Por Napoleón Bravo

Esta transcripción es parte de una entrevista realizada por Napoleón Bravo a su hija Natalia Bravo por su nueva publicación “En Busca del Orgasmo”.

La primera pregunta que le hice a Natalia Bravo al leer su libro “En Busca del Orgasmo” fue qué hizo que una millennial de 30 años de edad escribiera un libro tan fuerte, el cual a veces recuerda los momentos más eróticos y duros de Henry Miller, de Simone de Beauvoir o a la mismísima Biblia en El Cantar de los Cantares, y que otras veces narra su historia y amores con la dulzura de El Principito. Ella me respondió que tenía dos razones fundamentales para hacerlo: la primera, denunciar que fue víctima de abuso sicológico y la segunda, expresarse…

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“Para mí no es fuerte lo que escribí. No lo hice con esa intención. Esa soy yo, estoy acostumbrada a expresar mis opiniones con claridad porque crecí en un hogar donde eso era natural y permitido. Siempre he considerado que la honestidad es un poder, no una debilidad. Para mí es fundamental que el lector se vea en los zapatos de la protagonista, sobre todo si no ha tenido las mismas experiencias que ella. Consideré que tenía que hacer lo posible para lograr que el lector estuviese envuelto en sus experiencias para que pudiese entender lo que, por ejemplo, una víctima de abuso sicológico sufre o una joven de mi edad vive y buscar que ambos sexos nos entendamos, primordialmente, que haya compresión acerca de temas que no mucha gente se atreve a tocar”.

¿…y también juzgando a los hombres con los que te relacionaste?, le pregunté. Lo digo porque los capítulos centrales de “En Busca del Orgasmo” están divididos por personajes masculinos. Al finalizar su lectura, cada uno de esos capítulos te invita a “calificar” a estos hombres.

“No. Haciendo que el lector se descubra y entienda más sobre sí mismo juzgándolos (risas). Como explico en la introducción y en las notas de prensa sobre el libro: “Cada capítulo del libro será un review o una reseña sobre un hombre con el que tuve una relación. Cualquier tipo de relación, pero en especial las inestables, las que algunos catalogarán de utópicas. Lo dejaré a su conveniencia, ustedes serán quienes llenen las estrellas”.

Pero yo insistí: ¿las mismas estrellas con las que catalogamos restaurantes y productos?, le pregunté a Natalia.

Sí. Invito al lector a entender que el sexo, las relaciones y nuestras emociones son temas a analizar diariamente.

En Busca del Orgasmo me recuerda el impacto que me causó Françoise Sagan con su novela “Buenos Días Tristeza”, un relato que fue éxito en ventas y llegó al cine. Incluso, sentí que es aún más fuerte y sincero. Me transmite que fue escrito por una muchacha muy sola: ¿por qué estás tan sola a pesar de los amigos que has tenido y que aparecen en el libro?

Más que soledad es aislamiento. Y desde muy pequeña he sido así. No creo que crecí en un hogar común, y lo repito no porque tú eres mi padre, sino porque eso tiene mucho que ver con la base del libro. Creo que entre el mundo y yo siempre hubo una línea que yo no cruzaba por falta de compresión. Por eso mi naturaleza me pedía, o yo sentía la necesidad de entender la conducta humana. Básicamente por temas de aceptación. No me siento cómoda en grupos, hay ciertas cosas que creo que son más naturales para otro tipo de personas. Crecí jugando por mi cuenta, si tenía una que otra amiga, pero tengo un mundo aislado. Y no un mundo triste, para nada, tuve una infancia hermosísima y ese mundo también lo es, y no me gusta que me saquen de ahí.

¿Cómo dices tener un mundo aislado si leyendo este libro uno entiende mejor al ser humano? No sólo nos muestras cómo es el ser humano, pero además explicas cómo reaccionamos ante diferentes situaciones; por ejemplo, el porqué necesitamos a Dios, a un líder político, explicas el fanatismo que ha llevado a algunos, incluso, a asesinar a otros o a utilizarlo como justificación.. aquí se explica clarito, o sea, tú tan aislada del mundo no estabas…

Sí, desde un punto de vista es cierto. Las relaciones que tuve fueron muy profundas en el momento que las tuve. Después de esas relaciones profundas venían momentos de aislamiento, y no es un sufrimiento aislarse, a mí me gustan esos momentos de aislamiento, pienso que para el escritor esos momentos son fundamentales y que para la reflexión es importante. De esa necesidad por interactuar con el mundo vino la capacidad de entender al otro. Esa sensibilidad se desarrolla por la necesidad de aceptación, de que otros nos quieran. Entre otros temas, por ejemplo, no entendía la maldad. No la maldad ficticia, la real. Creía que esos malos sólo existían en las películas. Yo no los había visto de cerca. Las personas que he tenido más de cerca son personas de buena voluntad, que han defendido sus principios, sus valores morales y lo que consideran es la verdad.

Entonces, cuando te sentiste violada y maltratada: ¿por qué no reaccionaste si sabías que ese no era tu mundo?, le pregunto.

“Para entenderlo hay que leer el libro, en especial el capítulo “La Caída de los Héroes”, porque ahí expresé lo que siente una persona en esa situación y por qué vive, durante un periodo de tiempo, como si estuve dormida”.

Le confieso a mi hija, Natalia, que a pesar de haber entrevistado a todo tipo de gente, incluyendo dictadores y asesinos, no sabía que existía una basura humana como la que te encuentras en el capítulo “La Caída de los Héroes”. Le pregunto si el personaje es una mezcla de distintas personas que ella engloba en una o si siente que hay una persona así, como la descrita, y esto fue lo que me respondió:

“Estoy segura que hay personas así. En su momento sentí tristeza cuando descubrí que existen y que pueden ser personas que admiramos; sobre todo, saber que manejan un discurso con el que muchos podemos conectarnos, causas de las que podemos ser activistas. Muchos de ellos hablan de lo que nos importa, nos duele o defendemos. Mi investigación me hizo entender que la maldad no tiene partidos políticos, religiones, grupos étnicos específicos; la mayoría de los líderes que causaron daños catastróficos a poblaciones enteras tenían un perfil en común: eran narcisistas”.

El capítulo “La Caída de los Héroes” es la parte más oscura del relato, le pregunto a Natalia si algún libro la inspiró, si el Movimiento Me Too la ayudó a atreverse a escribirla. Ella insiste que su atrevimiento se debe a su forma de ver la vida y a la crianza que le dimos Ángela Zago y yo: “para mí denunciar y atreverse a hablar no es nada nuevo. Tú lo haces”, me respondió.

Pero le aclaro que yo no me atrevería a escribir un libro como En Busca del Orgasmo. Me dice que Me Too no tiene nada que ver con la publicación de su libro, pero que ve el movimiento como una forma positiva, en general, de proyectar una situación que ha pasando a lo largo de la historia del ser humano y que había quedado en muchas ocasiones a puerta cerrada: “Muchas personas se atrevieron a hablar del tema gracias al movimiento”, mencionó Natalia.

Lo que me pareció más valioso del libro fue entender más sobre la femineidad, del cómo pensamos los hombres y las mujeres. Considero que el lector va a descubrir muchas cosas de sí mismo que quizá no saben expresar o explicar, aunque las sientan, las disfruten o las sufran. Natalia me afirmó que su libro no busca héroes o villanos, trata de encontrar la esencia del ser humano. También dice no sentir desprecio por ninguno de los personajes que aparecen en su libro, pero algunos son despreciables.

Le pregunté cuál es la parte que más disfrutó de escribir su libro, y esto fue lo que me respondió:

“Conocerme, porque a través de entender mis experiencias, analizar al detalle mis relaciones personales, en especial las amorosas, lo que hice fue descubrirme. Entendí una cantidad de detalles que no sabía de mí misma, de mi relación con los demás y las fallas que pude haber tenido en esas relaciones”.

Y así lo creo, los lectores descubrirán algo de sí mismos leyendo las intimidades, ocurrencias y la honestidad de Natalia Bravo. A mí me pasó.

Natalia asegura que nosotros, los lectores de En Busca del Orgasmo, sufrimos, nos enamoramos, lloramos o, al menos, nos indignamos al leerlo porque eso es lo que ella hizo escribiéndolo: “moqueaba, caían lágrimas sobre la computadora. Recuerdo perfectamente la sensación que sentí al escribir cada capítulo del libro. Así como también me reí de mis propias barbaridades, de los análisis que hacía. Al releer esas conclusiones, porque son exactamente a las que llegué, las que pasaron me pasaron por la cabeza sin ninguna idea de ofender a nadie ni entrar en polémicas”.

“En Busca del Orgasmo” de Natalia Bravo está en pre-venta en Amazon.

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