MIAMI.- La pandemia desatada en China ha conducido al miedo, al estupor y a una inesperada y profunda inmersión en la soledad, que conlleva angustias, desvelos y ausencias. Desde ese aislamiento forzoso emergen las fuerzas emocionales que gravitan en el libro Desde el balcón de mis desvelos: poesía en confinamiento (Gálamo Centro Literario, 2021) de Anna Silvetti (Barcelona, España, 1957).

Sin lugar a duda, el vivir en el inusitado encierro, ha facilitado una explosión creativa, que ha ido más allá de una vía de escape como sobrevivencia, para avivar un inesperado acontecimiento creativo con valiosos resultados.

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Anna Silvetti, que ha publicado algunos relatos en las redes sociales y ahora este libro de poemas, es una extraordinaria actriz de teatro, televisión y cine, que ha hecho su carrera fundamentalmente en México. Su incursión en la literatura (la poesía de momento) extiende aun más su exitosa carrera.

En Desde el balcón de mis desvelos, Silvetti centra sus poemas en un confinamiento más emocional que físico (aunque uno es consecuencia del otro). La autora canaliza la desolación en la que se ha sumido casi todo lo vital, refugiándose en la evocación de amores, la ausencia real de otro cuerpo, la compañía íntima: “Ganar terreno despacio hacia el centro, al menos/ para sentir que todo el vacío es mío”. La autora resalta como su peor carencia el contacto físico y humano: “en este extraño presente/ beber nuestro aire/ y sentir nuestro aliento/ resulta prohibido”. Los poemas hacen alusiones a la rutina de vida, a través de espacios desocupados, deseos contenidos y amores apacibles. Ese es el encadenamiento emocional de la mayoría de los 42 poemas que integran el libro, siendo el último un poema en prosa.

Los textos de Desde el balcón de mis desvelos, tienen en muchos casos, una estructura basada en la repetición rítmica de algunas palabras, que permiten reforzar la cadencia interna de los poemas, mientras acentúan la energía propia de la idea que se desea manejar: “¡Qué pena me dan las palabras!/ Palabras en desuso/ palabras olvidadas/ palabras que callamos”. Todo ese engranaje apasionado y literariamente logrado, da paso a versos escuetos, sin aspavientos, aparentemente ingenuos, incluso algunos caprichosamente simples, pero muy hermosos: “Voy a peinarte con mis manos de espuma”.

Resultan poemas tan diversos, en los que acuden sacudidas como el recuerdo de un viaje al Caribe, o las tentaciones que evoca saber que es Viernes: “Y tiene que ser viernes porque luego,/ el sábado y domingo serán nuestros”. Otros como Conversación, Extrañarte, Sola y Luna llena, parecen partes de un todo de urgencia creativa y agudo acercamiento a través de las palabras. Un libro apacible que conduce a largas jornadas mirando y reflexionando, mientras todo ocurre desde el balcón de mis desvelos.

En la presentación la propia autora define la esencia de su libro: “Escribo por necesidad. Para no olvidar mi historia, ni lo que pienso y siento a cada paso del camino […] Escribo para alentarme, para reinventarme, o tal vez, porque no tengo a quién contárselo”.

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