MIAMI.-Con la premonición de que la transcendental obra de Sofía Imber no había sido descubierta en toda su magnitud, el joven periodista Diego Arroyo tomó la historia de esta inmigrante que halló en Venezuela un hogar y la transformó en un relato que, contado en primera persona, refleja ese mundo inexplorado de una de las féminas más importantes en esa nación a lo largo del siglo XX.
DIARIO LAS AMERICAS conversó con Diego Arroyo, quien presenta su libro La señora Imber: Genio y figura este miércoles a las 6 p.m. en el Koubek Center.
“A pesar de que Sofía es una de las mujeres sobre las que más se ha hablado y escrito en Venezuela, yo tenía la sospecha de que, en el fondo, era una mujer desconocida. De modo que mi intención fue, desde el principio, tentar en su terreno en búsqueda de la persona que hay detrás de la gran figura pública que ella ha sido, al menos desde la década de los años 50. El libro no es más que el resultado de esa búsqueda y la extraordinaria riqueza del hallazgo”, expresó Arroyo.
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Sofía Imber con Rauschenberg.
CORTESÍA
Después de tres años en los que convivió con Imber, el autor descubrió en ella una persona con vastas virtudes, una figura que merece la posición que hoy tiene dentro de la palestra cultural venezolana.
“Sofía cautiva no tanto por su historia, per se, sino por la manera como la ha vivido. Es una mujer que ha conocido la cumbre y el abismo, pero ni la cumbre ni el abismo han logrado arrebatarle la pasión de aspirar a nuevas conquistas, a riesgo de todo. Hay mucha gente que cree, equivocadamente, que Sofía busca la polémica. No es así. Es que la polémica nació con ella. Sofía, sencillamente, no es una persona común. Y ha logrado navegar sobre las olas como un barco invencible. No conozco a nadie igual”, comentó.
Arroyo resaltó su gratitud hacia Imber por haberle permitido conocerla de cerca, y se mostró feliz por la oportunidad de contar la vida de esta extraordinaria mujer.
“Tengo un profundo y sincero agradecimiento con la vida. Nadie que conozca a Sofía queda sin marca. Para bien o para mal (en mi caso, para bien), es una mujer que transforma a quien se acerca”, agregó.
Sobre Imber, dijo que sus aportes estaban enfocados en el ámbito de la cultura o el periodismo, y también abarcaban “no solo a la cultura, sino a Venezuela: haber sabido mantener el equilibrio en un país que vive de perderlo”, fue uno de sus mayores logros, asintió.
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Sofía Imber con Jesús Soto.
CORTESÍA
Y aunque resulte fácil de decir, el trabajo que antecede a esta maravillosa compilación de la vida de Imber, requirió una gran entrega por ambas partes. Dos seres que llegaron a convertirse en una misma persona a través de la historia, la memoria y la complicidad.
“Tres años de intensas conversaciones y la misma cantidad de tiempo sumergido entre libros y papeles. Lo fundamental: no renunciar a la decisión de lograr comprenderla y descifrarla hasta las últimas consecuencias. Yo me batí contra ese enigma para robarle algunas claves y traducirlas a un lenguaje accesible para los lectores”, afirmó.
Para Arroyo, dentro de la impactante historia de vida de Imber, resulta casi imposible determinar un periodo preferido, pero conocer a profundidad sus intimidades, le posibilitó escoger uno.
“Es difícil, pero diría que los siete años en que fue paciente del psicoanalista Daniel Lagache, en París, fue el período crucial para la constitución de Sofía Imber tal como la conocemos ahora”, expresó.
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Sofia Imber con Botero.
CORTESÍA
Con respecto al impacto que su obra ha tenido en la sociedad, tanto en Venezuela como en el extranjero, el autor compartió la experiencia que ha vivido.
“El libro está siendo recibido con interés y entusiasmo, lo cual me complace mucho. Es verdad que uno escribe para uno mismo, pero también para los demás. Me gusta, sobre todo, que gente que no conocía demasiado a Sofía, esté leyendo el libro y le fascine. Recibo con frecuencia solicitudes de amigos y conocidos que me piden que los lleve a conocerla. No tengo ningún empacho en decir que me siento orgulloso del trabajo que Sofía y yo hicimos juntos”, dijo.
Próximamente, el 21 de febrero de 2017, Imber recibirá el doctorado Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar, un reconocimiento que toca muy de cerca a Arroyo.
“Me parece que es un homenaje merecido. Venezuela le debe mucho a Sofía, y las gracias hay que darlas en vida. Sobre todo en un momento tan oscuro y abyecto para el país, hay que atizar el fuego de nuestra mejor historia”, puntualizó.