicas, el rigor, el oficio. Pero también me enseñó a amar el arte como un quehacer que se entrelaza con la vida cotidiana.

Por último, ante la pandemia, ¿consideras que el mundo vive un proceso de destrucción?

Todo lo contrario. Creo que la pandemia nos ha obligado a hacer una pausa, a reflexionar, a respirar profundo, a darnos cuenta de la fragilidad de nuestra propia existencia.

Por una parte ha sido destructivo, obviamente, pero por otra nos ha obligado a mirar hacia adentro, a disfrutar de las cosas pequeñas, a vivir con menos, a re-aprender cosas básicas como cuidar el hogar, mejorar nuestros espacios íntimos, cocinar, leer, jugar, conversar, vivir en familia.

Nos ha enseñado que muchas de nuestras ansiedades son completamente estúpidas y sin sentido.

Creo que la pandemia dará un vuelco positivo en la sociedad a largo plazo. Es una de las pocas oportunidades para el mundo entero orquestar un esfuerzo por la solución de un problema que ataca a todos sin discriminación.

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