DUBAI — Una nueva maravilla asoma en el desierto al sudeste de Dubai, cerca de las playas del Golfo Pérsico. Pero no se trata de otro rascacielos, sino de una de las fuentes de energía más antiguas del mundo en una península arábiga que navega en petróleo: Una planta eléctrica de carbón.

La construcción de la planta Hassyan, con una inversión de 3.400 millones de dólares, es todo un misterio. Los Emiratos son la sede de la Agencia Internacional de Energías Renovables, construyen su primera planta nuclear y promueven hasta el cansancio una enorme planta solar que lleva el nombre del gobernante de Dubái. El reino, por otro lado, se propone ser el país con más bajas emisiones de carbono para el 2050, un objetivo que puede ser afectado por la planta de carbón.

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La planta llega en momentos en que los países del golfo están sedientos de energía y enfrentan cuestionamientos por las importaciones de gas natural.

Dubai está admitiendo que está muy expuesta a las importaciones de gas, que pueden verse interrumpidas por una cantidad de factores y cuyos costos son altos. Tenemos que hacer algo para diversificar nuestro suministro de combustibles y bajar los costos”, dijo Robin Mills, CEO de Qamar Energy, una consultora de Dubái. “Recibieron una oferta muy buena de la planta de carbón, y decidieron construirla”.

“Si estuviesen tomando la decisión hoy, ¿harían lo mismo? Tal vez no, para ser honesto”, agregó Mills. “Pero asumieron el compromiso y tuvieron que seguir adelante”.

Dubai construyó su primera planta eléctrica en 1961, diez años de incorporarse a los Emiratos Árabes Unidos. Desde entonces experimentó un rápido crecimiento, alimentado por la compra de propiedades privadas por parte de extranjeros. Surgieron los rascacielos y grandes centros comerciales que atrajeron el turismo.

Todas estas maravillas, junto con plantas desalinizadoras para poder plantar en el desierto y para los acondicionadores de aire, hacen que Dubái tenga un voraz apetito por electricidad. En el 2012, Dubái produjo 36.297 gigavatios de electricidad, según las autoridades. Para el 2019, producía 46.704 gigavatios. Eso es mucha electricidad. Un gigavatio alimenta unas 300.000 viviendas en Occidente.

La demanda es parecida en los otros estados del Consejo de Cooperación del Golfo, que incluye a Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos. La demanda de electricidad de los países del CCG “es una de las más altas del mundo”, de acuerdo con el Centro de Estudios e Investigaciones Petrolíferas Rey Abdullah de Arabia Saudí.

Por años, casi el 100% de la energía consumida en Dubái era generada por gas natural. El nuevo Parque Solar Mohammed bin Rashid Al Maktoum suministró apenas el 3% de la energía consumida por Dubái el año pasado, por lo que el emirato sigue dependiendo del gas. Buena parte del gas es traído de Qatar, país boicoteado por cuatro naciones árabes, entre ellas los Emiratos. En febrero, los Emiratos anunciaron el descubrimiento de un campeo de gas natural con 2.27 billones de metros cúbicos entre Abu Dhabi y Dubái, pero todavía no se lo explota comercialmente. Y la nueva planta nuclear de los Emiratos está muy demorada.

Esto explica la planta de carbón, que está siendo construida en parte por China.

China estima que la planta podrá cubrir el 20% de las necesidades energéticas de Dubái.

Los chinos dicen que equipo de alta tecnología limitará las emisiones de carbono, pero que de todos modos habrá emisiones de dióxido de carbono, con las consecuencias ambientales que ello conlleva.

En un reinado donde el jeque Mohammed concentra todo el poder, la planta fue aprobada rápidamente.

En ese momento, “el carbón era una fuente de energía mucho más barata que las otras”, señaló Aisha al-Sarihi, del Centro de Estudios e Investigaciones Petrolíferas Rey Abdullah. “Ahora las energías renovables son más baratas que el carbón”.

Al-Sarihi dice que los costos pueden subir. Dubái deberá importar el carbón, posiblemente de Australia o Indonesia, y no se descarta que se fijen impuestos al carbono.

FUENTE: AP

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