MADRID.- La nueva ley tributaria de Estados Unidos, promulgada el pasado mes de diciembre por Donald Trump y que entró en vigor el 1 de enero de 2018, podría intensificar la competencia fiscal en todo el mundo, lo que implica una posible erosión de las bases impositivas entre los países de la Unión Europea, según se desprende de un extracto del próximo boletín económico mensual del Banco Central Europeo (BCE) realizado por Ursel Baumann y Allan Gloe Dizioli, donde se analiza el impacto macroeconómico de la reforma fiscal de EEUU.

En concreto, los autores del documento explican que la reforma afectará a las estrategias de planificación fiscal de las multinacionales, debido a que el nuevo marco se caracteriza por un sistema de tributación territorial y un Impuesto de Sociedades que se ha visto recortado desde el 35% al 21%, lo que proporciona incentivos para trasladar la propiedad intelectual a EEUU, así como las inversiones y los beneficios.

Los cambios en el panorama fiscal internacional tienen unas consecuencias altamente "inciertas y complejas" para la zona euro, indican los expertos, que también apuntan a que la nueva ley fiscal impulsará las entradas de inversión extranjera directa (IED) en EEUU proveniente de la UE, que superará las salidas de IED de EEUU hacia la UE. Además, en algunas disposiciones internacionales se ha señalado que este nuevo marco tributario podría no adecuarse a las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), así como a los tratados de doble imposición.

No obstante, como posible efecto contagio positivo, los autores del análisis prevén que la demanda de bienes y servicios de la eurozona podría verse impulsada ante el aumento de la demanda interna estadounidense dada una política fiscal más expansiva en el país. Si bien, consideran que es probable que el efecto sea "bastante pequeño".

Efectos limitados en EEUU

Aunque la reforma proporcionará un importante estímulo fiscal sobre la economía estadounidense durante la próxima década, sus efectos a largo plazo son muy inciertos. "En una etapa madura del ciclo económico los multiplicadores fiscales tienden a ser más pequeños que cuando existe una gran brecha de producción", advierten los expertos.

Esto quiere decir que el efecto de crecimiento adicional generado por el cambio en los ingresos fiscales como porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) resultante del cambio de política será menor a medida que la economía se acerque a su PIB potencial. Además, los multiplicadores de impuestos tienden a ser más pequeños que los multiplicadores del gasto público, lo que también implica un efecto de demanda positiva bastante limitado de la reforma tributaria.

"Las estimaciones disponibles sugieren que el impacto de la reforma tributaria en el PIB de EEUU será positivo a corto plazo, mientras que los efectos a largo plazo son mucho más inciertos", subrayan.

El nuevo marco tributario probablemente conducirá a un impulso moderado del PIB real de EEUU en el rango del 0,5% al 1,3% durante le próximo trienio, mientras que sus efectos a largo plazo –a partir de 2027– dependerán en gran medida de cómo se financie.

El menor coste de capital debido a la reforma fiscal inicialmente debería elevar la inversión y el stock de capital, lo que influiría positivamente en el lado de la oferta de la economía. Sin embargo, si se supone que la reforma está financiada por déficit, el creciente déficit fiscal podría eventualmente conducir a mayores tipos de interés, elevando así el coste del capital y contrarrestando algunos de los efectos positivos sobre la oferta.

Por el contrario, se puede esperar que el impacto general en la capacidad de la economía de los EEUU sea más positivo si la reforma tributaria se financia mediante la reducción del gasto o mediante el aumento de otros impuestos menos distorsivos.

FUENTE: dpa
 

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