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@DesdeLaHabana

Un sol tibio comienza a calentar la mañana en el terreno número uno de la Ciudad Deportiva ubicada en las calles Vía Blanca y Primelles, del municipio Cerro, a veinte minutos en automóvil del centro de La Habana.

Los jóvenes peloteros que se preparan para el campeonato nacional, en la categoría de menores de 23 años, que arranca en los próximos días, charlan cabizbajos mientras se ajustan los uniformes y las gorras antes de comenzar el entrenamiento.

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En las gradas de cemento, varios padres, cargados de bolsos con pomos de agua congelada y comida para sus hijos, comentan sobre la anulación del acuerdo entre las Grandes Ligas (MLB) y la Federación Cubana de Béisbol (FCB).

En el campo todo es ajetreo. Los muchachos se dividen en grupos. Los lanzadores trotan, hacen ejercicios con ligas de goma o calientan sus brazos a un costado del terreno. Los jardineros corren de un lado a otro atrapando “flies” elevados y profundos. Y los defensores del cuadro interior reciben roletazos hacia todos los ángulos posibles.

Los prospectos

En ese grupo hay seis jugadores que conformaron la primera lista de peloteros amateurs de la isla entregada por la FCB a la MLB. Cuando Narbe Yadán Cruz recibió la noticia, cuenta un pariente del versátil jugador habanero de 18 años, quien puede defender varias posiciones al campo y es capaz de batear líneas sólidas para todas las bandas del terreno con un swing rápido y compacto, sus amigos y familiares le hicieron una fiesta.

Tres pitchers, Andy Rodríguez, un espigado lanzador derecho de 20 años; Yandi Molina, de igual edad; Pavel Hernández, de 22 años, y Raymond Figueredo de 18, todos capaces de tirar bolas rápidas sostenida entre 92 y 94 millas, trabajan duro con sus instructores para mejorar la mecánica de lanzar.

Esos cinco jugadores, junto a Andrés Hernández, un fornido antesalista y campocorto con pinta de “bigleaguer” que ahora mismo integra la preselección nacional, esperaban ser firmados por alguna organización de la MLB y su propósito era llegar a las Grandes Ligas a la vuelta de tres o cuatro años.

Cuando el lunes 8 de abril llegó la noticia que se anulaba el contrato, un pariente de Narbe confiesa que “hubo hasta lágrimas. El pacto con las Grandes Ligas era perfecto para todos. La MLB terminaba con el tráfico de jugadores y agentes que estafaban a los peloteros con falsas promesas. Los que firmaban podían vivir en Estados Unidos con su familia, ganar dinero y luego, cuando acabara la temporada, regresar a Cuba. Los padres de muchos jugadores talentosos comenzaron a hacer planes. Mejorar su calidad de vida pasaba por el éxito que podrían tener sus hijos. Pero el sueño se acabó”.

La desesperanza

El acuerdo murió antes de nacer. En las peñas deportivas habaneras el anuncio fue recibido como un insulto. En un bodegón de la Calzada de 10 de Octubre y la calle Acosta, en la barriada de La Víbora, donde todas las mañanas se reúne un grupo de personas a charlar de fútbol y béisbol, nadie podía entender los motivos de la cancelación.

A todas luces parecía un trato de ganar-ganar. Aunque nadie en Cuba se cree la historia de que la Federación Cubana de Béisbol es una ONG, pues se sabe que en la isla todas las instituciones están bajo el ala estatal, Amaro, jubilado, piensa que el convenio además de justo “era el mejor trato posible con un país que tiene un sistema diferente”.

Amaro menciona dos ejemplos. “Los peloteros cobraban el ciento por ciento de su salario. Entre un 20 o 25 por ciento de lo que cobraba la Federación, lo pagaban las organizaciones y obligatoriamente debía invertirse en el desarrollo de la pelota nacional".

Muy molesto, afirma que Trump y los senadores cubanoamericanos son una traba y añade: “Entiendo que odien al Gobierno, pero no al pueblo cubano. ¿Por qué los afectados en esta historia son los peloteros y sus padres que desde edades tempranas se sacrifican y gastan un montón de dinero en adiestrar a sus hijos en el aprendizaje del béisbol? Debieron buscar una solución que favoreciera a los peloteros”.

En el céntrico Parque Central, en el corazón de La Habana, con bancos de mármol como testigo, se reúne a diario la peña beisbolera más famosa del país.

Ortelio, dependiente de un bar privado, considera que “con esta medida se vuelve a la posición anterior. Es decir, que los jugadores caigan en manos de tramposos, estafadores y traficantes de personas que lucran con nuestros peloteros. Ya ha habido juicios en Miami y hasta agentes presos por esa causa. Incluso un pelotero, Noel Argüelles, fue asesinado en Dominicana”.

Lucio, habitual en la peña, argumenta que “si por el bloqueo [embargo] las instituciones cubanas no pueden recibir dinero de empresas estadounidenses, se debió permitir que los jugadores firmaran directamente con un representante, que puede ser sus padres, un familiar o cualquiera que ellos escojan. Con esta medida Trump botó la bañadera con el niño dentro”.

A varios kilómetros del Parque Central, en el terreno de béisbol a un costado de la escuela primaria Tomás Alba Edison, Ignacio, padre de dos hijos que juegan en ligas infantiles, quisiera saber si se mantiene el acuerdo alcanzado con una institución estadounidense que permite a los niños cubanos jugar en torneos organizados en Estados Unidos.

“No sé nada al respecto. Donald Trump es como un elefante en una cristalería y a lo mejor también tira abajo ese acuerdo. Lo que me fastidia es que los dos gobiernos siempre están fajados y el costo lo paga el pueblo. A los ‘mayimbes’ [dirigentes] no les afecta el bloqueo [embargo]. Ellos toman Coca Cola, tienen computadoras Apple, móviles iPhone y viajan a hacer compras en Nueva York. A los cubanos de la calle es a quienes nos joden. De verdad que no entiendo la política del Gobierno de Trump. Dicen beneficiar a la gente y a los cuentapropistas, pero en realidad son los más perjudicados con sus medidas”.

José, afamado entrenador en la categoría de menores, asegura que “con la cancelación de este pacto la pelota cubana descenderá aún más de nivel y calidad. El acuerdo permitía que peloteros que fueran descartes de la MLB y prospectos de categorías menores, jugaran en Cuba en el invierno. Ya algunos como Yunieski Betancourt se habían insertado en la pelota local. Ahora, al no tener incentivos, habrá que esperar a ver qué pasa”.

En los últimos 25 años, más de 1.000 peloteros cubanos abandonaron definitivamente su patria buscando firmar un contrato en las Grandes Ligas. Las circunstancias políticas entre Cuba y Estados Unidos han erigido una auténtica muralla para nuestros jugadores. El camino hacia la MLB vuelve a tornarse una odisea.

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