Motonieve
Un grupo de conductores de motonieves hacen una parada para admirar una de las iglesias de madera en la isla de Kizhi.
Un grupo de conductores de motonieves hacen una parada para admirar una de las iglesias de madera en la isla de Kizhi.

Durante el viaje de regreso sobre el congelado lago Onega, la tormenta desata toda su furia. La nieve que se arremolina envuelve nuestra columna de 11 motos de nieve y elimina la visibilidad. Muy lejos están las orillas del segundo lago más grande de Europa, e incluso, el horizonte se difumina. Solo un pálido disco solar se alza en el cielo.

Sin embargo, un viaje de 35 kilómetros se puede soportar, aun cuando la sensación térmica sea el doble de los 16 grados bajo cero que marca el termómetro. Esperamos que Dvalishvili, que dirige la caravana de motos de nieve, sepa a dónde navegar y nos saque sanos y salvos de esta aventura en la región de Carelia, en el noroeste de Rusia.

Andrei Dvalishvili ya había demostrado su buena condición de guía durante las instrucciones que dio a los turistas hace dos días. A una distancia de una hora de la capital de la república de Carelia,

Petrosavodsk, los nueve turistas se convierten en hombres Michelin. Primero hay que poner una gruesa ropa interior de esquí, después el pantalón, una chaqueta, bufanda y pasamontañas. Finalmente, un mono, botas forradas, guantes y casco.

Afuera, Dvalishvili explica cómo conducir las motonieves: acelerar, frenar y hacer curvas. Quien pierda el contacto con la columna debe esperar en una bifurcación. “De lo contrario, pueden viajar dos horas y media en la dirección equivocada, hasta que se acabe la gasolina”, advierte el guía. Por esta razón, su ayudante, Yevgueni Semashko, bombero de profesión, viaja en último lugar. Él conoce el camino y reúne a los que se hayan perdido.

En invierno, los días en Carelia son cortos.
En invierno, los días en Carelia son cortos. Cuando oscurece las luces iluminan el camino.
En invierno, los días en Carelia son cortos. Cuando oscurece las luces iluminan el camino.

Arrancamos. Pasamos por el primer lago, el primer pasaje por el bosque. Efectivamente, no se necesitan muchos conocimientos para conducir una motonieve. ¡Qué placer siente uno cuando el trineo del motor se desliza a gran velocidad sobre la nieve fresca y sobre una superficie helada sin obstáculos! Sin embargo, los vehículos echan un humo apestoso y hacen un ruido infernal. Solo cuando calla el último motor en una parada, se puede disfrutar de algo grandioso: el silencio del paisaje invernal en el norte de Rusia.

El silencio y la naturaleza es también lo que más fascina a Roman Zajarenkov en su Carelia natal. Junto a su mujer Irina ofrece en su agencia de viajes en Petrosavodsk tours por esta región fronteriza con Finlandia.

A Irina también le apasionan los tesoros culturales de la región. En la isla de Valaam, en el lago Ladoga, hay un importante monasterio de la Iglesia ortodoxa rusa. Desde San Petersburgo es fácil llegar allí. Un monasterio medieval domina también el archipiélago de Solovetsky, en el mar Blanco. Y en la isla de Kizhi, en el lago Onega, se encuentran las famosas iglesias de madera, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Piotr Kurochkin ofrece un ambiente acogedor. En la isla de Bolshoi Klimetski, este gerente ha realizado su sueño de tener un hotel propio. Primero una banya, el tradicional baño de vapor ruso para calentar los miembros fríos. Para quien sienta demasiado calor hay un agujero en el hielo para refrescarse. Después de la cena nos sentamos junto a la chimenea para escuchar historias.

Las cúpulas de madera de la Iglesia de la Transfiguración.
Las cúpulas de madera de la Iglesia de la Transfiguración.
Las cúpulas de madera de la Iglesia de la Transfiguración.

Para visitar Kizhi, Dvalishvili ha elegido un día soleado. Desde lejos se pueden ver las 22 cúpulas de madera artísticas de la Iglesia de la Transfiguración. En el siglo XVIII, constructores rusos erigieron aquí un pogost, un conjunto compuesto por una iglesia de verano, una iglesia de invierno más pequeña con calefacción y un campanario. Lo que tienen de particular las iglesias de Kizhi es que están construidas prácticamente sin clavos.

Aunque es un día de invierno, en la isla hay mucha actividad. Aerodeslizadores y jeeps con neumáticos de baja presión llevan a turistas provenientes de Petrosavodsk por el lago. Nuestro grupo también tiene que regresar a la capital de Carelia, aunque haya una tormenta de nieve.

En medio de la nada en el lago Onega, donde normalmente no es posible orientarse, Dvalishvili mantiene el rumbo con ayuda de un GPS. La orilla adonde todos queremos llegar solo aparece unos pocos metros antes en medio de la niebla. Los turistas de la motonieve han llegado a la meta, totalmente agotados pero muy satisfechos.

Información básica: Carelia

Destino: la república federada rusa de Carelia está situada al norte de San Petersburgo y limita con Finlandia.

Clima: en Carelia los inviernos son largos y fríos, con una temperatura media de 11 grados bajo cero en febrero. Los deportes de invierno se practican en esta región de noviembre a fines de marzo. El verano nórdico, lleno de luz, es corto.

Cómo llegar: en avión a San Petersburgo o Moscú y desde allí en tren a la capital de la república, Petrosavodsk. Desde esta ciudad se organizan excursiones al lago Onega y a la isla de Kizhi. Desde el puerto de Belomorsk se organizan excursiones hacia las islas Solovetsky en el mar Blanco.

FUENTE: dpa

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