La Casa Blanca apuesta por la rendición final del régimen de los ayatolás bajo un bloqueo naval, financiero y ahora aéreo a Teherán, donde el gobierno civil -que desea las negociaciones- no tiene realmente el control del país, sino los ayatolás y su brazo armado: la llamada Guardia Revolucionaria iraní, que rechaza cualquier acuerdo con EEUU.
Estados Unidos impuso el martes 8 de septiembre sanciones a "todas las aerolíneas iraníes" que aún no sufrían este tipo de medidas.
El Departamento del Tesoro informó que la medida apunta a "36 objetivos por apoyar el sector de la aviación de Irán, que el régimen utiliza para transportar armas, personal y carga ilícita".
Entre ellas figuran 27 aerolíneas iraníes y empresas con sede en países como Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Malasia y Kazajistán.
Petróleo estadounidense
A pesar de que el conflicto en Medio Oriente ha generado la desestabilización de los precios del crudo, el impacto económico en EEUU no ha sido el pronosticado por los adversarios de la Casa Blanca.
La guerra en Medio Oriente ha beneficiado el aumento de las exportaciones de crudo de EEUU a niveles récord hacia Europa y Asia, después de los altibajos surgidos en el Estrecho de Ormuz, por donde transitaba una quinta parte del comercio de los hidrocarburos.
En determinados períodos del conflicto, los terroristas iraníes han bloqueado el paso a buques en la vía marítima y los han atacado.
En estos momentos, de acuerdo con el secretario de Energía de EEUU, Chris Weight, y el vicepresidente JD Vance, unos 9 millones de barriles de hidrocarburos atraviesan diariamente la vía marítima de libre comercio internacional, de la que Teherán pretende apoderarse como una fuente de ingresos y control.
Además del bloqueo naval impuesto por la Marina estadounidense, el Tesoro impuso sanciones y restricciones a bancos en el Medio Oriente, en especial en Emiratos Árabes Unidos, que se encargaban de lavar el dinero de los militares iraníes en sus operaciones de contrabando de petróleo en el mercado negro, además de realizar las transacciones financieras para sostener al régimen.
Con sus acciones en Ormuz, detenidas ahora con los ataques de EEUU a puntos estratégicos de la Guardia Revolucionaria y zonas cercanas al acceso marítimo, los radicales islámicos pretendieron crear una crisis inflacionaria global para forzar la retirada de Washington, algo que no ha ocurrido ni sucederá.
"Debemos tener la certeza de que la inflación subyacente se dirige hacia nuestro objetivo, de manera clara y a una velocidad suficiente. De lo contrario, tenemos trabajo pendiente", señaló el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en su primer discurso en la reunión de banqueros centrales de Jackson Hole, en el oeste de Estados Unidos.
En agosto, la inflación subyacente -que excluye los precios de energía y alimentos- se ubicó en el 2,4%
El jefe de la Fed consideró que la inflación actual en Estados Unidos no exige acciones restrictivas en la política monetaria.
En sus perspectivas económicas, Warsh destacó aspectos muy positivos.
"Me impresiona el desempeño general de la economía, que se ha fortalecido", declaró, y citó indicadores como el gasto de capital empresarial, inversiones extranjeras, la expansión de la industria estadounidense, los beneficios corporativos y el gasto de los consumidores.
El lastre de Biden
El Banco Central de Estados Unidos no ha logrado alcanzar su objetivo de inflación a largo plazo del 2% durante más de cinco años, después de la inflación récord que causó el gobierno de Joe Biden con sus fallidas políticas económicas.
Los niveles inflacionarios (oficiales) que llegaron a 9,1% generados por la administración anterior fueron los peores en las últimas cinco décadas. Analistas e instituciones independientes sitúan los registros entre el 11% y el 13%.
El desempleo siguió estable en agosto en Estados Unidos en un 4,1%. El dato demuestra la solidez del mercado laboral estadounidense.
La rápida reducción de los rendimientos de los bonos del Tesoro por medidas urgentes del secretario, Scott Bessent, subió la confianza de los inversores en mercados inestables por la situación en Medio Oriente, que poco a poco se encamina a una salida contraria a lo que pronosticaron los extremistas iraníes mediante sus canales controlados de prensa y los analistas antiEEUU.
De cualquier forma, una extensión necesaria del conflicto tampoco provocaría grandes cambios.
En total, la economía estadounidense generó 162.000 empleos en agosto, el triple de lo que esperaban los mercados.
Los inversores anticiparon en ese mes unos 50.000 nuevos puestos de trabajo, según el consenso publicado por MarketWatch.
Las cifras de creación de empleo de los meses de junio y julio también se revisaron al alza, informó el Departamento de Trabajo.
Los nuevos datos son muy positivos para el Partido Republicano y el presidente Trump, que enfrenta en dos meses la prueba electoral a su gestión ante la campaña de los demócratas con su agenda Woke, que ha hundido -además de múltiples escándalos de corrupción- a ese Partido en la peor reputación y crisis de su historia.
La mentira
Los mercados financieros, en cambio, recibieron el informe con mesura. Saben que si el empleo es estable y pleno, la Reserva Federal estadounidense (Fed) se centrará en la inflación y podría bajar las tasas de interés, algo que beneficia de forma inmediata a la economía y en especial a los consumidores.
Por su parte, la perspectiva de una subida de los tipos de interés implica la posibilidad de que se encarezca el crédito, que al ser más caro desestimula el consumo y la inversión, y bajan las presiones sobre los precios.
Si bien es cierto que los precios han subido, también es real que el alza ha sido mínima al tomar en cuenta el drástico cambio de la política comercial de EEUU mediante los aranceles y otras medidas, que se sumaron a finales de febrero al comienzo de la guerra contra el régimen iraní y la inestabilidad en el tráfico por el Estrecho de Ormuz.
En diversos artículos publicados en DIARIO LAS ÁMERICAS se expusieron durante el gobierno de Joe Biden las causas que generaron la peor inflación en las últimas cinco décadas. Sin embargo, la memoria política y económica fomentada por medios liberales y activistas demócratas suscita efecto entre los consumidores con memoria corta o víctima de la manipulación mediática.
La administración Biden-Obama disparó los precios por encima del 9% en el peor ascenso en los últimos 50 años. No obstante, expertos independientes sitúan el dato entre el 11% y el 13%.
Cerca de dos años antes de las elecciones, el gobierno de Biden y el entonces presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, comenzaron a anunciar una inflación en picada, cuyos precios nadie vio descender; por el contrario, en muchos casos continuaron su aumento.
La realidad, que ya muchos han olvidado, es que los datos oficiales iban por un lado y la realidad por otro. Los precios siguieron en el mismo nivel, sobre todo en los artículos de primera necesidad, compraventa de autos, seguros, alimentos, electrodomésticos y medicinas.
Esa crisis, como es típico por parte de los demócratas inmersos en una agenda socialista que culpa a los demás de sus catástrofes, se la achacan a la guerra de Irán y a los aranceles, en un intento por tergiversar los estados de opinión antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Histórico acuerdo petrolero
Tres responsables de la Fed señalaron que estarían dispuestos a subir las tasas de interés si los datos de agosto no mostraban una tendencia descendente continuada de la inflación. Hoy la preocupación de estos tres gobernadores es sobre el 3% de inflación, mientras que durante la administración anterior esperaron a que llegara al 8% para mostrar algún interés en las estadísticas económicas bajo el mandato de la izquierda.
"¡Bajen las tasas de interés porque Estados Unidos es un deudor mucho más sólido de lo que era hace muy poco tiempo!", volvió a reclamar el presidente Trump en su plataforma Truth Social, quien opina que las altas tasas se mantienen de forma innecesaria y lenta frente a cambios importantes en la economía estadounidense que generan una corrección automática de la inflación.
Lo que se espera a partir del 2027 y 2028 es una fuerte recuperación del mercado laboral, cuando las grandes inversiones logradas por la Casa Blanca mediante acuerdos comiencen a dar sus frutos.
El sector de la tecnología, salud, los servicios y la construcción son ahora los punteros en la creación de empleos, mientras que la industria militar se suma a la lista después de un presupuesto aprobado por el Congreso en Washington que supera el billón (trillion) de dólares para el año fiscal de 2027.
Pero una de las mayores garantías económicas de la administración Trump es su agenda energética.
En días recientes, el Presidente anunció la firma del mayor acuerdo petrolero en la historia de EEUU. Se hizo con Venezuela, país que tiene las mayores reservas confirmadas de hidrocarburos del planeta.
“¡EL MAYOR ACUERDO PETROLERO EN LA HISTORIA MUNDIAL!", señaló Trump en su red Truth Social.
Industria petrolera de EEUU con amplia ventaja sobre sus competidores
Bajo el convenio, Estados Unidos obtiene "el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela, sin costo alguno para el contribuyente estadounidense".
El pacto le permite a Estados Unidos más que duplicar sus reservas de crudo.
"La histórica transacción que duplica con creces las reservas petroleras de Estados Unidos, aumenta nuestro suministro de petróleo y contribuye a reducir de forma sustancial los precios de la gasolina para todos los estadounidenses a largo plazo", añadió.
Seguido al acuerdo, el gigante petrolero estadounidense Chevron dijo en un comunicado que invertirá más de 7.000 millones de dólares en los próximos cinco años, que harán casi triplicar la producción a más de 600.000 barriles diarios, en comparación con 2026".
Con una amplia ventaja sobre su competidor, Arabia Saudita, EEUU es hoy el mayor productor y exportador de petróleo del mundo con un promedio de 13,8 millones de barriles diarios.
Desde el punto de vista económico, EEUU se blinda ante el resto del planeta mediante una coraza energética que le permite asegurar su supremacía en medio del proceso de un Nuevo Orden Mundial y cambios históricos geopolíticos y geoestratégicos que lo atornillan a la cabeza del mundo frente a China, India, Rusia y el resto de las potencias económicas.
A todo lo anterior se agrega el gran impulso de la Casa Blanca a la fabricación de una enorme infraestructura de tecnología de última generación e inteligencia artificial en territorio americano y en el hemisferio occidental. A la par, las inversiones, las producciones y las exportaciones en la industria armamentista regresan como una prioridad suprema en seguridad nacional e ingresos, que en décadas anteriores hicieron grande a EEUU.
Esta situación le ha dado un vuelco general a la economía estadounidense a corto, mediano y largo plazo, que paso a paso se deslinda de la dependencia china y pasará de una economía de consumo en un 70% una de apertura combinada con producción nacional.
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FUENTE: Con información de AFP. Bloomberg News, EFE, The Wall Street Journal, Financial Times.