Todo iba bien para Itxu Díaz, pero agarró un bolígrafo y comenzó a escribir compulsivamente sobre todo, porque los que se esconden detrás del microondas en una reunión de trabajo o se quedan empanados mirando una partícula de sentido estructural en el techo también tienen derechos.

Escuché en bucle el disco "Palabra", del grupo Los Limones, para escribir esta anti-reseña de un libro de "anti-autoayuda" (ya me estoy liando), como lo definió su propio autor, nacido en La Coruña, Galicia, en 1981. Es decir, hablaré del libro en clave, así como quien no quiere la cosa, y dejaré que el propio autor intervenga en varios momentos.

Te puede interesar

Como ahora, por ejemplo. En medio de un cólico nefrítico escribió Ganador perdido: Aventuras de una ex estrella de rock. Pero, ¿qué le llevó a escribir Todo iba bien? "Descubrir que la vida se parece bastante más a un cólico nefrítico que a las tonterías que escribe Paulo Coelho", constató. También "quería decirle a los lectores lo mismo que canta mi amigo Cooper en una de sus mejores canciones: ‘yo sé lo que te pasa... porque yo estoy igual’. Hay mucha gente sufriendo que está harta de que le digan que tiene la obligación de ser feliz, o que todos los problemas están en tu interior".

El escritor, humorista y periodista -y seguramente algo más que revelará en el pasado- tiene estudios en Sociología, mató a un gurú de Internet, cocina tan mal que prefiere vernos en los bares y sabe, lo sabe bien, que este siglo aún no ha empezado. Itxu Díaz tiene días buenos y Díaz raros, sobre todo raros; por eso escribe con saña y premeditada maldad sobre el fin del mundo y esas cosas. Sus visionarias lecciones nos enseñan a ser mejores villanos y también revelan cuántos días de vida le pueden quedar a una mujer por el modo en que estira el brazo para agarrar una bolsa de arroz en el mercado.

Su estilo es satírico, así se describe. "Intento siempre que los lectores se rían, pero la melancolía del payaso es la más triste de todas. Cada vez que escribes te diluyes un poco, y es que supongo que escribir es repartirse en trozos a los lectores. En todo caso no pienso dejar de hacerlo, porque entonces tendría que ponerme a trabajar, y yo creo firmemente en el derecho a un descanso digno".

Y como sus vacaciones huelen a tinta y papel, Díaz tortura regularmente a los lectores con deliciosos textos publicados en medios como The Western Journal, The American Spectator, National Review, The American Conservative, y The Daily Beast. También lo puede leer en este mismo periódico, no se asuste.

Ahora que lo pienso, Itxu debería escribir columnas de astrología. Como si predijera lo que vendría, comenzó a escribir este ensayo sobre la tristeza hace dos años y lo terminó en pleno confinamiento, en un año que nació enfermo.

Todo iba bien comienza con una memoria de su abuelo Juan y termina, en su "Ultílogo: el año sin primavera", con un llamado a "valorar más a los mayores que aún tenemos entre nosotros". Ese círculo de reflexión hace las veces de enlace sentimental entre la herida y el filo, en un completo recuento de eso que es estar vivo, o creer que se vive, con la esperanza de que “el amor vence siempre”, aunque suene esperpéntico y absurdo, tan parecido a la vida, tan Luis Alberto de Cuenca.

Recuerdo, infancia, familia, muerte, introspección, soledad, el sentido de la enfermedad (por aquello de que "el dolor busca siempre las causas de las cosas", Stefan Zweig mediante), insomnio, búsqueda de Dios. Itxu se desliza en estos ámbitos con la soltura de quien hace scroll en Instagram, y desempolva clásicos del pensamiento a través del asombro, de un reencuentro con la idea, la materia prístina que le sirve como base para explicar lo contemporáneo.

Justo desde los resortes más triviales nos habla de Nietzsche y Ovidio, porque, vamos a estar claros, ellos predijeron todo, incluso que reinarían por estos tiempos frases como "el universo conspira para que logres lo que quieres", y que poemas con frases por el estilo se llevarían todos los premios de "basura aromatizada para consumo inmediato", donde una librería se parece más a un McDonalds, con agendas llenas de purpurina y diarios de Bob Esponja. De esos panes y de este circo el autor nos habla en su libro. ¿Ya he dicho que es sobre la tristeza?

Si bien abundan los libros de autoayuda, de "aprenda a ser feliz en 10 pasos", Itxu nos despeña al hueco de la realidad, y nos enseña a comprender mejor el dolor, aquello que desgarra. El autor no entiende los manuales para hacer esto y aquello y triunfar y ser feliz, donde "sentirse bien importa más que la verdad". Por eso su fracaso de autoayuda mejor logrado es amontonar libros que huelen "a champú anti caspa de Alejandro Jodorowsky", y mirar a otros en redes sociales "reírse y amar la vida, y quererse, y estar tan contentos con sus cuerpos..." Y se pregunta "qué tendrá la felicidad para que no solo nos la vendan como un derecho y una obligación, sino para que intenten chantajearnos con ella".

La triste maquinaria de la felicidad por recetas se traduce en bestsellers que se venden como hamburguesas, y nos abocan a un vacío de sentido, al "postmodernismo happy: si quieres, puedes", frases positivas para compartir en Facebook y, como recalca el autor, "lo que más nos gusta escuchar", porque "a la hora de la felicidad, todos somos bastante perros".

En Todo iba bien no leeremos lo que queremos leer -¿quién sabe exactamente lo que quiere leer?-, sino aquello que probablemente no queremos que nos digan, a menos que uno sea medio masoquista y disfrute regodeándose en los pantanos del mundanal ruido. Espera, eso es lo que hacemos a diario, aunque a regañadientes. El autor profundiza en la anestesia que impera ante la tragedia, rastrea lo macabro del pasado, ahora dulcificado y adornado con lacitos y likes en redes sociales, como si ya no doliese el dolor, o fuera un efecto más de marketing. "Todo el libro responde a una realidad durísima para el hombre contemporáneo: no estamos preparados para la tristeza", dijo Itxu.

La literatura es, para él, un divertimento, una trinchera, una prueba de existencia, un desencanto, una herida. Escribe en cafés, entre el bullicio y el tintineo de cucharillas. Escribe a cien metros de la muerte, alza un vaso mientras al frente desfilan las ambulancias y las vidas rotas. Se inserta en el mundo para alejarse de él, fiel a la máxima de P.J. O’Rourke: "tratar de vivir tan lejos como puedo de las cosas sobre las que escribo".

Pero esa distancia lo acerca a su verdad, desde la que nos mira, como espectador en primera fila, trabajar incesantemente en embellecer nuestro imaginario y por ende descuidar el verdadero, como predijo Blaise Pascal en 1670. Itxu nos invita a tomar una pausa de la ansiedad y la histeria de un mundo que es solo el reflejo de una idea, y llama a "aprender de las serenas formas de soledad de los ancianos".

Con Itxu, la lluvia en Finisterre es un recurso poético, un no lugar, un mapa sin hacer, notas que se deshacen en la magia, rabias que no pueden ser contadas, el faro de la última luz del año, un café, un escritorio, las ruinas de un hospital psiquiátrico, un aeropuerto, un parque y otro faro, ahora frente al Cantábrico, porque el lugar de la memoria puede ser geográfico y también gestual, como una línea de Susan Sontag.

Y una memoria, a su vez, puede llevarnos al más dulce de los insomnios, a lo visceral, como quien se muere y no lo sabe, porque se ha curado en su vientre la muerte de un apéndice roto, y ha aprendido que cortar árboles hasta el desmayo es también cinematográfico, y lo bello que es ser Frank Capra. Si vas a hablar de felicidad, no olvides el dolor. Tiene que haber algún contraste, ¿no? En medio de la desesperanza, tiene que haber una respuesta, por eso Itxu pregunta dónde está Dios.

Todo iba bien, publicado por Encuentro Ediciones, estará disponible desde el 1ro de octubre. Eligió esta fecha porque "es el día de Santa Teresa de Lisieux, una joven carmelita del siglo XIX que conoció bien la tristeza después de la temprana muerte de su madre, cuando tenía solo cuatro años. Sufría ansiedad, terrores, y crisis de angustia. Se curó de la depresión el 13 de mayo de 1883 contemplando la imagen de la Virgen de la Sonrisa".

Ya lo dijo el autor: "es un libro escrito para que lo tenga todo el mundo". Díaz, que suele diseñar con macabra precisión el orden de las palabras y los actos en sus trabajos, se afinca en la agonía y el dolor, como si le gustara sufrir, pero con elegancia. Y al lector, estoy casi segura, le encantará ese sufrimiento dulce que es como darse latigazos en los muslos a las tres de la tarde en la playa. Esto no lo he probado, pero seguramente Itxu lo ha hecho, en alguna costa de Galicia. Y si a usted le gusta la idea, entonces le encantará el libro Todo iba bien. Aquí lo puede encontrar. Ojo, no incluye el látigo, sólo el libro.

Si necesita consuelo ahora mismo, puede ver este video:

Embed

@GrethelDelgado_

Aparecen en esta nota:

 

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

Es una buena opción para enlazar Miami con Miami Beach 28.12%
Es una decisión apresurada con varios puntos pendientes 22.52%
Será bien recibido como un medio de transporte sostenible y accesible para residentes y visitantes 29.84%
No debería acometerse. Sería malgastar fondos sin resolver el problema 19.52%
2664 votos

Las Más Leídas