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En el recién finalizado Foro Estratégico Internacional con sede en Miami, DIARIO LAS AMÉRICAS tuvo la oportunidad de conversar con la investigadora de origen venezolano Carolina Bessega, cofundadora de Stradigi.ai, una reconocida empresa con sede en Montreal, Canadá que investiga y aplica la llamada Inteligencia Artificial.

El tema central de la novena edición del foro fue construir un futuro sostenible a través del pensamiento crítico. Y según su convocatoria, buscaba propiciar un diálogo abierto para determinar los objetivos que reflejen el papel de la innovación en el desarrollo del mundo, sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras.

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Bessega participó como ponente en la conferencia “Aprovechamiento del potencial de la inteligencia artificial”, disertó sobre cómo están influyendo estas nuevas capacidades en nuestras vidas.

Inteligencia Artificial

“La IA es un área de la ciencia de la computación que crea algoritmos para desarrollar tareas que los humanos solíamos cumplir,” explicó Bessega quien es doctora en Física Fundamental.

“No es nada nueva, ha estado aquí desde 1956, pero hasta hace muy poco, se llamaba Sistemas Expertos. Y consistía en que un informático, para crear un programa, lo hacía con una serie de reglas suministradas por un experto”, rememoró la científica.

“El problema entonces era que al aplicar dicho programa a gran escala, si el experto no estaba disponible y se producía algún imprevisto, había que volver a escribirlo, para lo que era necesario la participación nuevamente del experto y el informático”. Por lo tanto, dicha solución no era escalable porque si se aplicaba a un proceso determinado corría el riesgo de que este se paralizara”.

Surgimiento

En los últimos 20 años apareció una nueva aproximación, el llamado aprendizaje de máquina (ML, por las siglas en inglés de machine learning). Al utilizar esta capacidad, "en vez de proveer datos a un humano para que este desarrolle un programa, le entregamos a una máquina la información de lo que pasa en determinado proceso y es la máquina quien infiere las reglas”.

Actualmente, las máquinas son capaces de “aprender” casi de cualquier proceso donde antes solo intervenían los hombres. Es común ver en las calles los vehículos de conducción autónoma, aun entrenándose. Estamos familiarizados con los algoritmos de Netflix que nos programan los shows, utilizando nuestra experiencia de uso. Y así en cualquier industria y campo social se van aplicando estas nuevas posibilidades.

El incremento de las capacidades de cómputo y el abaratamiento de los procesos de almacenamiento de data también han propiciado el boom de la IA. Por primera vez, “tenemos mucha data y la capacidad de cómputo necesaria para procesarla”.

La ética

Es difícil establecer el verdadero alcance de la IA. Actualmente ya se encuentra por todas partes. Los algoritmos de IA crean soluciones logísticas en gigantes como Amazon y Alibaba, están presentes en las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles, en las investigaciones llevadas a cabo en múltiples laboratorios. Incluso, los gobiernos la podrían utilizar en el sistema legal para determinar el alcance real de la modificación de una ley. Además sería un magnífico para la persecución de la corrupción. Claro está es clave que se aplique de forma responsable.

“Imagine un programa para otorgar créditos bancarios. A la máquina se le suministran todos los datos históricos, de las personas aprobadas y de los solicitantes rechazados. El algoritmo inferirá las reglas para otorgar dichos fondos. Pero si los empleados bancarios que han procesado a dichos clientes tenían algún prejuicio, la máquina también lo aprenderá”, enfatizó la investigadora y experta en aprendizaje automático.

Bessega participó en un proyecto para crear un robot que traduce el lenguaje de signos al lenguaje de voz. “Durante el training de la máquina tuvimos el cuidado de incluir manos de todos los tamaños, razas, con uñas cortas y uñas largas. Manos con anillos, sin anillos, manos tatuadas y con manchas. ¿Te imaginas qué sucedería si la mano de una persona de determinada raza resulta incomprensible para la máquina? El algoritmo es tan bueno como la data que le suministras”, sentenció.

Tecnología con principios

Con la ayuda de la IA los procesos son fácilmente escalables, pero “al principio, cuando se ponen en práctica, debemos acompañar a las máquinas para comprobar que se alcanzan los objetivos señalados” y cumplen con los principios -derechos, justicia e igualdad de oportunidades- que nos hemos dado como sociedad”.

Uno de los ponentes en la conferencia, al hablar sobre el alcance de la IA, aportó una nota curiosa. Explicó que en una provincia en China utilizaban una máquina de reconocimiento facial en baños para controlar el suministro de papel higiénico.

“Si le otorga a una máquina el poder de tomar decisiones por los humanos, hay que tener mucho cuidado con la tarea y la data que se le está suministrando”, advirtió.

Este es caso puntual, pero ilustrativo de lo que puede suceder en un país donde las regulaciones y la ética son diferentes. “Para implementar algo parecido en EEUU, Canadá, o Europa sería necesario obtener un permiso legal y el consentimiento del usuario para que su cara sea reconocida”, sentenció la especialista.

La transparencia en el funcionamiento de estos algoritmos es importante, “nosotros en Stradigi.ai estamos trabajando en el área de “interpretabilidad”. Nuestro objetivo es no solo saber lo que una máquina decide, sino por qué tomó la decisión. El resultado de nuestro trabajo debe traducirse en transparencia y en operativas más éticas cuando se utilcen estos sistemas”.

A la pregunta de lo que esperaba de su participación en foro como este respondió:

“Como ciudadana de este planeta, estoy muy preocupada por el desarrollo sostenible de la economía mundial. Me interesa tener diferentes perspectivas. Pienso que en encuentros como este, donde se reúnen tantas empresas y gobiernos, se pueden hallar ideas o al menos hacer el networking necesario para avanzar hacia el desarrollo sostenible".

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