viernes 27  de  enero 2023
LETRAS

Novela en Miami muestra las peripecias de los indocumentados

La novela "Callejeros" es una torre de Babel marginal que se desvela entre las sombras de Miami, la ciudad del party, los yates, el mall y la playa

Diario las Américas | GRETHEL DELGADO
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI.- "Es el año 2002 y Martín toma un vuelo de Lima a Miami con un boleto solo de ida”, se lee en la contraportada del libro Callejeros, de Pedro Medina León (Sudaquia Editores, 2021).

Como se agrega en la nota, “su panorama es poco claro: no son vacaciones, huye de una profesión que no le interesa y de problemas familiares, y una de las pocas convicciones que lo mueven es hacerse escritor. Martín sabe que Miami no es una ciudad literaria, pero sí un lugar donde pasar una temporada trabajando (sin documentos) mientras define su camino”.

Este libro, que el autor identifica como “un híbrido, un falso diario novelado”, es parte de una trilogía que se completa con la novela Marginal y el conjunto de relatos La chica más pop de South Beach. Este último libro, que contiene varios de los personajes que se desarrollan en Callejeros, es otro viaje al interior de un Miami sórdido y a la vez enternecedor.

En las calles de Miami

Todo comienza en un coin laundry y con una visita a un efficiency, en compañía de una botella de ron recién traída de Cuba. Martín insiste en cambiar el rumbo de su vida, y lo hace de la manera más drástica, dejando atrás su país, su habitación, sus libros y su silla de leer. Ahora, frente a un montón de platos por fregar, encuentra ficciones y tejidos literarios que lo salvan de la cruda Miami, al tiempo que se aventura a describirla sin atavíos, pero con un amor profundo.

A través del Spanglish, o “el idioma” miamense de los usos deformados, el autor se mete en la piel de peruanos, cubanos, venezolanos, y camufla el lenguaje para mostrarnos los coloquialismos de cada grupo de inmigrantes, en una especie de arreglo musical donde los acentos y las palabras de la calle se combinan con un inglés chapurreado. Logra mostrar así el color y el sonido de Miami, que no es solo salsa, timba y reguetón, sino una torre de Babel marginal que se desvela entre las sombras de la ciudad del party, los yates, el mall y la playa.

En este escenario que parecería poco fértil para ficciones, por aquello de que andar por las nubes no paga los billes, la literatura se convierte en un espacio de sedición peculiar para Martín y sus amistades. De ahí que no demore en acercarse a Wild Cat y Lasticön, editores de la revista Revólver, creada “con el propósito de reivindicar la literatura de Miami y su tradición Noir Tropical”, sobre todo con la idea de que escribir en español en EEUU es “un hecho subversivo”. De este modo el autor abre un sitio en su historia para insertar Días de ficción, texto escrito por su personaje Martín, una suerte de making off de una travesía, un libro dentro de otro libro.

Callejeros sucede en el espacio de la memoria y en la realidad, aunque a veces pareciera que esa realidad —en la que Martín trabaja como un perro para que al final no le paguen y encima le roben la bicicleta— es un espejismo, un mundo de ensoñación, palabra que, no nos engañemos, no debería parecerse a sueño, y menos a americano.

Debido al tono autorreferencial, de diario, donde prima el desenfado, parece que uno lee una crónica, un discurso fluido que hace que la lectura sea un deslizarse sobre el hielo. El libro, con trozos de aquí y de allá, de materiales secundarios como los artículos de la revista Revólver, es en sí mismo un cuerpo trasplantado y que añora lo inasible, con una banda sonora que, a modo de exergos o entre los diálogos, nos va recordando a cada rato que vivir es estar en situación de peligro, al lado del camino, con frío y lejos de casa.

Los callejeros de Medina buscan que la esperanza alcance hasta fin de mes, trabajan para conseguir un sitio donde estar bien, o al menos donde estar, así sea un colchón en el suelo de un rinconcito del legendario Coral Gables. Este es el submundo de los efficiencies, del transportation, del ‘trabajo por la izquierda’, el coin laundry a medianoche, la comida rápida y el refill de Coca Cola; y es, esencialmente, un lugar donde no hay tiempo para frases largas.

En Callejeros la ciudad se desnuda en manos del escritor, que le quita los velos del paquete turístico, levanta su falda de postalita de South Beach, rasga con fuerza su chaqueta de empresario bien, para enseñarnos los matices más crueles. Miami es también el rostro ojeroso de un mesero indocumentado que toma una foto a una pareja en la mesa de un restaurante.

Medina indaga, porque la conoce, en la nostalgia del país natal, de ser “desvergonzadamente felices”, y también en la tristeza crónica del indocumentado, explicada entre historias y definiciones, como esta del efficiency: “una manera sofisticada de definir una habitación con capacidad para una persona en la que viven cuatro o cinco”.

O esta donde la vida del inmigrante queda retratada: “Antes de subirnos somos seres completamente diferentes de los que somos cuando nos bajamos. Los días previos a la partida, uno es el centro de atención, una suerte de tipo valiente, rebelde, con las agallas de ir a buscarse la vida a otro lugar. Cuando aterriza es solo un rostro más. Un rostro más de esa pirámide social invisible que es el estrato de millones de indocumentados, que pedirá una oportunidad en cualquier restaurante o tienda en el que cuelgue el cartel de Help Wanted”.

Callejeros es el relato conmovedor de un inmigrante en su soledad, con sus pequeños gestos invisibles, sus libros, su equipaje, un anónimo que trabaja turnos de 15 horas y apenas tiene tiempo para conocer la ciudad donde vive más allá del Wendy's y el Winn-Dixie. Pero ahí están los tesoros de Miami, y el autor se encarga de mencionarlos: el Museo Vizcaya, la Biblioteca Pública del Downtown, la Oficina de Correos de Washington Avenue en Miami Beach, el Museo de Historia…

Este es un libro que, leído en Miami y conviviendo con su tempo alucinante, logra acercarnos a certezas que de algún modo sabíamos y que ahora aparecen escritas. Y si la lectura es en noviembre o en diciembre, pues ya se le rompe a uno el corazón cuando llegan las fiestas y Martín ni siquiera sueña con celebrar Navidad con su familia, sino solo en una mesita del Taco Bell. Callejeros es una historia donde muchos se pueden encontrar.

El autor habla sobre su obra

Medina León (Lima, Perú, 1977), pertenece al llamado New Latino Boom. Su novela Varsovia ganó el Florida Book Award 2017 y es autor de los libros Mañana no te veré en Miami, Marginal, Tour: una vuelta por la cultura popular de Miami, Americana, La chica más pop de South Beach, y Callejeros. Ha editado las antologías Viaje One Way y Miami (Un) Plugged.

Es fundador y editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones. Ha participado en la creación de los programas Pido la Palabra #CuentoManía, Miami Film Machine, Miami Literario y Escribe Aquí (con una beca Knight Arts Challenge por la Knight Foundation Center). Es conferencista en temas de historia y cultura popular de Miami para el Florida Humanities Council. Estudió literatura en Florida International University y en su país Derecho y Ciencias Políticas.

- ¿Cuánto de Pedro Medina hay en Martín?

Hay muchísimo. Todo lo que rodea a Martín es prácticamente ficción, de hecho Martín también lo es, pero Martín es un vehículo que utilicé para expresar mis reflexiones personales sobre el difícil contexto de ser inmigrante durante los primeros meses de llegada al nuevo país. Pero de hecho, defino a Callejeros como mi libro más personal, más íntimo, por lo de Martín. Es el único de mis libros donde juego con lo autobiográfico.

- ¿Qué hacías en Perú antes de venir a EEUU, en qué año llegaste?

Estaba en el último semestre de la carrera de Derecho. El problema era que, un par de años antes, me había dado cuenta que lo que quería escribir eran novelas y cuentos y no escritos judiciales (son un espanto). A Miami llegué en el año 2002. ¿Qué trajiste a Miami cuando viniste con 19 años, qué recuerdas de tu equipaje? Traje poco realmente. Un par de jeans, un par de zapatos, una que otra camisa. También traje algunos libros: Bryce Echenique, Cabrera Infante (llegué leyendo La Habana para un infante difunto y hasta ahora conservo el libro), La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, y Alberto Fuguet. Traje un estuche con CD's de Calamaro, Bob Marley, The Clash.

- ¿Por qué la salida del país fue “un viaje hacia adentro”, salir para encontrarte?

Tal cual lo dices. Fue complicado porque, como te menciono arriba, estaba a meses de terminar la carrera, pero no quería saber nada con esa carrera. Mis padres querían, al menos, cerrar ese capítulo, entonces les dije que me iría por seis meses, porque quería organizar mi cabeza. Eso era mentira, yo lo sabía, nadie más, quería irme y encontrarme como escritor y persona, porque si vas a dedicar tu vida a ser escritor, vas a dedicar tu vida a ser una

persona muy distinta a un abogado. Entonces me fui con muchas dudas y temores, muchas interrogantes y una única certeza: necesitaba largarme de Lima sí o sí.

- Trabajas en un banco, ¿cómo haces para escribir, cómo organizas el tiempo para llevar además las tareas editoriales?

Por ejemplo: esta semana he tenido que poner el despertador, tres veces, a las 3:35AM para estar a las 4AM trabajando en la literatura. Hasta las 7AM. Siempre estoy buscando el espacio para la literatura, todos los días le dedico tiempo, es mi prioridad, tengo un hijo de dos años, al que me toca cuidar todas las tardes, de 7PM a 9:30PM, en que mi esposa sale a clase. Por suerte Matías se duerme temprano, así que ahí tengo dos horas fijas, de lunes a viernes para la literatura.

Coméntame brevemente de Suburbano Ediciones, ¿cuándo nació?

Nació hace doce años, aproximadamente. Empezó como un blog personal, donde escribía pequeñas notas sobre la ciudad o culturales y ahí empezó a sumarse la gente, de la nada, y fuimos armando equipo con Gastón [Virkel] y Hernán [Vera Alvarez] y uno que otro que se bajó del bote ya. En el camino fuimos conociendo muchos escritores talentosos, con libros buenos sin posibilidad de publicarlos, pero que merecían ser publicados, y así fue como decidimos armar el sello editorial #SEd.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar