MIAMI.-Su madre, bailaora; su padre, coronel de la Marina. Ella, una embajadora del flamenco que habla con los pies, con las manos, con los vuelos de su vestido, el garbo de sus pantalones y desde la profundidad de su mirada. Sara Baras es pura pasión. Ha llenado los escenarios más prestigiosos del mundo y, como dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS, cada uno de sus espectáculos “va directo al corazón”.

La bailaora y coreógrafa trae su espectáculo “Sombras” a la edición número 12 del Festival de Flamenco de Miami, del 13 al 17 de marzo en el Adrienne Arsht Center, al que se espera que asistan unas 40.000 personas. El festival es presentado por Knight Masterworks Dance & Knight Foundation, además de RIU Hotels & Resorts. Esta cadena hotelera fundada en Mallorca, España, en 1953, patrocina el evento como parte de sus acciones para difundir el arte en Miami.

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“Tiene una energía muy bonita porque celebra los 20 años de compañía, dándole una lectura nueva a todo lo que hemos aprendido durante este tiempo. La música está a cargo de Keko Baldomero [guitarrista], con una colaboración especial de Ara Malikian [violinista], y también hay elementos diferentes a lo que hemos tenido en la compañía, como la escenografía, que es la pintura de Andrés Mérida, con garabatos basados en nuestro baile”, explicó sobre el espectáculo, que abre con una farruca y tiene distintos palos de flamenco.

Asimismo, indicó que se trata de “un espectáculo muy especial, con un colorido y una variedad importantes. Hay palos de flamenco muy antiguos pero hechos por corazones de hoy”.

Baras (Cádiz, 1971) debe su acercamiento al flamenco a las clases de su madre, Concha Baras, con la cual dio sus primeros pasos en la danza con apenas 8 años de edad. Como nos contó, “a la persona que le debo todo es a mi madre, que me enseñó a querer este arte. Lo tenía en casa”.

Tras una serie de presentaciones, la joven bailaora fue haciéndose de un nombre en la escena española e internacional. Ha llenado los mejores teatros del mundo gracias a la intensidad y el compromiso con una labor artística a la cual se entrega en cuerpo y alma. Como afirma la bailaora, al salir a escena siente la misma emoción que cuando estrenaba el primer espectáculo de su compañía Ballet Flamenco Sara Baras, en 1998.

“Cuando empezaron los técnicos a montar la escenografía y sacar el vestuario recuerdo que no paraba de llorar, porque era mi sueño poder montar una compañía. Me siento orgullosa de nunca haber bajado la guardia, de tener ahora la misma ilusión que tenía hace veintitantos años. La primera función fue en el Auditorio de Murcia, y la verdad que la recuerdo con un cariño especial”, confesó.

Los merecidos galardones por su trayectoria no se han hecho esperar. Atesora reconocimientos como la Medalla Nacional de Oro de Danza de Andalucía, la Medalla de Vermei de Francia de la Villa de París, la Medalla de Oro en las artes del Centro Kennedy y el Premio Nacional de Danza de España, entre otros. Además, ha colaborado en numerosos proyectos filantrópicos en apoyo a los niños y a los enfermos.

El palíndromo en su nombre le hace justicia a la integridad artística de Sara Baras; por donde quiera que se le mire hay fuerza y pasión por el flamenco. No teme ponerse los pantalones e interpretar una farruca, un palo de flamenco que suelen bailar los hombres. Entiende de penas y júbilo, y entrega todo lo que tiene a su público.

Como lo define la propia Baras, “el flamenco no entiende de fronteras, va directo al corazón. Da mucho orgullo pensar que a veces lo compartes con gente que tiene una cultura distinta, otra lengua, otras costumbres, y sin embargo te entienden, te sienten. Es algo muy bonito”.

El flamenco, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO, es una representación de la vida misma, con sus alegrías, sus traiciones y la poderosa energía que transmite. Todo eso y más se siente en el zapateo magistral de la artista.

Cuando la gaditana taconea, vibran el tabloncillo y los corazones, pues el flamenco es una experiencia colectiva, una fiesta, un duelo, un apasionado encuentro donde temperamento y poesía se besan, luego se pelean y, heridos, se vuelven a besar. Es teatro, es un ritual donde el espectador padece, cada uno a su manera, esos dolores que repican en el escenario, esas palmadas que laten, los giros que dibujan caprichos en el aire, el oleaje seductor de las faldas. Es música; sus pies vuelan, se afincan en el suelo, componen, dibujan, hablan.

Sara Baras sale a escena y ocurre la magia. Y a ese acto irrepetible donde músicos y bailaores desnudan sus almas están invitados quienes estén por Miami en estos días de festival.

Para más información sobre el Festival de Flamenco de Miami, consulte arshtcenter.org.

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