MIAMI.-El escritor y pintor Juan Abreu logró escapar -así le gusta decir- de Cuba durante el Éxodo del Mariel en 1980. La experiencia de aquella intensa travesía y sus primeros años en Miami, la ha plasmado en dos de sus libros, recientemente publicados por Editores Argentinos: A la sombra del mar, dedicado a su amigo, el también autor disidente Reinaldo Arenas, que se presenta el 15 de noviembre a las 7 p.m. en la Feria Internacional del Libro de Miami. Y Debajo de la mesa (Memorias) que se presentará el miércoles 18 a las 8 p.m. en la librería Altamira de Coral Gables, dedicada a ediciones sólo en español.
A la sombra del mar narra las penurias de un pequeño grupo de jóvenes escritores reunidos alrededor de la figura de Arenas, a quien Abreu conocía desde la adolescencia. Un desesperado testimonio que escribió durante los días en que el autor de Celestino antes del alba y Antes que anochezca se ocultó de la policía política en el Parque Lenin de La Habana, hasta que finalmente fue apresado.
“Es una especie de diario que escribí cuando pensé que todos acabaríamos en la cárcel. Haber sido escrito justo en el momento en que sucedían los hechos que se narran, lo hace un testimonio muy especial, y es tal vez su mayor atractivo”, comentó Abreu a DIARIO LAS AMÉRICAS.
De su amigo Arenas, quien se suicidó el 7 de diciembre de 1990 en Nueva York culpando a Fidel Castro de todos sus sufrimientos en el exilio, Abreu ha dicho: “Era un verdadero amante de la vida y de la libertad. Los que deseen conocerlo mejor deben leer sus libros. El mejor sitio para hallar y sentir a Reinaldo es su obra”.
Para Abreu, el exilio no es una carga. Muy al contrario: “Es una maravilla. Vivir fuera de Cuba, lejos del control asesino de los Castro, es algo que hay que agradecer a diario. A los cubanos nos ha ido muy bien en el exilio. No soy mucho de la tribu ni del terruño, me considero un hombre libre en el paisaje del mundo. Un terrícola. Vivir lejos del lugar donde nací (por azar, no ha de olvidarse) no es un drama para mí, me parece un suceso más en la aventura de mi vida, un acontecimiento afortunado. Me gusta siempre destacar eso. Hay mucha literatura romántica sobre la figura del exiliado sufriente, lejos de su patria, pero en mi caso vivir lejos de mi país es lo mejor que me ha pasado”.
Abreu considera un grave error, repetido por algunas instituciones y academias, entender como literatura y arte cubano lo producido dentro de la isla, desconociendo muchas veces importantísimas voces del exilio, que inevitablemente forman parte del corpus de la literatura y el arte nacional:
“Sobre todo hay dos tipos de arte: el bueno y el malo. Si es cubano o no, es secundario. Y me parece una tontería creer que el arte cubano es el que se hace dentro de la isla. En mi opinión, la mejor literatura cubana se ha hecho siempre fuera de Cuba. José Martí, Juan Clemente Zenea, Cirilo Villaverde, Lydia Cabrera, Levi Marrero y Cabrera Infante son ejemplos claves. Y para citar autores más cercanos en el tiempo: Zoé Valdés, Carlos Victoria, José Abreu Felippe, Guillermo Rosales, Ernesto Mestre, Esteban Luis Cárdenas, Fernando Villaverde, Armando de Armas y muchos otros. El castrismo lo ha empobrecido todo y el arte que se hace en la isla también ha sido víctima de ese proceso”.
Su libro Rebelión en Catanya prefiere clasificarlo como un panfleto antinacionalista: “El panfleto es un género literario muy digno, que me gusta mucho. Me divertí escribiéndolo y espero que lo mismo le suceda a sus lectores”.
Pronto se lanzará una nueva edición de este libro que su momento fue censurado y silenciado en Cataluña. Rebelión en Catanya no es sólo un ataque inteligente al independentismo catalán, sino una crítica a todos los nacionalismos: “El nacionalismo es una fuerza retrógrada, tribal, reaccionaria y a fin de cuentas xenófoba y racista. Como escritor escapado de una dictadura nacionalista, como es la de los Castro, pienso que es mi deber escribir contra esa fuerza que amenaza la libertad y la igualdad entre ciudadanos españoles, y que amenaza además la soberanía española”, alertó.
Otros de sus libros son Garbageland (2001), Gimnasio: emanaciones de una rutina (2002), Orlan Veinticinco (2003). Como antólogo ha publicado Cuentos desde Miami (2004), donde recoge narraciones de autores cubanos en el exilio como Carlos Victoria, Lorenzo García Vega, Guillermo Rosales y Fernando Villaverde. También ha escrito literatura infantil: El gigante tragaceibas y El niño que quiso ser excremento. Sobre este último, apuntó: “Es una especie de lección moral sobre la importancia de ser humilde. Un tema que me atrae y que considero muy importante mostrar sobre todo a los niños”.
Cuba, de diversas maneras, está presente en todas sus obras: “No puedo dejar de tratar el tema cubano, porque es parte de mi vida y de mi pasado, y permea mi trabajo literario y pictórico de una manera muy importante. Pero no creo que regrese nunca a Cuba, algo que en cualquier caso, insisto, no me parece ningún drama”, expresó el controversial autor, quien jamás ha olvidado el momento en que el bote en que huyó de su isla se adentró en el mar, “sin duda uno de los momentos más felices de mi existencia”, aseguró.
Junto a sus hermanos, también escritores, José Abreu Felippe y Nicolás Abreu, en 1999 escribió Habanera fue, una reverencia literaria a su madre fallecida en accidente de tráfico en Miami. “Ese, por el contrario, ha sido el momento más triste de mi vida”.
Actualmente hay dos proyectos a los que está dedicado casi completamente: su serie 1959, que recoge ya más de 300 retratos de los fusilados por el régimen cubano, y una novela que tiene a Miami como escenario. “Llevo varios años trabajando en ella. Hasta ahora tengo escritas unas cien páginas, pero francamente no sé a dónde irá a parar todo eso”.
Juan Abreu presenta A la sombra del mar el martes 15 de noviembre, 7:00 p. m., en la Feria Internacional del Libro de Miami. Además, el escritor presenta Debajo de la mesa (Memorias) el viernes 18 de noviembre, 8:00 p. m. en la librería Altamira, 219 Miracle Mile, Coral Gables.