Una de las ventajas de que el propio autor haga una antología de su obra, es indicio de que para el escritor esos son los textos que desea que se recuerden. Ese parece ser el propósito de Sin ton ni son, antología personal (Ediciones Entre Líneas, 2019), de Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945).
El libro es una selección de sus cinco cuadernos de poesía publicados en Cuba entre 1976 y 1993; sin duda un largo período de 25 años; además, incluye poemas de otros dos libros que estaban pendientes de edición. Todo parece indicar que Félix Luis, como se le conoce en el ámbito literario, ha querido dejar en orden únicamente su poesía insular, pues tras salir de Cuba hacia México en 1995, continuó con su labor de poeta con libros importantes como La patria es una naranja (2010).
De su primer poemario, Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David, 1976), solo dejó tres poemas (parte de ese largo título es el escogido para su antología personal). Del siguiente, Prefiero los que cantan (1988), fue más generoso, seleccionó 30 poemas. De otros, Cada día muero 24 horas (1989); Y me han dolido los cuchillos (1991) y Poemas de amor y de olvido (1993) distinguió variados totales. Lo importante es que permite apreciar la evolución y el carácter de una poesía marcada por el coloquialismo, versos largos y estructuras que no pretenden trazar caminos, sino seguir rutas probadas, donde sus poemas se sitúan con distinción.
Requeriría un estudio profundo y comparativo para poder entender qué poemas y cuántos quedaron fuera, de hecho, al tratarse de poemas expurgados de 5 libros, bien podrían constituir todo un nuevo volumen de lo excluido.
En la introducción, el académico José Prats Sariol menciona el poema De noche a punto de llover, como “uno de los mejores de toda su obra”, y sin duda lo es, incluso añadiría un poema digno de aparecer en cualquier antología de la obra de Félix Luis Viera. El texto posee una narrativa interna, erótica y melancólica, en la medida que se espera la llegada del aguacero.
La poesía de Félix Luis Viera posee una fuerza interior vertiginosa, que abre y cierra momentos muy concretos, a veces, en apenas al leer un solo verso: “el vacío es andar con el epitafio entre los brazos”; una combinación letal donde de repente converge el vacío, el andar y el epitafio.
Como el libro constituye una antología, se hace más engorroso echar miradas individuales, aun así hay poemas que marcan, como Elegía final: “Mejor, padre, pienso que morir/ es como dar un mágico brinquito, irse/ cuando hacía falta llegar”. En Escrutinio de la soledad, poema de madurez y pregunta, el poeta escribe: “La soledad no es el vacío,/ el vacío es el laberinto donde el hombre se adentra”. Más adelante añade: “La soledad son los objetos/ que solo uno mismo puede tocar y una guitarra”.
Sin ton ni son, es más que una selección personal, un amplio muestrario del legado de un poeta que conoce muy bien el laberinto de las palabras.
Félix Luis Viera además de poeta es cuentista y novelista. Destacan sus libros Precio del amor (1990), Un ciervo herido (2002) y El corazón del Rey (2010)