La elección de Carlos Beltrán al Salón de la Fama del Béisbol en la clase 2026 marca uno de los precedentes más significativos de la era moderna de la MLB. No solo por la magnitud de su carrera, sino porque su ingreso se produce a pesar de su participación directa en el escándalo de robo de señas de los Astros en 2017, uno de los episodios más polémicos del béisbol reciente.
La votación del BBWAA, que le otorgó el 84,2% de respaldo, refleja un mensaje claro: para una parte mayoritaria de los escritores, Beltrán ya pagó el precio por sus errores y su legado deportivo terminó imponiéndose.
El escándalo que puso en pausa su legado
Beltrán fue el único jugador mencionado con nombre y apellido en el informe del comisionado Rob Manfred sobre el sistema ilegal de robo de señas utilizado por Houston en 2017. El reporte lo señaló como una figura clave en la implementación del esquema, lo que convirtió al entonces veterano en el rostro visible del caso.
Las consecuencias no tardaron en llegar. Tras retirarse como campeón de la Serie Mundial, Beltrán fue contratado como mánager de los New York Mets, pero perdió el cargo antes de dirigir un solo partido, apenas dos meses después de asumir. Su reputación quedó seriamente dañada y su futuro dentro del béisbol profesional, en entredicho.
El “castigo” silencioso del Salón de la Fama
Aunque sus números lo colocaban desde el inicio como un candidato sólido a Cooperstown, Beltrán no fue elegido en su primer intento. Durante cuatro años, su nombre permaneció en la boleta como una especie de juicio moral abierto, similar a lo ocurrido en su momento con Roberto Alomar.
En 2025 se quedó cerca, con el 70,3% de los votos, y finalmente en 2026 cruzó el umbral del 75%. Para muchos votantes, ese período funcionó como un castigo simbólico, una forma de enviar un mensaje sin borrar su carrera.
Un precedente distinto al de la era de los esteroides
La elección de Beltrán establece una diferencia clara con los casos vinculados al dopaje, como Barry Bonds, Roger Clemens o Manny Ramírez, quienes nunca lograron el respaldo suficiente del BBWAA.
El robo de señas, aunque prohibido, no fue considerado un pecado capital comparable al uso de sustancias para mejorar el rendimiento. Además, su historia es antigua y recurrente en el béisbol, con antecedentes documentados desde principios del siglo XX. Incluso en 2017, Houston no fue el único equipo sancionado por prácticas ilegales, como quedó demostrado con el caso de los Red Sox y el uso de relojes inteligentes.
El peso de una carrera irreprochable en el terreno
Más allá del escándalo, el currículum de Beltrán es difícil de ignorar:
312 jonrones y 312 bases robadas
Nueve Juegos de Estrellas
Tres Guantes de Oro y dos Bates de Plata
Uno de los mejores bateadores de postemporada en la historia de la MLB
Para muchos escritores, la pregunta dejó de ser si Beltrán merecía el Salón de la Fama, y pasó a ser cuánto tiempo debía esperar antes de recibir el reconocimiento.
El mensaje del BBWAA: se puede avanzar
Con su elección, el Salón de la Fama envía una señal contundente: los errores tienen consecuencias, pero no necesariamente condenas perpetuas. Beltrán no fue absuelto ni olvidado, pero tampoco quedó excluido para siempre.
El béisbol decidió pasar página y celebrar a uno de los mejores jardineros centrales de su generación, entendiendo que su legado es complejo, pero también completo.