domingo 22  de  febrero 2026
ENTREVISTA

Patricia Ramos: "El techo tiene mucho de soledad y concordia"

La cinta, que la directora cubana filmara en las azoteas cubanas, se exhibe en el Miami Film Festival
Diario las Américas | LUIS LEONEL LEÓN
Por LUIS LEONEL LEÓN
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MIAMI.-Desde que pensé esta historia la imaginé con el pie forzado de contarla sobre azoteas. El techo habanero es un lugar donde se desarrolla otra vida, la gente usa sus techos para criar palomas, tender ropas, o descansar simplemente de una casa estrecha o el agobio cotidiano. Un espacio visual muy rico”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS la directora Patricia Ramos, a propósito de su primer largometraje de ficción, El techo, cuyo estreno internacional tuvo lugar este viernes 10 de marzo en el Tower Theater de la Pequeña Habana, y podrá verse otra vez el domingo 12 a las 6:30 p.m. en el Regal de South Beach, dentro del Miami Film Festival.

El techo narra la historia de tres jóvenes amigos que se reúnen en una azotea habanera para contarse historias y sueños, haciendo simplemente que el tiempo pase. Pero un día, para intentar trascender el aburrimiento y conquistar su anhelada prosperidad, deciden armar un negocio propio casi sin recursos.

Los personajes de esta película están todo el tiempo en El techo. Sienten y miran sus vidas y su ciudad desde arriba, sin poner los pies en las calles aunque sus corazones estén anclados al suelo.

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Los actores Andrea Doimeadiós, Jonathan Navarro y Enmanuel Galbán.
Los actores Andrea Doimeadiós, Jonathan Navarro y Enmanuel Galbán.

¿Por qué esta metáfora inusual en el cine cubano?

Hay varias películas cubanas que han usado las azoteas para algunas escenas, pero no como un recurso extremo. Me encantaba el hecho de estar en el techo con todos los significados posibles. Lo más importante no sólo era descansar la visualidad sobre el techo, sino no acudir a otro espacio exterior, a las calles, por ejemplo. De ese modo, la azotea está a medio camino entre el exterior y el interior, porque es mucho más reservado que un exterior, como una calle, y está cercano al interior teniendo en cuenta que es su techo. El hecho de que los protagonistas no tocaran el suelo, que estuvieran en una especie de limbo visual suspendidos en el tejado y en el tiempo, me parece hermoso. El techo es un horizonte para estos muchachos, donde no se termina de pisar tierra nunca. Como los sueños, quizás.

La película fue filmada en azoteas cercanas a la esquina de las calles Soledad y Concordia en Centro Habana. ¿Cuánto de esos sentimientos que son la soledad y la concordia hay en esta historia?

Buscamos más de 70 locaciones y al final nos quedamos en el barrio de Cayo Hueso. Era el mejor espacio para la película, y coincidentemente también es uno de los barrios habaneros más conectados con la cultura nuestra. La verdad nunca hice la relación entre los nombres de mis locaciones y la historia, pero es curioso, mucho tiene de soledad y concordia mi película. Soledad porque es un sentimiento que ronda a los personajes, la gente que se marcha, las pérdidas irreparables. Y la concordia porque creo es un sentimiento que prevalece más allá de cualquier desazón.

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La cineasta Patricia Ramos.
La cineasta Patricia Ramos.

Los personajes se mueven en una Habana real, desgastada, no edulcorada, y en ellos, a pesar de todo, se siente esperanza. ¿Qué aspira a ser El techo en ese sentido?

Es una historia sobre sueños, sobre la posibilidad de soñar, así que hay una combinación de desesperanza y esperanza. Es una obsesión mía, porque uno se pasa la vida soñando, y de paso, sufriendo su poco. Me siento identificada con los personajes, desde Anita que es la concreción, la soledad sin queja, hasta Vito, para el que todo es posible. De tanto soñarlo, El techo realizado es mi propio sueño hecho realidad. Uno de mis días más felices fue cuando tuve frente a mí a todos los actores que darían vida a los personajes que había creado. Me sentía como una madre abundante que había parido un montón de vidas. Quisiera que la gente disfrutara la película. Llega un momento que las historias dejan de ser de uno y caminan solas, pasan a ser de todos. Si El techo lograra esa independencia, podré ser una orgullosa madre de techo.

El cine cubano no apela mucho a los exteriores, o no suele apelar tanto como sucede en sus cortos y sobre todo en El techo. ¿Por qué esta estética?

Creo que tiene que ver conmigo, algo intuitivo, quizás, que me hace escribir historias con muchos exteriores. En el caso de El techo, es casi un exceso, pero responde a una intención estética y metafórica. Cuando estaba filmando, con el sol sobre nosotros, machucándonos, literalmente, por momentos me dije que la próxima historia la escribía sólo en interiores. Pero, bueno, ya estoy arrepentida de ese comentario. Creo que El techo se apoya en esa visualidad, y gracias a ella ofrece una singularidad, una manera de contar aprovechando las posibilidades que ofrecen los espacios hasta el máximo posible.

Igual sucede con la luz natural. ¿Qué le hace explorar este recurso?

Sí, el uso de la luz natural acompaña esta historia. Desde el inicio, con Alan, el fotógrafo, siempre la imaginamos así. Una historia contada sin grandes artificios, aprovechando la luz y manipulándola a nuestro favor siempre que fuera posible. Además de que filmamos en azoteas, que aunque estaban en buenas condiciones, no podíamos llenarlas de exceso de aparataje cinematográfico, luces, tramoya. Por cuestiones prácticas, el peso sobre las azoteas, y de tiempo, preferimos siempre aprovechar las condiciones de la luz natural.

Mientras filmaba El techo, al mismo tiempo se rodaba en La Habana Rápido y Furioso 8. ¿Cómo fue trabajar en medio de aquella singular y aparatosa coincidencia?

Coincidimos en tiempo y barrio. Sabíamos su plan de rodaje y obviamente nos ajustamos a ellos. Hasta nos adelantamos unos días para ganar tiempo sin helicópteros sobrevolándonos. Hubo un día en que teníamos parqueados nuestros carros y ellos todo su parque de vehículos en la misma calle Concordia. Estaban filmando en el Callejón de Hamel, a unas cuadras de nosotros. Fue una experiencia ver todo ese despliegue de producción frente a nosotros, que desconcentra a cualquiera. A pesar de la prevención hubo dos momentos en los que tuvimos que parar completamente y esperar. Los helicópteros nos sobrevolaban, los filmamos incluso. Al final, alguna huella quedó más allá del recuerdo. En mi película hay un plano que lo llamo ‘rápido y furioso’ porque tuvimos que esconder con arte el cartel de Hollywood Trucks que se veía a lo lejos sobre un camión. No obstante, en ese mismo plano, más atrás, quedó el techo blanco de uno de sus camiones. Cada vez que lo veo, inevitablemente los recuerdo.

Contar una historia con una perspectiva joven, incluso siendo joven, suele ser complejo, pues es la juventud quizás la etapa menos atrapable de la vida, por sus cambios constantes y su mirada única. ¿Qué fue lo más difícil de esta película?

Creo que ese es el gran reto de los que contamos historias. Intentar atrapar un trozo de vida y desde ahí, sintetizar y comunicar una determinada visión a partir de una historia. Lo más difícil fue contar, en poco tiempo, una historia con la complejidad innata del espacio. Y lo más fácil, creo que fue el trabajo con los actores más jóvenes, muchachos con los que disfruté mucho trabajar por su gran entrega y profesionalismo.

Muchísimos cubanos, que saben qué significa una azotea de La Habana, viven en Miami. ¿Qué expectativas tiene con el estreno internacional en esta ciudad repleta de exiliados?

Me siento muy afortunada por tener la oportunidad de hacer el estreno internacional en Miami. Ha sido una coincidencia muy feliz, sobre todo porque de Miami, y de los amigos y familias que han emigrado, se habla en mi película. Miami, como La Habana, son ciudades de referencia para todos los cubanos. Así que si la gente disfruta El techo, voy a ser muy feliz.

El techo será proyectada este domingo a las 6:30 p.m. en el Regal de South Beach.

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