Por Federico Hellmund
Las bajas tasas de interés incentivan a hogares y empresas a financiar nuevos consumos e inversiones a menor costo, lo que ayuda a fomentar el crecimiento y sostener los precios de los bienes
Por Federico Hellmund
El efecto de las bajas tasas de interés
La crisis financiera que empezó en el 2007 fue uno de los periodos más intensos de tensión financiera desde la Gran Recesión hace más de ocho décadas. Esta crisis generó una larga y profunda recesión que se extendió por la mayoría de las grandes economías mundiales. En un intento por estabilizar la economía, la Reserva Federal –la FED– tomó medidas extremas.
La FED tiene como misión manejar la política monetaria para reducir el desempleo y controlar la inflación.
Entre estas medidas estuvo la reducción de tasas de interés de corto plazo casi a cero por ciento. Adicionalmente, se redujeron las tasas de interés de largo plazo mediante la compra masiva de bonos del Tesoro y agencias gubernamentales de largo plazo. A esto se le llamó Quantitative Easing o QE.
Las bajas tasas de interés incentivan a hogares y empresas a financiar nuevos consumos e inversiones a menor costo, lo que ayuda a fomentar el crecimiento y sostener los precios de los bienes como propiedades, maquinarias u otros activos (acciones y los bonos inclusive).
Esta política se ha mantenido durante casi ocho años y según cifras oficiales el desempleo se ha reducido, los bancos han mejorado sus balances y la economía se ha expandido a un ritmo más que aceptable. Ahora la FED ha colocado sobre la mesa la posibilidad de comenzar a aumentar las tasas porque consideran que la economía se ha recuperado de forma significativa.
¿Qué consecuencias ha tenido esto?
Así como mantener bajas tasas de interés por un largo tiempo ha tenido un efecto positivo en la economía, ha habido importantes costos asociados.
En otras ocasiones, los bancos centrales suben las tasas de interés para controlar o reducir la inflación. Esta vez el caso es otro ya que la inflación no ha aumentado como se esperaba (no muy buenas noticias).
Existe una gran cantidad de personas que dependen de sus ahorros e inversiones para obtener ingresos adicionales por intereses. Con los intereses en niveles muy bajos comparados con otro momento estos ahorristas han perdido una importante cantidad de ingresos e incluso han retrasado su jubilación.
Otra consecuencia que deriva de la primera es que en un mundo como el actual con bajas tasas de crecimiento e interés, los capitales han migrado hacia activos más riesgosos o especulativos en busca de mayores rendimientos. Esto ocurrió hace unos 10 años cuando la gente en búsqueda de mejores retornos colocó su dinero en hipotecas de alto riesgo, el resto de la historia es conocido.
Por último, el tamaño de la deuda de la nación se ha disparado desde la crisis del 2008 y actualmente supera el tamaño de la economía. Eventualmente habrá que pagar las cuentas y por experiencias de otros países (Japón por ejemplo) el crecimiento, la inflación y el retorno de los activos serán cercanos a cero (o menores).
Una sugerencia para protegerse ante la incertidumbre es no olvidar diversificar su portafolio, evitar tomar riesgos más allá de lo pertinente (y de su comprensión) y mantener su porción invertida en renta fija en emisiones de corta a media duración (no más de 7 años).