Ariel Capone es de esas personas que no se dejan impresionar por la tecnología. Por varios años ha estado expuesto a las disrupciones tecnológicas en la industria y a la transgresión de los límites de la innovación. Se ha involucrado profundamente, tanto en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) como en el sector de los ecosistemas de socios de negocios.

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Experto y gran conocedor de la industria de bienes de consumo, se desempeña como ejecutivo senior del Grupo Assa (gA) en Estados Unidos, y como jefe global de la práctica de Ciencias de la Salud, se ha especializado en las industrias de dispositivos médicos, farmacéutica y de atención médica.

Avezado exponente de la gestión ejecutiva de gA, conversó con DIARIO DE LAS AMÉRICAS para ofrecernos su visión particular sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en nuestra vida común, su aplicación en el área de la Salud, su efecto en la reducción de los costos y su influencia en el mejoramiento de la calidad de vida de los pacientes y de la sociedad en general.

Vehículo transformador

Capone está convencido de que la tecnología será el instrumento que contribuirá a trasformar la industria. “Está siendo un actor principal en la parte de investigación y desarrollo de nuevas curas”, y resalta cómo se ha potenciado con más fuerza hacia el campo de la salud, un área donde ya eran evidente “los signos de agotamiento” de la manera en que se estaban tratando muchos asuntos.

En tal sentido argumenta que “hay varias proyecciones donde se muestra que por cada dólar que se invierte en Estados Unidos por el sistema de Salud, la gente está cada día un poquito más molesta o disconforme con el sistema”.

Empero, por ser este un tema tan amplio, también abarca otra dimensión primordial: “Va a ayudar a reducir los costos, en este caso del gasto público, que es más de tres trillones de dólares. Además, y mucho más importante, va a mejorar la calidad de vida de los pacientes”, indica.

De acuerdo con el ejecutivo, cuando se habla de una cifra millonaria tan elevada, la mayoría desconoce que el gasto público para el sector de la Salud en el presupuesto de EEUU es mucho más grande que para la Defensa.

“Estamos hablando del primer rubro del PIB norteamericano. Uno descompone un poco esos tres trillones de dólares, y se da cuenta que el gran responsable de este gasto son las enfermedades crónicas”, manifiesta.

En consecuencia, Ariel opina que la cuenta es muy simple: “la expectativa de vida crece, por lo tanto la gente vive más años”. Esto significa que puede haber un “universo de personas que son susceptibles a enfermedades crónicas” que, como resultado, necesitarán un centro de salud para atenderse y más recursos para realizarse los controles; todo lo cual también repercutirá en la “calidad de calidad de vida, y desde el punto de vista de costo para el sistema”.

Una inversión ventajosa

No obstante, Capone piensa que la Inteligencia Artificial será uno de los mecanismo que podrá mejorar e influir en cualquiera de estas circunstancias. “Yo suelo decir que dentro de pocos años el médico le va a pedir una cita al paciente, y no viceversa”, atestigua.

Considera que la entidad que va a hacer la próxima gran disrupción en el uso de la tecnología es la industria de la salud: “Ya sea por un tema macroeconómico, ya sea por la experiencia con el paciente, que hoy no es tan buena, o por una infinidad de avances tecnológicos en materia de nuevos tratamientos”.

Se refiere además, al contexto en que se aplicará el monitoreo de los indicadores de salud bajo el empleo de la IA o del uso del Big Data, por ejemplo. “Si yo puedo empezar a anticipar ciertas enfermedades, probablemente nunca sean enfermedades”, y del mismo modo apunta que el sistema podrá ahorrar mucho dinero, porque “estamos hablando de prevención a través de la tecnología”.

“En este momento, si lo uno con el tema de Inteligencia Artificial, hay toda una explosión en la industria de biotecnología. Porque hay una concientización de que los tratamientos, sobre todo los más complicados, la parte de oncólogos y terapias autoinmunes, etc., las soluciones van a venir, más del lado de biotecnología que de las farmacéuticas tradicionales”, profundiza.

Ética y regulaciones

Empero, todo este desarrollo también conlleva otros compromisos de alcance extra tecnológico. “Yo creo que el tema de ética e Inteligencia Artificial, por sí solo, es un debate. En mi opinión es el gran desafío del siglo XXI”, precisa el ejecutivo de gA.

Capone matiza su punto de vista basado en la ausencia de respuesta de la agenda global, porque además “requiere nuevas formas de pensamiento y lo requiere inmediatamente”, y aclara que lo se trata esencialmente es de “cómo capturar de alguna manera todos los beneficios que la tecnología y la IA están trayendo a los seres humanos”.

Menciona el caso de la cura el cáncer, como uno de los tópicos que más sucinta esfuerzo y empeño para las inversiones tecnológicas, pero también la necesidad de exigir ciertas regulaciones para enfrentar esta revolución que avanza “como un tren a máxima velocidad”.

En este aspecto ahonda que “la gran decisión es cómo regular ciertas cosas que aún faltan regular”, y destaca el ejemplo de la privacidad de datos; pero insiste en que esto pueda ocurrir “sin detener la creatividad, sin detener al avance tecnológico”.

En esta paradoja, Capone admite que, a pesar de sus propias expectativas de que todo va a “andar bien” y de observar el fenómeno desde una perspectiva occidental, ciertamente le surge dudas sobre “cómo se van globalizar las reglas de privacidad de los datos en otro tipo de culturas”.

¿Robots toman control?

Es un asunto que infunde grandes temores y el centro de una polémica que aún no alcanza un consenso determinado. “Yo creo que es un análisis equivocado decir que los robots van a reemplazar a los humanos”, afirma Ariel sin dudarlo.

Estima que ciertas actividades que tienden a ser repetitivas posiblemente se sustituyan muy pronto con robots, como lo hizo Henry Ford en su época cuando introdujo las primeras líneas de producción. Pero, en todo caso, “al mismo tiempo se van a estar generando muchísimas oportunidades de trabajo relacionadas con la tecnología”.

Añade que hay muchas labores que son intuitivas, relacionadas con los sentimientos o particularmente típicas de los seres humanos que serán imposibles de suplantar. “Por eso a nosotros nos gusta decir Inteligencia Aumentada y no Inteligencia Artificial, porque es poner la tecnología a disposición de incrementar la inteligencia humana, no de reemplazarla”.

El futuro no es Amazon

A diferencia de algunos agoreros fatalistas, Ariel Capone es uno de los que visualiza un porvenir diverso y heterogéneo. “No creo que el mundo se vaya a convertir en un showroom de Amazon. Tampoco creo que podamos ver desaparecer las corporaciones”, y sostiene su predicción sobre una comparación del comportamiento del valor histórico de las empresas en los últimos 15 años.

Mucho más aun, se atreve observar el futuro a través de la omnicanalidad, un término que nació de la necesidad de las empresas de adaptarse a los hábitos de los consumidores en la actualidad. Y aunque considera que “todavía se están dando los primeros pasos” es a través de la omnicanalidad que se logra “la convergencia entre el mundo digital y el mundo analógico”.

“El mundo digital y el mundo tecnológico, se encuentran hoy separados y vemos consecuencias buenas y malas de ambos lados”. Sin embargo considera que, del mismo modo, también “el mundo digital se está volviendo al mundo físico y el mundo físico se debe venir al mundo digital”.

Capone tampoco cree que desaparezcan las compañías. “Lo que yo sí creo es que hay compañías que son digital makers que, en el área de salud o de la banca, pueden desplazar a empresas centenarias”, porque “vienen con otra mentalidad”. Según este criterio, no tratarán de “digitalizar las cosas que existen, sino de repensar nuevos modelos de negocios digitales. Así es como yo veo el futuro”.

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