MIAMI.- Bailó toda su vida, incluso bailó allí donde muchos le reprochan, donde pocos olvidan. Sin embargo, cuando bailaba, cuando solamente hacía arder el tabloncillo con su vuelo frágil y cubano, sensual y estilizado, Alicia Alonso era la expresión más sublime de la danza.

Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo, que a fuerza de constancia fundó una escuela de ballet que el mundo reconoce y respeta, falleció a los 98 años en un hospital de La Habana. Quienes la vieron bailar reverencian su destreza y perfección, pero muchos de quienes bailaron en su compañía han dicho que su ejercicio como directora era un reflejo de la tiranía castrista.

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Quizás uno de sus momentos más oscuros fue el hecho de que, junto a otros artistas e intelectuales de la isla, firmó una carta en apoyo al régimen cubano a favor del fusilamiento de tres jóvenes que intentaron secuestrar una lancha en Regla, La Habana, para huir a EEUU. El hecho se difundió en diversos medios en 2003.

Pero a pesar de su filiación política y de su apego a la revolución, prevalecen su técnica, el sello al bailar, la constancia en su trabajo docente y la excelencia de sus coreografías, méritos que la han convertido en un mito del ballet del siglo XX.

Coincide en estos aspectos el crítico Baltasar Martín, que conversó con DIARIO LAS AMÉRICAS acerca de la Prima Ballerina Assoluta, cofundadora del Ballet Nacional de Cuba.

¿Cómo fue su aproximación a Alicia Alonso?

Mi contacto con Alicia data desde niño. Mis padres me llevaban al ballet desde los 7 años. Tuve la dicha de verla en su esplendor, en todos los grandes roles. Nosotros no nos perdíamos ninguna actuación de Alicia.

Ya de adulto, en La Habana, yo tenía un grupo Arar, que se encargaba de vincular la arquitectura con el arte, y tuve la oportunidad de homenajearla en el año 93 por el 50 aniversario de su debut en Giselle. Ahí le leí un poema, me lo agradeció y fue muy lindo ese primer contacto con Alicia.

Cuando ya estoy en el exilio, esa admiración que siempre he sentido por ella, que sentían mis padres, y como verla bailar era un acontecimiento estético insuperable, me decido a escribir esta novela, que empiezo en el año 2009. Le hago llegar a ella y a su esposo los primeros capítulos; fueron de su agrado. A partir de ahí se estableció una relación amistosa. Yo fui a Nueva York en 2010 al homenaje que le hizo el American Ballet Theatre, la entrevisté en el hotel, me dio una entrevista muy linda que ahora reprodujo CNN.

Asistí a su cumpleaños 95 en su casa en La Habana, a la cancelación de sellos en su honor, y realmente quiero mucho a Alicia Alonso, por lo que significa para todos los cubanos.

¿Qué significa para los cubanos?

Alicia puso a Cuba en el mapa del ballet mundial. Cuba era un país famoso por el tabaco, el ron, la rumba, y Alicia nos pone en el mapa de la alta cultura y aprovecha la condición natural del cubano para el baile. A partir de su modelo, Fernando Alonso ha declarado que es cómo nace la escuela cubana de ballet, porque él se da cuenta de que Alicia tiene un modo diferente de bailar.

Fernando comienza a preparar a los bailarines en ese sentido y el mundo comienza a ver que los cubanos bailan diferente. Hay un regodeo en la pareja que no se ve en otras compañías. En el pas de deux el bailarín baila para la bailarina y la bailarina baila para el bailarín, como si el público no existiera. Los saludos finales se dan en personaje. Hay toda una serie de características de virtuosismo en la técnica del hombre, de la mujer, en el fouetté, en los pirouettes. Toda una serie de detalles que identifican a los bailarines cubanos. Al punto de que hoy tenemos bailarines cubanos en las principales compañías de ballet del mundo. Y todo eso se lo debemos a Alicia.

¿Cómo construyó su carrera?

En los años cuarenta es una estrella en Nueva York, es primera bailarina del Ballet Theatre, y abandona eso para ir a Cuba a fundar una compañía de ballet contra viento y marea, sin apoyo del Gobierno. A duras penas se logró que en el año 1949 se subvencionara al ballet de Alicia Alonso con 43 mil pesos, pero eso no alcanzaba. Tuvieron que hacer maromas, bailar con osos polares de la compañía cervecera Polar flanqueando el escenario.

Y cuando triunfa la revolución, las simpatías de Alicia por el socialismo hicieron que ella se incorporara completamente a la revolución. Ella estaba en Chicago, pero Fernando estaba en Cuba y Fidel le ofrece mucho más de lo que Fernando le pide. A partir de ahí no se limitó el apoyo para los vestuarios, para el decorado, para los teatros. Hubo un fortalecimiento de la compañía al punto de que en el año 70 se le da el Grand Prix de la Ville de Paris por su Giselle, o sea, empieza a tener reconocimiento internacional.

Usted prepara un libro sobre Alicia.

La primera parte del libro ya está terminada, cubre desde el nacimiento de ella hasta la muerte de su madre el 28 de julio de 1959, coincidiendo con los primeros meses de la revolución cubana. La segunda parte, que casi está terminada, es desde la muerte de su madre hasta el divorcio de Fernando Alonso, su primer esposo. Y la tercera parte abarca desde la boda con el intelectual cubano Pedro Simón Martínez hasta la fecha de su muerte. Ojalá que esta primera parte del libro pueda ver la luz el año que viene en su centenario. Es un granito de arena que para la Historia quede todo su esfuerzo, su sacrificio. Alicia se queda casi ciega muy jovencita. Primero pierde la vista de un ojo, aprende a bailar así, después pierde la vista de los dos ojos y aún así sigue bailando.

Siempre digo que Alicia es un milagro. Es un misterio cómo Alicia pudo bailar ciega. Ella lo ha declarado, que cuando recuperó un poco la vista después de la operación en Barcelona, en 1972, que ella vio sus videos, se admiraba y decía: “ahí no veía nada”. Te maravillas cómo cae en el justo lugar donde está el bailarín esperándola.

Me siento privilegiado de haber podido conocerla, verla bailar y estar escribiendo esta novela biográfica sobre ella. Siempre digo que Alicia es la diosa terrena de la voluntad. Y bailó hasta los 71 años, decorosamente, hasta que ya decidió retirarse por respeto al público y sus compañeros, pero ella decía que seguía bailando en su mente y con las manos.

Era una maestra del estilo. Porque hay bailarinas que bailan Coppelia igual que Giselle, y ella era muy exquisita en que los bailarines no bailaran todo igual, que tuvieran en cuenta el estilo de cada ballet. Fue una maestra obsesiva en que, además de bailar técnicamente de la manera más brillante, bailaran en personaje. Ella era una actriz, y cuando ves la locura por Giselle de Alicia, yo, particularmente, que la he visto cientos de veces, siempre lloraba. Alicia era Giselle, era la joven bailarina traicionada por Albrecht, y te dabas cuenta de que no estabas viendo una interpretación fría, sino que ella estaba sintiendo el drama de Giselle.

Ves la Carmen de Alicia y es una cosa completamente diferente a Giselle. Es la gitana sensual, que no es vulgar, es ese justo medio entre el coqueteo sensual pero a la vez femenino y elegante.

Se impone el tema de su apoyo a la revolución comunista.

El legado de Alicia desde el punto de vista artístico es tan trascendental que el hecho de que ella simpatizara con las ideas comunistas y que apoyara a la revolución de Fidel pasa a un segundo plano. Ella fue coherente en el sentido que desde joven simpatizaba con las causas socialistas entendiendo el socialismo como la causa de los humildes, de las personas con menos recursos. Por eso ella se esforzó porque el ballet llegara a las montañas.

Creo que ella sí creía en eso de veras, que estaba absorta en el mundo del ballet y quizás no se dio cuenta de cómo el comunismo estaba destruyendo el país. Pero eso son conjeturas. Hay una obra tangible en ella que es lo que los cubanos debemos agradecer.

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