En su primer año de gobierno, su segundo período de mandato no consecutivo, el presidente Donald J. Trump acumula un histórico récord de acciones y éxitos dentro y fuera de Estados Unidos, como nunca antes había logrado un presidente de la nación.
La captura y enjuiciamiento del narcodictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, avivaron las esperanzas para millones de venezolanos, dentro y fuera del país
En su primer año de gobierno, su segundo período de mandato no consecutivo, el presidente Donald J. Trump acumula un histórico récord de acciones y éxitos dentro y fuera de Estados Unidos, como nunca antes había logrado un presidente de la nación.
En apenas 12 meses, el mandatario ha trabajado con la intensidad y resultados como ningún otro líder estadounidense en ocho años de gobierno.
La última acción del Presidente contra el contrabando de drogas fuertes y sintéticas (sales, fentanilo y otras) hacia EEUU, el narcotráfico en aguas del Caribe y medidas directas geoestratégicas en América Latina en general y otras latitudes del planeta, no tiene precedentes en la historia del país.
El punto clave fue la captura en Caracas y la extracción del narcodictador venezolano Nicolás Maduro, un suceso que puso fin a un mandato consecutivo de destrucción del país, corrupción, represión y crímenes. Todo comenzó con la llegada de Hugo Chávez al poder y, tras su muerte, la sucesión de Maduro desde el 5 de marzo de 2013.
Maduro se mantuvo anclado en el poder, al igual que Chávez, por la supervisión, guía e injerencia directa del régimen castrista de La Habana, el terrorismo de estado y el fraude electoral, hasta su captura el 3 de enero de este año para ser juzgado ante un tribunal federal de Nueva York.
Maduro fue ministro de relaciones exteriores entre 2006 y 2012 y vicepresidente del país desde el 2012 al 2013.
Tras un amplio despliegue de la marina estadounidense en aguas del Caribe y frente a las costas de Venezuela para combatir el narcotráfico por mar y aire, la exitosa operación realizada por el comando élite del ejército Fuerza Delta (Delta Force) despertó todas las esperanzas de una Venezuela libre y democrática.
La vicepresidenta del desgobierno de Maduro, Delcy Rodríguez, juramentó el 5 de enero como presidenta interina, mientras Diosdado Cabello, el capataz esbirro de Chávez y Maduro (ministro del Interior), aún mantiene su influencia en el poder junto a Vladimir Padrino López, el jefe del ejército. Los tres pertenecen a la cúpula del chavismo socialista y autoritario en Miraflores.
Sin embargo, en las últimas horas, las declaraciones de altos funcionarios en Washington y del presidente Trump han definido los pasos de EEUU dentro de la Venezuela sin Maduro.
Las decisiones que tome el nuevo gobierno venezolano serán "dictadas" por Estados Unidos, aseguró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
"Obviamente, en este momento tenemos la máxima capacidad de presión sobre las autoridades interinas de Venezuela", declaró Leavitt en rueda de prensa.
El presidente Trump acaba de anunciar que Venezuela comprará solo productos manufacturados en Estados Unidos con el dinero que obtenga del petróleo vendido bajo supervisión de Washington.
"Acabo de ser informado de que Venezuela va a comprar ÚNICAMENTE productos fabricados en Estados Unidos con el dinero que reciba de nuestro nuevo acuerdo petrolero", publicó Trump en su red Truth Social.
"Estas compras incluyen, entre otras cosas, productos agrícolas estadounidenses y medicamentos, dispositivos médicos y equipos fabricados en Estados Unidos para mejorar la red eléctrica y las instalaciones energéticas de Venezuela", aseguró.
Mientras, el secretario de Estado Marco Rubio compareció ante el Congreso para explicar cómo será el proceso de estabilización y transición en Venezuela.
"El primer paso es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos. Parte de esa estabilización, y la razón por la que entendemos y creemos que tenemos la mayor influencia posible, es nuestro embargo. Como han visto, dos barcos (petroleros) más fueron incautados. Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que está estancado en Venezuela. No pueden moverlo, porque se encuentra bajo sanciones.
"Tomaremos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Lo venderemos a precios de mercado, no con los descuentos que recibía Venezuela. Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen. Por lo tanto, tenemos mucha influencia para avanzar en la estabilización", agregó el jefe de la diplomacia.
La segunda fase será la llamada recuperación, que consiste en garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa. Asimismo, se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional en Venezuela para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil. Y la tercera fase, por supuesto, será de transición", agregó el secretario de Estado.
"Tenemos un proceso triple en Venezuela. El primer paso es la estabilización del país. La segunda fase será la recuperación, asegurando que Occidente tenga acceso a los mercados venezolanos. La tercera fase será la transición", así lo resumió Rubio.
Desde hace meses, Washington preparaba el terreno legal y militar para la extradición de Maduro o su salida por la vía pacífica de su ilegítimo tercer mandato. Tanto el Departamento de Estado liderado por Marco Rubio, como el propio presidente Trump le ofrecieron al dictador venezolano múltiples opciones de salida definitiva con su familia. Maduro siempre tuvo objeciones, pidió negociar sin dejar el poder y hasta desafió a la Casa Blanca. Finalmente, terminó en EEUU en el banquillo de los acusados.
La “Operación Lanza del Sur”, que ha destruido 34 embarcaciones cargadas de drogas con la eliminación de al menos 110 narcotraficantes, abrió el camino para la operación militar sobre Caracas, mediante la denominada operación “Resolución Absoluta”, que concluyó con el arresto y traslado del gobernante a Nueva York, donde se encuentra recluido en una prisión federal de máxima seguridad.
A forma de preámbulo, el presidente Trump declaró como Organización Terrorista Extranjera al llamado Cártel de los Soles, el Tren de Aragua y al propio régimen ilegítimo y autoritario de Maduro, que ahora -junto a su esposa Cilia Flores- está imputado de narcoterrorismo, conspiración para el tráfico de cocaína y otras drogas y posesión de armas destructivas.
Con estos cargos, es muy probable que la fiscalía solicite la cadena perpetua, mientras la ONU exige que Maduro también sea condenado por crímenes de lesa humanidad.
Junto a la inmensa alegría de los venezolanos -esperada durante 26 años con una larga estela de muertes, exiliados y presos políticos- llegaron las dudas del presente y futuro inmediato de Venezuela y los verdaderos objetivos de Washington en el país sudamericano.
En redes sociales y entrevistas en medios de prensa, algunos venezolanos, activistas de izquierda y defensores del régimen, declararon que EEUU lo que busca es únicamente el petróleo de Venezuela, las reservas de crudo más grandes del planeta.
Rápidamente, esas declaraciones recibieron la respuesta de los propios venezolanos, quienes expusieron que durante casi tres décadas Cuba, China, Irán y Rusia se han beneficiado y apoderado del petróleo venezolano, despojando al pueblo del desarrollo y el avance en pleno siglo XXI. Por el contrario, y a pesar de los altos precios en el mercado durante largos períodos, la miseria y la desesperanza se han expandido por todo el país sudamericano.
El régimen dictatorial chavista y su sistema socialista, al estilo cubano, provocaron que casi el 90% de la población viva en estos momentos entre la pobreza y la extrema pobreza (53%), en uno de los países con los mayores recursos naturales del planeta. Este ha sido el beneficio del dinero del petróleo venezolano con la dictadura chavista en el poder.
Otro de los indicadores económicos revela que la tasa inflacionaria en Venezuela se disparó en 2025 al 556%.
Venezuela no sólo tiene petróleo y gas natural, sino oro, diamantes, hierro, coltán e innumerables reservas de cobre, níquel, carbón, manganeso, zinc, titanio, silicio, uranio, mármol, entre muchos otros minerales. Gran parte de ellos son utilizados en la fabricación de componentes electrónicos para la industria y el desarrollo de la tecnología moderna.
De manera geopolítica y geoestratégica, Venezuela se convirtió en las últimas tres décadas en uno de los principales objetivos para Rusia, China, Cuba e Irán en el propio patio trasero de EEUU.
En estos momentos, la empresa china Concord Resources Corp. utiliza una nueva plataforma marítima, un proyecto de 1.000 millones de dólares con el objetivo de reactivar en algo parte de la infraestructura de esa industria venezolana. También lo hace la estadounidense Chevron, bajo autorización de Washington, de forma conjunta con la estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A).
El presidente Ronald Reagan vio este potencial peligro durante su mandato (1981-1989), pero su enfoque se centró en aspectos trascendentales en ese momento como la economía estadounidense y el fin de la Guerra Fría, con el desmoronamiento del campo socialista de la Europa del Este, la caída del Muro de Berlín y de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
A pesar de su acercamiento y vigilancia sobre América Latina, en general ningún presidente republicano ni demócrata había convertido el hemisferio Occidental en un objetivo verdaderamente central de su política como lo hace ahora el líder conservador Donald J. Trump.
Desde su primer mandato, Trump comenzó a explorar las opciones reales de Washington para un cambio drástico en la región que diera calidad de vida y seguridad ciudadana a los habitantes del norte, centro y sur del continente, en aras de incrementar el desarrollo económico, erradicar el crimen organizado y frenar de forma automática la emigración en masa hacia EEUU.
Pero otros temas trascendentales también ocupan a la administración Trump, como fue el caso en sus primeros meses de mandato de la ofensiva diplomática y estratégica para exigir el cese del control y la injerencia del régimen comunista de China en el Canal de Panamá.
Otro asunto de atención es la penetración radical musulmana a través de los iraníes y los terroristas de Hezbolá y Hamás. Rusia, por ejemplo, ha instaurado estaciones de rastreo satelital en Nicaragua y centros de inteligencia y comunicaciones en Venezuela unido a los acuerdos militares con Cuba. Los tres regímenes operan como los principales patrocinadores del terrorismo y el narcoterrorismo en el hemisferio occidental.
Sin entrar en detalles acerca del régimen castrista, sus crímenes, la represión y lo que ha significado su guerra abierta, espionaje, acciones desestabilizadoras y la tergiversación de la democracia y la libertad para adoctrinar a jóvenes estudiantes y universitario; además de corromper instituciones o agencias gubernamentales y la sociedad estadounidense en general junto a China, el costo humano en Venezuela ha sido demasiado alto al tener a Cuba como patrón de guía y como la cabeza de serpiente.
Más de 9 millones de exiliados venezolanos, unas 37.000 víctimas de torturas y persecución, 400 medios de prensa censurados, 470 asesinados en protestas, casi 19.000 presos políticos y un salario mínimo de 3 dólares mensurales constituyen el legado chavista-socialista.
Hoy, la industria petrolera venezolana se encuentra devastada, símbolo de una dictadura socialista y su corrupción generalizada. Uno de los escándalos con PDVSA fue el del exvicepresidente, de ascendencia siria y libanesa, Tareck El Aissami.
El petróleo venezolano ha sido utilizado además para financiar grupos terroristas como Hezbolá y Hamás, promover el crimen organizado como forma de desestabilización de gobiernos en la región y para financiar campañas políticas de la extrema izquierda o “progresista” junto a esquemas de fraude electoral.
Con un avance arrollador en los últimos 30 y 40 años, adquisición de terrenos, compra de propiedades, proyectos diversos y la expansión e inversiones en zonas estratégicas de América Latina, China, Rusia e Irán se han aprovechado de casi toda la región a diferencia de Washington, que ha permanecido con la mirada hacia otras latitudes.
Por su parte, Cuba ha recibido durante casi tres décadas el petróleo venezolano para mantener al régimen de La Habana en el poder a cambio de asesoramiento, las llamadas misiones médicas y seguridad personal de altos funcionarios. Cientos de millones de barriles de crudo han servido además para que la dictadura castrista vendiera gran parte en el mercado internacional para obtener ingresos ante la falta de créditos en el sistema financiero mundial.
De esta forma, el crudo sudamericano ha financiado la represión y el terrorismo de estado en diversos países de la región y en otros continentes como África y Medio Oriente, al tiempo que ha salpicado a líderes europeos, vinculados a esquemas de corrupción política, como el cuestionado expresidente español Luis Rodríguez Zapatero.
Maduro y su esposa Cilia Flores, que se declararon no culpables, enfrentan junto a los demás coacusados en cuatro cargos graves y podrían ser condenados a cadena perpetua, si el jurado federal de Nueva York los declara culpables.
La presencia en Washington del senador, de origen cubanoamericano, Marco Rubio, ha sido crucial en la visión y la política que ha emprendido la administración Trump en la región.
Senador por Florida hasta el 2025 en el Congreso en Washington, Rubio fue miembro principal del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta y vicepresidente de la Comisión selecta de Inteligencia de esa instancia legislativa.
Hoy, jefe de la diplomacia estadounidense, Rubio ha dado en la diana de problemas cruciales en el hemisferio occidental que enfrenta hoy EEUU debido a su alejamiento o escasa interacción con la realidad en Latinoamérica y el Caribe durante décadas, un grave desliz del que se han beneficiado los enemigos de Norteamérica.
De una forma u otra, todos los gobiernos (demócratas y republicanos) han ignorado prácticamente la enorme amenaza de creer que el hemisferio occidental estaba asegurado para EEUU.
El auge de dictaduras socialistas mediante la coerción, el robo electoral y el narcoterrorismo de estado, se ha ejecutado en las narices de Washington... Hasta hoy.
El jefe de la política exterior de la Casa Blanca lo dejó bien claro durante varias presentaciones en cadenas de televisión y entrevistas hechas tras la operación del 3 de enero en Caracas.
“No necesitamos el petróleo de Venezuela. Tenemos petróleo de sobra. Y lo que no permitiremos es que la industria petrolera en Venezuela sea controlada por enemigos de EEUU”.
Y la gran pregunta es: ¿Por qué China, Irán y Rusia necesitan el petróleo de Venezuela?...
Trump y Rubio representan en este momento crucial para la región un cambio radical estratégico de Washington para desarticular los gobiernos y dictaduras de extrema izquierda con el despertar en El Salvador, Argentina, Chile, Ecuador, Honduras y Bolivia
La expansión cancerígena de la izquierda radical y la desestabilización creada a propósito por los intereses extranjeros opuestos a EEUU es el gran problema al que se enfrenta hoy la administración Trump, con una perspectiva trasformadora y responsable sobre su promesa “America First”.
Tras la captura de Maduro, algunos medios de prensa y activistas de la izquierda o chavistas dentro y fuera de Venezuela se han encargado de impulsar la propaganda sobre el petróleo venezolano y sus recursos naturales como los atractivos fundamentales para EEUU.
De ser cierta esta propaganda, desde hace décadas los presidentes estadounidenses hubieran buscado formas y acuerdos como el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá (TLC) para una influencia permanente y ampliada, explotación de recursos naturales y acciones directas a favor de EEUU dentro del país sudamericano.
Las reservas “probadas” de crudo (el oro negro) en Estados Unidos rondan los 50.000 millones de barriles, sin contar con las zonas estratégicas sin explotar de Alaska, Texas y Lousiana como parte de la ley de conservación de recursos de la Gran Reserva Estratégica de Petróleo. Esta es la reserva de emergencia más grande del mundo y sólo se utiliza para estabilizar o inclinar la balanza de precios en el mercado internacional.
Por encima de las importantes reservas de crudo de EEUU, lo más relevante de acuerdo con geólogos prominentes es su enorme potencial no descubierto, gracias a su liderazgo en la tecnología del esquisto o (shale oil, en inglés) o rocas sedimentarias (madres del petróleo y gas) con estructuras en láminas que facilita la técnica del “fracking” (fracturación hidráulica) para extraer el crudo y gas natural atrapado en rocas profundas.
En el 2025, la producción récord de crudo estadounidense fue de 13,4 millones de barriles como promedio, con picos mensuales de casi 14 millones como en octubre (13,9 millones de barriles). Estas cifras consolidan a Norteamérica como el mayor productor mundial de petróleo del mundo desde el 2018 y bajo el primer mandato de Trump.
Además de la infraestructura estadounidense de exploración, extracción y procesamiento en refinerías, las características del crudo norteamericano son muy diferentes al que se encuentra en Venezuela y permite una rápida maniobrabilidad de costos y tecnología en determinadas circunstancias, que en estos momentos resulta imposible hacer en el país sudamericano por falta de recursos puntuales y garantías de seguridad.
Por su parte, Venezuela, cuya producción llegó a caer hasta los 400.000 barriles diarios, inició una ligera recuperación a finales de 2021 con la reactivación de las operaciones de Chevron, el respaldo de los diluyentes iraníes para el petróleo “superpesado” (viscoso) venezolano y moderadas inversiones de petroleras rusas en piezas de repuesto y mantenimientos.
El problema de Venezuela no es el petróleo, con reservas que superan los 300.000 millones de barriles, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP); sino la destrucción durante décadas de su infraestructura a causa de la falta de piezas e inversiones para su modernización, la falta de mantenimientos rigurosos y sistemáticos como requiere el crudo venezolano, la corrupción empresarial y medidas dictaminadas por la plataforma económica del chavismo socialista.
"Llevaría años, y una inversión masiva, devolver la producción petrolera de Venezuela a los niveles previos a la crisis", dijo Ipek Ozkardeskaya, analista de Swissquote.
Un eventual levantamiento del embargo petrolero a Venezuela y la intención manifestada por Washington de explotar sus reservas son, en teoría, factores bajistas para el crudo.
Pero "la esperanza de una rápida reapertura de los grifos se desvaneció en parte" días después de la captura de Maduro, explicó John Kilduff, de Again Capital.
Debido a la incertidumbre sobre la situación de Venezuela y lo que podrán hacer las petroleras norteamericanas en ese país a corto plazo, ha provocado que los precios se encuentren en una “montaña rusa” de sube y baja, pero siempre cerca de los 60 dólares el barril o por debajo, como es el caso del petróleo estadounidense.
"Veríamos barriles adicionales de Venezuela pasando, digamos, de un millón de barriles diarios a dos millones de barriles diarios sólo después de cinco a siete años", opinó Jorge León, jefe de análisis geopolítico en Rystad Energy.
Los barcos petroleros sancionados por tribunales federales de EEUU por violar las restricciones a Venezuela siguen bajo el control y seguimiento de la marina estadounidense posicionada cerca de las costas de Venezuela, lo que permite confiscar buques petroleros que salgan o entren al país.
Según los expertos, las inversiones requeridas son enormes, y la composición del petróleo local hace que sea más difícil de refinar y menos valioso que el de países como Arabia Saudita.
De acuerdo con Rystad Energy, en Venezuela "solo podrán añadirse 300.000 barriles diarios" a la producción actual, que es del orden de un millón, "en los próximos dos a tres años con un gasto moderado de inversiones".
Gran parte de los expertos en el caso venezolano afirma que llegar a los 2 millones de barriles diarios en Venezuela, con el respaldo de las petroleras estadounidenses, tomaría entre 5 y 7 años.
Venezuela extraía en sus momentos de gloria más de tres millones de barriles diarios, pero con la destrucción existente y asumiendo que grandes petroleras se decidan a hacer gigantescas inversiones, llegar a esa cifra podría tomar décadas, sin que surjan obstáculos sociopolíticos y económicos que impacten el rumbo de la recuperación de la industria del “oro negro”.
Lo que desea Trump y su actual gobierno en la Casa Blanca es primero estabilizar la situación interna de Venezuela, desactivar las bandas criminales del narcotráfico que operan en la región e implementar la seguridad tanto en Venezuela como en Colombia en la segunda o tercera fase del plan de Washington, cuya finalidad es terminar de forma definitiva con las invasiones migratorias hacia EEUU, fortalecer la seguridad nacional de EEUU y acabar con la injerencia de China, Irán y Rusia en el Hemisferio Occidental.
El Canal de Panamá y ahora Venezuela son el presagio de un ambicioso proyecto geopolítico y geoestratégico ya en acción en todo el continente, con un protagonismo histórico y de supervisión de EEUU como nunca antes.
FUENTE: Con información de AFP, Bloomberg, el economista.es, Reuters, The Wall Street Journal y el sitio web de la Casa Blanca.
