martes 3  de  marzo 2026
Opinión

Cuando la pelota sigue… ¿y el país?

Luego de un hecho histórico ocurrido en Venezuela como la captura de Nicolás Msduro por parte de Estados Unidos, el béisbol en el país sigue como si nada pasó

Diario las Américas | REYES UREÑA
Por REYES UREÑA

Venezuela acaba de vivir un hecho histórico: la captura del dictador Nicolás Maduro. Un momento que debía haber detenido todo, que exigía atención, reflexión y prudencia. Y, sin embargo, desde allá me dicen que todo siguió en una “normalidad que da miedo”. Mercados abiertos, calles activas aunque más silenciosas, y el béisbol retomando sus juegos tras una pausa de apenas dos días, como si el país no acabara de entrar en uno de los capítulos más delicados de su historia reciente.

Ese regreso a la rutina deportiva contrasta con una decisión tomada días antes fuera de las fronteras venezolanas. A Venezuela le fue retirada la sede de la Serie del Caribe luego de que varios países participantes advirtieran que no existían garantías suficientes para asistir. Para el béisbol del Caribe, el mensaje fue claro: no era prudente ir. Para el béisbol local, en cambio, la respuesta fue otra: seguir jugando.

Ahí está la contradicción. El béisbol, que es identidad y refugio emocional del venezolano, termina convertido en un espejo incómodo. Mientras ligas extranjeras desconfían del contexto político y de seguridad, dentro del país se intenta proyectar una normalidad que no convence ni siquiera al propio ecosistema del béisbol regional. Todo porque hay que seguir órdenes y aparentar que todo está bien. Una negativa de algún gerente o dueño de equipo -aunque nunca lo admiten, es un secreto a voces- puede enviarlos a prisión o ver como sus familias pueden ser asediadas.

No se trata de demonizar la pelota ni de negar su valor cultural. Se trata de cuestionar el mensaje. ¿Qué significa que el béisbol internacional se retire por falta de garantías mientras el campeonato local actúa como si nada estuviera pasando? ¿Qué se está protegiendo, al deporte o la apariencia de estabilidad?

Venezuela no solo juega béisbol. Juega a sostener una normalidad frágil, incluso cuando el propio béisbol del Caribe decidió tomar distancia. Y en ese intento por seguir como siempre, la pelota sigue volando, los estadios aplauden, y queda flotando una pregunta inevitable: ¿hasta cuándo el béisbol podrá —o querrá— mirar hacia otro lado?

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