lunes 8  de  junio 2026
MÚSICA

Renato Siebert, el oído de un chileno que apuesta por el talento antes que nadie

En Chile lideró y organizó múltiples conciertos en la ciudad de Concepción junto al IDAM, el Instituto De Artes Musicales de Concepción

Por Alexandra Sucre

MIAMI.- A los siete años, Renato Siebert ya cantaba y se sentaba frente al piano y la guitarra dentro de los proyectos musicales de su colegio en Chile. Todo parecía indicar que su lugar estaría sobre el escenario. Sin embargo, fue precisamente ese contacto temprano con la música el que terminó revelándole, años después, que su verdadero talento no era ser artista, sino reconocer a quienes sí lo eran.

"En mi adolescencia me adentré más de lleno en desarrollar una carrera como artista y fue cuando me di cuenta que no era lo mío, no me gustaba la presión de los ensayos, de escribir y ser creativo forzosamente, aun cuando uno no se siente inspirado", recuerda. Esa franqueza consigo mismo marcó un giro decisivo. En lugar de forzar una vocación, empezó a observar la industria desde afuera y descubrió que era mucho más vasta de lo que imaginaba. "En un principio, yo pensaba ingenuamente que la industria musical se conformaba de artistas, de música, y ya", confiesa. Lo que encontró fue un universo de oficios silenciosos, donde alguien tiene que escuchar primero.

Y escuchar fue, desde siempre, su don. "Siempre tuve muy buen oído para identificar talento", afirma, y asegura que muchas veces sentía que podía "predecir" a artistas exitosos antes de que el resto los reconociera. Esa intuición no se quedó en lo abstracto: estando en Chile lideró y organizó múltiples conciertos en la ciudad de Concepción junto al IDAM, el Instituto De Artes Musicales de Concepción, una de las academias más prestigiosas de la zona por la que han pasado artistas como Nico Ruiz. Allí comenzó a entender que su rol no era brillar, sino construir las condiciones para que otros brillaran.

Cuando terminaba el colegio, tomó una decisión arriesgada: estudiar fuera. Postuló a una sola universidad, Berklee College of Music, considerada la número uno del mundo en estudios musicales contemporáneos. No solo lo aceptaron, sino que en tan solo su segundo año, le otorgaron una beca del 50%. Así llegó a Boston a cursar Music Business & Management, una carrera que completó en 2025 con un promedio de 3.80, el reconocimiento de la Berklee Thrive Scholarship y varias menciones en el Dean's List.

Fue en el primer semestre cuando comprendió las reglas no escritas del negocio. "Es una industria a base de contactos", sentencia, y agrega que entrar a ese mundo laboral exige experiencia previa en casi todos los casos. Su respuesta fue una campaña incansable de correos en frío que terminó abriéndole su primera puerta: una práctica como A&R Intern en la empresa de publishing de Sheppard Solomon, compositor detrás de éxitos como Touch of My Hand de Britney Spears, I Hate Myself for Losing You de Kelly Clarkson, Tell Me A Lie de One Direction y Not In Love de Enrique Iglesias. Allí afinó su oído no solo para los artistas, sino también para compositores y productores, colaborando en demos que se enviaron como maquetas para proyectos de Calvin Harris y David Guetta.

Esa primera experiencia funcionó como llave maestra. Berklee notó sus aportes y lo nombró Talent Relations Ambassador en su Career Center, un rol desde el que llegó a presentar a más de veinticinco artistas a oportunidades externas y a tejer vínculos con líderes de la escena urbana latina, proponiendo incluso teloneros para figuras como Duki. En paralelo, cofundó y ejerció como tesorero del Latin Management Club de Berklee, un espacio dedicado a formar a jóvenes entusiastas como mánagers y desarrolladores artísticos, emparejarlos con talento emergente y cerrar cada temporada con un concierto que diera visibilidad a esos proyectos ante una audiencia real.

Las prácticas se sucedieron en cadena. En NOX Media trabajó en marketing y brand partnerships gestionando redes y reportes mensuales para clientes de la talla de Usher y Davido; como A&R Scout en el3ment ayudó a hacer crecer la plataforma en más de un veinticinco por ciento mientras sembraba colaboraciones entre el talento; y desde 740 Project coordinó calendarios y auditorías de contenido para varios clientes a la vez. Pero el punto de inflexión llegó con Rimas Music, donde se incorporó como Artist Relations / Marketing Intern dividiéndose entre Boston y Ciudad de México.

Su tarea más ambiciosa fue dirigir, como project manager por el lado de Rimas, un songwriting camp realizado en Panoram Studios junto a Dale Play Records, que reunió a más de cincuenta artistas y manejó un presupuesto cercano al medio millón de dólares. "Fue en esta experiencia donde aprendí muchísimo sobre el manejo de presupuestos, logísticas, organización de proyectos, delegación de tareas, liderar un equipo, y entendí mi más valioso diferenciador: la intersección entre el marketing y el A&R", relata. De aquel campamento salió con algo más que aprendizajes técnicos: salió con una tesis profesional. Hoy, esa tesis la pone en práctica desde Miami como Manager de Label Management en The Orchard, la división de distribución de Sony Music, donde lidera relaciones con sellos latinos, estrategias de lanzamiento y resolución de conflictos de derechos en las principales plataformas digitales.

Cuando se le pregunta cuál de todas sus áreas prefiere, la respuesta es inmediata y, a la vez, matizada. Le gusta el A&R por encima de todo, pero advierte que el oficio ya no se sostiene solo con el oído. "Para mí, ser un buen A&R ha conllevado combinar distintas áreas de expertise. Un buen A&R no solamente tiene oído, sino que tiene un buen entendimiento de redes sociales, trends y estrategias de contenido", explica. Ahí está, para él, la grieta que muchos de sus colegas no se atreven a cruzar. "Creo que muchos A&Rs evitan involucrarse en marketing y esto es algo que a mí me destaca", sostiene, y se define como un profesional de servicio amplio que acompaña al artista sin sentir que hace de más, porque le interesa entregar el trabajo más completo posible.

Esa generosidad tiene raíces en una idea muy concreta de sí mismo. "Soy una persona con corazón emprendedor y trabajador", dice, alguien que insiste en el equilibrio entre la vida personal y la profesional como un complemento y no como una concesión. La humildad, asegura, ha sido su brújula: "Aceptar no ser públicamente reconocido por ciertas contribuciones hace que ayudar a los artistas sea más genuino, plenamente por pasión y no por interés".

En un ámbito que suele celebrar a quienes ocupan el centro del escenario, Renato Siebert reivindica el valor de quien escucha primero, conecta los puntos y empuja desde la sombra. El A&R, parece decir su trayectoria, no es un cazador de canciones perdido en el pasado del negocio, sino una pieza estratégica que hoy combina intuición, datos y narrativa digital. Y si la apuesta de este joven chileno es acertada —como tantas veces lo ha sido su oído—, el futuro de la música latina dependerá tanto de quienes la cantan como de quienes saben reconocerla a tiempo.

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