El mundo digital va demasiado rápido, todos los días tenemos una tecnología nueva o existente que muta y/o evoluciona. Esto ha traído consigo varias realidades y en especial dos extremas: Empresas que a la fecha han hecho poco o nada en cuanto a su adaptación a la nueva realidad digital, por lo que tienen un destino claro y muy cercano (su desaparición) y otras que han salido a perseguir a las nuevas tendencias tecnológicas con un nivel de estrés tal que se han “indigestado” en el camino y hoy necesariamente deben hacer un alto y volver a lo básico, preguntarse cuál es mi estrategia. Y no es una pregunta menor ya que genera una cascada de otras interrogantes relacionadas con las capacidades/rrhh, los procesos, el mercado/clientes (actuales y futuros) y la más importante, que no es más que la esencia de la existencia de una empresa en el mundo de hoy, crecer rentablemente y permanecer en el tiempo.

Todo lo anterior no significa que adquirir y tratar de implantar tecnologías de punta sea un error, el problema está cuando se hace por moda y no previa definición de una hoja de ruta y modelo estratégico propio, no copiado del competidor, de otras empresas o de internet. Hay muchos ejemplos de pérdida de recursos, frustraciones y lo más peligroso en algunas industrias que es la aversión a transformarse digitalmente manifestada por sus dueños, directivas y/o gerentes, sobre todo de empresas de la era anterior a la actual.

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Necesariamente esto nos lleva al planteamiento inicial de revisar y/o ajustar todo lo relacionado con los procesos, las personas, la cultura, los resultados financieros y los clientes.

Procesos

Implantar tecnologías sin crear, revisar y/o ajustar los procesos, todos sin excepción, es una de las mayores debilidades de cualquier proyecto de transformación. Es frecuente error el pensar que implantar metodologías innovadoras y modernas es suficiente para el cambio y/o mejora de procesos. En muchos casos la tecnología lo cambia todo y no sólo se trata de hacerlo innovadora, rápida y ágilmente, se trata también de realizarlo por el camino y la dinámica apropiada y correcta, y lo más importante, que todos los involucrados lo sepan y ejecuten de esa manera.

Personas

El mantener como responsables de la transformación digital a personas de uno o pocos departamentos, generalmente el de tecnología, dentro de las empresas es el principal problema que enfrenta el proceso hoy en día. Las organizaciones no terminan de entender que al ser un tema estratégico deben involucrar, pero involucrar de verdad, a toda la organización y que se sientan responsables de lo que está sucediendo. Lo anterior lo que genera de hecho es una perniciosa separación, aunque no se quiera, de la estrategia corporativa y la visión digital que es y debe ser una sola.

Cultura

Ya lo expresó Peter Druker “La cultura se come la estrategia en el desayuno”, más agregaría que la cultura se está comiendo mucho hardware y software de punta, incluyendo su inversión monetaria. Existe una infravaloración de la cultura necesaria para abordar la transformación digital en una organización. Son muchos los comportamientos que hay que trabajar y poco o nada se hace, creyéndose que con formaciones aisladas y poco planificadas se potenciará una nueva cultura corporativa. La cultura digital se potencia principalmente con el ejemplo de los dueños, directivos y gerentes, potenciando además comportamientos como la curiosidad, la agilidad, el liderazgo transformacional, el uso habitual de la tecnología, el desarrollo de las personas, la comunicación fluida y abierta, la colaboración abierta y sobre todo la adaptación continua.

Resultados Financieros

Se ha discutido mucho sobre el retorno de la inversión (ROI) de la transformación digital y cómo cualquier análisis de proyecto que en el pasado era muy preciso en cuanto a capital necesario, tiempo e indicadores financieros, con la digitalización ha cambiado y se hace más complicado alegando que hay que invertir ante un futuro incierto porque lo indiscutible es que si no se hace se desaparecerá. Esto tiene algo de verdad, pero con sus matices porque la falta de estrategia ha llevado a invertir en tecnologías innecesarias y/o a destiempo para empresas e industrias en específico, y de allí nace una necesaria revisión y ajustes para atar la transformación digital a un resultado cuantificable de negocio.

Clientes

La pregunta del millón es si estamos convirtiendo a nuestros clientes en “fans” y si además están creciendo. La digitalización trae muchos retos en lo que a volumen de clientes y producción de ingresos se refiere y por eso hay que revisar si la tecnología que se ha adquirido, o está contemplada adquirir, ayuda a enfrentar esos retos. Muchas empresas se han llenado de soluciones inútiles, que pasan de moda rápidamente y olvidando lo que estratégica y realmente necesitan sus clientes. Otras han puesto erróneamente a la tecnología en el centro, desperdiciando recursos y olvidando lo que es la gasolina de su organización y la clave para la subsistencia, los clientes que generan las ventas y consecuentemente las utilidades.

Es indiscutible la vorágine de estos tiempos y el acelerado ritmo digital que debe mantenernos alertas y monitoreando todo lo que ocurre buscado oportunidades de mejoras tecnológicas para nuestras industrias y/o negocios. Pero no es menos cierto que hay que tener cuidado con una “indigestión tecnológica” que hoy inevitablemente se está revisando dándole preponderancia a los reales elementos claves de la trasformación digital: Clientes, Procesos, Personas y Modelos de Negocio, envueltos por una estrategia clara y efectiva.

nestoraltuve@yahoo.com
@nestoraltuve

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