MIAMI- El presidente Joe Biden no halla a quién culpar por la ineficiencia de su gestión. Y en la Casa Blanca las cosas no funcionan como se cree.

“La necesidad de salud mental en Estados Unidos se ha disparado, porque las personas han visto cómo todo ha dado un vuelco. Todo con lo que contaban se ha trastornado. Pero la mayoría de ello es consecuencia de lo que ha sucedido, de lo que sucedió como resultado de la crisis del COVID”, expresó el mandatario a The Associated Press (AP) durante una entrevista.

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Y verdaderamente ha sido así, Biden le dio un vuelco a todo para [mal]. El jefe de la Casa Blanca un día culpa a las petroleras, otro a la guerra de Rusia en Ucrania incentivada por Washington y el siguiente al COVID-19. La desesperación se hace cada vez más notable, además de emplearse a fondo y utilizar "cortinas de humo" para desviar la atención pública.

Las campañas de desinformación sobre las armas de fuego, la guerra en Ucrania, el aborto, la ilegítima comisión investigadora de los sucesos del Capitolio y su show mediático en los medios liberales junto a sus acusaciones a la industria estadounidense del petróleo son parte del juego político que emplean las izquierdas cuando enfrentan severas crisis.

Ni la guerra de Ucrania, ni la pandemia, ni el 6 de enero en el Capitolio, ni la campaña contra las armas de fuego, ni el abordo; nada le ha funcionado hasta el momento a la Casa Blanca para manipular la opinión pública y convencer a la mayoría de los estadounidenses.

Más de un tercio del equipo de prensa de la Casa Blanca ha renunciado en las últimas semanas ante las exigencias de un mejor trabajo para convencer a los estadounidenses de que el país va bien.

Los periodistas decidieron irse frente a la falta de entendimiento del mandatario o por negarse a edulcorar una realidad visiblemente adversa para todo el país.

La inflación en EEUU alcanzó otro récord en mayo al llegar a 8,6%, el índice que mide los precios de consumo. El valor del petróleo no cede y los expertos auguran meses peores; incluso, por encima de los 130 dólares el barril de crudo en momentos en que fluctúan entre los 115 y los 123 dólares.

Biden arremetió esta semana contra la industria estadounidense del petróleo y culpó a las empresas petroleras de los altos precios de la gasolina, cuando fue él -aupado por una agenda de extrema izquierda- quien ordenó frenar la producción y las exportaciones mediante órdenes ejecutivas que firmó desde el primer día en la Oficina Oval.

“La industria de los combustibles fósiles es obsoleta y contaminante, desde mi primer día comenzaré la transición hacia las energías limpias. Basta ya del petróleo, es hora de transformar esa industria”, manifestó Biden cuando todavía era candidato a la Presidencia.

La extrema izquierda y la culpa de los demás

Una carta de Biden, enviada a siete grandes empresas petroleras, ha sido la advertencia más directa en su campaña de culpar a esta industria por la galopante inflación.

El precio promedio de los carburantes en EEUU es ahora de 5 dólares por cada galón de gasolina regular, frente a los 2.22 dólares a finales de diciembre del 2020, a menos de un mes de que el expresidente Donald Trump dejara el poder.

La culpa a la guerra de Ucrania tampoco les ha funcionado a los asesores de Washington. Según encuestas, más del 68% no cree que la invasión de Rusia sea una causa de los niveles inflacionarios en EEUU.

Por su parte, la secretaria del Tesoro Janet Yellen fue forzada a reconocer públicamente sus errores sobre la inflación y dejó abierta la posibilidad de su renuncia en una entrevista.

A Jerome Powell no le ha quedado otra opción que acatar los graves errores de la Reserva Federal (Fed o Banco Central) inducidos por la administración Biden, a diferencia de las eficientes medidas que se implementaron desde el principio de la pandemia de COVID-19 para dar paso a una rápida y sólida recuperación económica. El freno vino con el nuevo gobierno y sus descarriladas políticas sobre el cambio climático, puertas abiertas a la inmigración, guerra a los combustibles fósiles y la subordinación a reformas de la extrema izquierda.

"En retrospectiva, (...) hubiera sido mejor haber comenzado mucho antes a subir las tasas", admitió Powell el mes pasado, en una entrevista con “The Wall Street Journal”.

Reserva Federal anuncia otra subida de 0.75% de las tasas en julio

La situación se ha tornado tan convulsa que el Banco Central acaba de subir 0.75% las tasas de interés, la mayor alza desde 1994. Anteriormente, había hecho dos: una de 0.25% y otra de 0.50% entre marzo, abril y mayo de este año.

Se trata de la tercera alza consecutiva y lleva las tasas de referencia federal a un rango de 1,50%-1,75%.

Según Powell, la agresividad con la que se ha visto obligada a actuar la Fed no dañará con agudeza la economía, otro argumento del que los expertos discrepan.

Diane Swonk, de la consultora Grant Thornton, calificó de "fantasiosas" las perspectivas de la Fed.

El presidente de la Reserva Federal también anunció que era muy probable otro aumento de 0.75% en julio, que fijaría la tasa federal en 2,25%-2,50%.

Tras la decisión de la Fed, las tasas hipotecarias se dispararon a su nivel más alto en 13 años, y la media de un préstamo hipotecario a 30 años y a tipo fijo alcanzó el 5,78%.

Al comienzo de la pandemia, una de las medidas fue bajar las tasas a cero y 0.25% para estimular las inversiones, mantener la confianza en el sistema financiero, fortalecer el dólar y sacar la economía de la recesión tras la pandemia, entre otros objetivos.

Wall Street entró el 13 de junio en lo que se denomina un mercado bajista, después de que los temores a una economía debilitada y el aumento en las tasas de interés hicieran que el S&P 500 cayera más de un 20%, por debajo de su récord establecido a principios de año.

La incapacidad vive en Washington

Pero, al parecer, los asesores le entregan a Biden discursos bastante alejados de la realidad, casi a modo de complacencia.

"Mi administración está preparada para utilizar todas las herramientas razonables y apropiadas del gobierno federal y las autoridades de emergencia para aumentar la capacidad y la producción de las refinerías en el corto plazo, y para asegurar que cada región de este país esté adecuadamente abastecida", señaló Biden en su misiva, sin detallar -como ya es costumbre- qué tipo de acciones podría tomar.

"La crisis a la que se enfrentan las familias merece una acción inmediata. Sus empresas deben trabajar con mi administración para presentar soluciones concretas", agregó.

El asunto, que parece complejo, es bien sencillo. Las petroleras les están pagando a Biden con la misma moneda y a modo de [si usted ordenó nuestra eliminación, ahora no espere comprensión por sus descabelladas intenciones, mucho menos respuestas afirmativas a sus desesperadas exigencias].

La economía estadounidense no funciona con agendas políticas de carácter socialista, sino con el respeto a las bases de su estructura mediante [leyes autónomas probadas] que impulsan, regulan y desarrollan los mercados, el consumo y las producciones. Querer transformar el sistema capitalista occidental es el peor error del nuevo Partido Demócrata en EEUU dirigido por la tendencia socialista endulzada con la definición de (progresista), cuando realmente representa retroceso, degradación y destrucción, [nunca progreso].

Los petroleros le responden a Biden

El American Petroleum Institute (API), que representa a la industria, señaló que se ha disminuido la capacidad en momentos en que el gobierno de Biden intenta distanciarse de los combustibles fósiles como parte de su agenda contra el cambio climático.

“Aunque apreciamos la oportunidad de abrir un mayor diálogo con la Casa Blanca, la errónea agenda política del gobierno alejándose del petróleo y el gas natural domésticos agravó las presiones inflacionarias y añadió obstáculos a los esfuerzos diarios de las compañías para satisfacer las crecientes necesidades energéticas, al tiempo que reduce las emisiones de gases”, dijo el director general de la API, Mike Sommers.

“En una carta dirigida al presidente Biden y su gabinete le reiteré 10 importantes acciones en políticas para atenuar las penurias al consumidor y fortalecer la seguridad nacional, incluyendo la aprobación de infraestructura energética vital, aumentar el acceso a capital, llevar a cabo licitaciones energéticas, entre otras medidas urgentes”, puntualizó Sommers.

A los ojos de Biden, las refinerías se aprovechan de la incertidumbre “en tiempos de guerra” y ya algunos legisladores de extrema izquierda han propuesto actuar contra las ganancias corporativas extraordinarias, como lo hacen los regímenes socialistas.

La reacción de la Casa Blanca ante la inflación llega [demasiado tarde], después de casi un año de espalda a una crisis que se agravó mes por mes con la alerta y las advertencias de economistas, legisladores republicanos y analistas independientes.

Los de abajo pagan el despilfarro

Los consumidores sufren cada vez más los altos precios y se endeudan como nunca antes.

La deuda de los hogares estadounidenses aumentó en más de 320.000 millones de dólares en el 2021, sin divisar ninguna salida cercana, mucho menos el gobierno puede siquiera explicar u ofrecer cierta seguridad en algo. La cifra es el mayor salto nominal desde el 2007 y el mayor incremento en más de 8 años.

En general, los consumidores estadounidenses concluyeron el 2021 con una [deuda] superior a los 15 billones de dólares y casi 900.000 millones por encima de lo que se debía a finales del 2019.

Las ventas minoristas descendieron 0,3% en mayo. El informe destacó cómo los consumidores han dejado de comprar productos que fueron de alta demanda durante la pandemia.

Por otra parte, las ventas de las mueblerías y tiendas de mercancías para el hogar y de electrónicos bajaron 1%. Las de artículos para la construcción, jardinería y de mercadería en general también mostraron un declive.

Los pedidos en línea cayeron 1%, a medida que los clientes regresan a las tiendas. En tanto, las ventas de alimentos en tiendas aumentaron 1,2% debido a los altos precios, no por el consumo.

La fuerte baja en la adquisición de automóviles, debido a los exacerbados precios y la escasez de inventarios, deprimieron la cifra total de ventas.

La desesperación en Washington es tal que el próximo mes Biden tiene previsto reunirse con la dinastía saudita, a la que dijo que había que “convertir en paria”.

El jefe de la Casa Blanca decidió enfrentarse a las severas críticas de decenas de legisladores y senadores de su propio Partido Demócrata, al tiempo que activistas de derechos humanos lo acusan de [vender su alma por petróleo]. Así de incongruentes e impredecibles andan las cosas hoy en Washington, pero algo diferente no podría esperarse.

lmorales@diariolasamericas.com

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¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 31.05%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.71%
¿Las personas jubiladas deben recibir algún tipo de asistencia para poder enfrentar esos precios? 33.24%
19486 votos

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