Especial

@luisfsanchez6

No había nada entre el terreno baldío y el cielo. De pronto asomaron las rumas de ladrillos, los fierros, las camionadas de arena y las bolsas de cemento apiladas unas sobre otras. Luego llegaron las escabadoras. Y en poco menos de tres años puede decirse que Lima se encuentra lista para albergar los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos 2019, la mayor cita deportiva de su historia y la segunda multidisciplinaria del mundo después de los Juegos Olímpicos.

Los Juegos Panamericanos se disputarán entre el 26 de julio y el 11 de agosto con la participación de 6,680 atletas de 41 países, que competirán en 39 deportes y 61 disciplinas, 22 de ellas clasificatorias para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

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Mientras, los Parapanamericanos congregarán a 1,890 deportistas de 33 países, que tomarán parte en 17 deportes y 18 disciplinas, de las cuales 13 entregarán cupos para los Paralímpicos de Tokio 2020.

Ya han sido entregados 18 escenarios, y solo faltan terminar la sede para el surf, el polígono de tiro y los trabajos para el recorrido donde se realizarán las pruebas de ruta de ciclismo.

"Este resultado no es magia sino es producto del trabajo, del profesionalismo, del corazón de peruano y del compromiso", afirmó el presidente de Panam Sports, el chileno Neven Ilic, el 5 de junio pasado durante una visita de inspección de los avances de las obras. "Esto va a permitir que nuestros productos llamados Juegos Panamericanos y Parapanamericanos queden en lo más alto. Estamos con la mesa servida, está todo perfecto y está todo andando".

Cita masiva

Unos 400 millones de telespectadores seguirán ambos eventos y se espera que viajen unos 175,000 turistas para los Juegos. Ese interés se refleja en los precios de los pasajes en avión que normalmente para julio cuestan alrededor de 500 dólares ida y vuelta de Miami a Lima, pero si en estos momentos quieren comprar ese mismo boleto para finales de julio y principios de septiembre no lo encontrarán por menos de 661 de dólares y con unas cuantas escalas.

Pese a que la sede le fue asignada al Perú en octubre del 2013, una serie de problemas parecía que iban a obligar a Lima a renunciar al reto. El más grave de todos era que la población de manera masiva estaba en contra de los Juegos y clamaba por que los pocos recursos del país fueran utilizados en reparar los daños causados por el fenómeno del Niño Costero, que había arrasado con el norte del país con perdidas superiores a los 3,000 millones de dólares.

Para colmo la crisis política agarró carne en el país: renunció el presidente Pedro Pablo Kuzcynski, quien había defendido la realización de los Juegos en Lima y estalló el escándalo de los sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.

El presidente del Comité Organizador Luis Salazar tiró la toalla y en septiembre del 2016 tomó la papa caliente Carlos Neuhaus, un administrador de empresas que armó un equipo competente que sin alocarse pero sin pausa logró lo que a todas luces parecía imposible.

"Tenemos prácticamente todo listo para recibir a cerca de 15,000 deportistas, oficiales técnicos, jueces y directivos", afirmó Neuhaus, el martes 12 de junio luego de la presentación de los sellos postales conmemorativos a Lima 2019. "Todo este entusiasmo que hemos puesto ha contagiado a la población que espera los Juegos con enorme interés. Más de 100,000 personas postularon para ser voluntarios y solo esperábamos 40,000 para 19,000 plazas. En la primera semana de haber sido puestos a la venta, se compraron 80,000 boletos".

Los beneficios

Neuhaus explicó que ese cambio en el estado de ánimo de la población se debe a que todos han entendido que los Juegos no son una carga para el país sino, todo lo contrario, obras que dejarán beneficios sociales y económicos.

"El impacto económico de los Juegos en el país será superior a los 1,600 millones de dólares", explicó Neuhaus. "La venta de los 1,096 departamentos de las siete torres construidas para la Villa dejarán 100 millones de dólares. En total los Juegos generaron 513,000 puestos de trabajo y lo más importante es que quedará una infraestructura deportiva como jamás la hubo en el Perú y, sobre todo, en los barrios más olvidados.

En efecto, los directivos peruanos hicieron una alianza con el gobierno británico para aprovechar su experiencia en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y la recomendación principal fue construir infraestructura en las zonas más deprimidas de la ciudad para repotenciarlas.

El descuido en infraestructura deportiva en Perú era tan patético que la última vez que se construyó una piscina olímpica con dinero del estado en el país fue en 1962.

"No teníamos nada y ahora tenemos una bonita infraestructura para celebrar una gran fiesta Panamericana", declaró Mario Fernández, experimentado columnista del diario El Comercio, el décano de la prensa peruana. "El principal empujón ya está dado. De la cabeza a los pies todos han trabajado. Me sorprende todo lo que se ha hecho y especialmente que la fuerza ha sido bien puesta. La afición va a responder porque ha visto el esfuerzo desplegado para estar a la altura de este desafío a nivel mundial".

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