REYKJAVIK.-La temperatura ha vuelto a bajar un par de grados, el termómetro marca ocho grados bajo cero y nuestros pasos han dejado profundas huellas en la nieve. El aliento deja pequeños velos de niebla en el aire, pese a lo cual mi hija no se amedrenta. Vestida con un traje de baño y una gorra, la niña de cinco años toma carrera y se lanza al agua. "¡Ves, mamá!", grita su hermanita de nueve años. "Ahora podemos incluso bañarnos durante las vacaciones". En Islandia, en pleno invierno.

La estación de esquí más grande de Islanda, Hlídarfjall, cerca de la ciudad de Akureyri, en el norte de la isla, solo tiene 14,9 kilómetros de pistas. Sin embargo, ofrece a los esquiadores experimentados varios descensos desde las cimas de las montañas hasta el océano.

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La nieve cubre géiseres en Islandia.
La nieve cubre géiseres en Islandia.

Allí también podemos bañarnos en el agua de color azul verdoso -que tiene una temperatura de 40 grados- de los "Mývatn Nature Baths", la hermana pequeña de la famosa Laguna Azul situada cerca de la capital, Reykjavik, en el suroeste de la isla. En invierno, la naturaleza de Islandia tiene pocos colores pero estos brillan con mayor intensidad en el cielo claro.

El paisaje alrededor del lago Mývatn es muy variado. Extravagantes formaciones de piedra volcánica cubiertas de nieve rodean como torrecitas el lago. Ruidosas cascadas flanqueadas por picos de hielo brillantes caen hacia las profundidades. Agua hirviendo sale a borbotones a la superficie desde hoyos y grietas en las rocas. "Todo es de origen volcánico", dice Halldór Ingvason, que nos guía por el lago congelado en motonieves negras. Cada una tiene tres metros de largo y pesa 300 kilogramos. En invierno, este es el mejor medio de transporte para viajar, explica Ingvason, un hombre simpático con ojos amables que luce una barba roja.

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La cascada Goðafoss, en Islandia.
La cascada Goðafoss, en Islandia.

Por todas partes en el paisaje nos encontramos con ovejas, grandes bolas de lana que se dejan acariciar gustosamente. En invierno también están afuera los caballos islandeses con su piel muy peluda y el trote característico de esta raza, que evita bruscas sacudidas a quien está sentado en el lomo ondulado.

Durante una excursión para contemplar ballenas, vemos varios gigantes grises que saltan a la superficie frente a la costa. Nos echamos a la mar en Hauganes, un pueblo de pescadores situado a unos 30 kilómetros al norte de Akureyri, la segunda ciudad más grande de Islandia. En el fiordo Eyjafjördur nos esperan rorcuales y delfines.

El guía Beda Mörgeli nos lleva al día siguiente a Skardsdalur, la estación de esquí más septentrional de Islandia. Aqui la capa de nueve tiene un grosor de dos metros. Esquiamos entre las copas de pinos, alerces y abedules hasta que de repente se abre el panorama y la vista pasa sobre el fiordo hasta el horizonte infinito.

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Una aurora boreal, captada en Islandia.
Una aurora boreal, captada en Islandia.

Por la noche estamos otra vez en el agua caliente, en un jacuzzi redondo instalado en la terraza de nuestra casa de vacaciones. "¡Nubes multicolores!", grita de repente mi hija pequeña señalando con el dedo al cielo. Una aurora boreal. En un instante pienso saltar del agua para buscar mi cámara, pero al final decido recostarme otra vez para disfrutar del espectáculo de las luces azul verdosas en el cielo. Hemos tenido suerte.

FUENTE: dpa

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