Desde su llegada al mercado norteamericano, la marca coreana Kia se ha caracterizado por comercializar vehículos a precios muy asequibles, en los diferentes segmentos.

Los primeros productos de Kia llegaron a los Estados Unidos a finales de la década de los 80 y se vendieron bajo la sombrilla de Ford, con los nombres de Festiva y Aspire. Ya con la marca Kia, llegaron en 1992 los primeros Sephia y casi de inmediato, el crossover Sportage, que sigue vendiéndose en notables cantidades, varias generaciones después.

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Kia es el segundo fabricante coreano de vehículos después de Hyundai, con ventas que superan los 3,5 millones de unidades anuales. Hyundai posee más del 38% de las acciones de Kia, pero Kia, a su vez, posee un porcentaje significativo en más de 20 compañías subsidiarias del grupo Hyundai, lo que hace que la relación entre las dos empresas sea algo más que un matrimonio prácticamente indisoluble.

Con unos vínculos tan estrechos, es apenas natural que las dos compañías intercambien recursos. No tiene sentido que cada uno invierta por su lado miles de millones de dólares en investigaciones y desarrollo cuando pueden compartir mucho de lo que tienen, aunque ante la opinión pública insistan en que las dos trabajan de manera independiente. Sin embargo, es inevitable concluir que las plataformas de casi todos los vehículos de la una tienen hermanos gemelos en la otra: el Hyundai Sonata y el Kia Optima, el Hyundai Santafe y el Kia Sorento, el Hyundai Elantra y el Kia Forte, entre otros.

Y el Kia que hoy nos ocupa es el sedán de lujo ideal, no esconde sus semejanzas con el Genesis G80. Es de tamaño grande, inmensamente cómodo, con una suspensión gloriosa.

Le sobra potencia a su motor V6, equipado con turbocargadores gemelos y es aún más potente cuando monta el descomunal V8.

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Es un auto de manejo suave y preciso, acabados de primerísima calidad y apariencia agradabilísima.
Es un auto de manejo suave y preciso, acabados de primerísima calidad y apariencia agradabilísima.

Este auto de manejo suave y preciso, acabados de primerísima calidad, apariencia agradabilísima, se vende a un precio considerablemente inferior cuando se compara con sus más directos competidores, en los portafolios de Mercedes-Benz, BMW, Jaguar, Audi, Lexus o Acura.

Basta con subirse al Kia K900 para sentirse en el más lujoso de los sedanes. El motor V6 produce 365 caballos de potencia y 376 libras/pie de torsión que le dan una respuesta impecable al pisar el acelerador.

La transmisión es automática de 8 velocidades, la tracción es integral AWD y la suspensión es controlada electrónicamente. Obviamente, cuenta con todos los más avanzados sistemas de seguridad y los más sofisticados aditamentos de comodidad, entretenimiento y comunicaciones. Rinde 18 millas por galón en la ciudad y 25 en la autopista y tiene un precio básico que comienza en los $59.900 dólares. El que tuvimos la suerte de conducir, con una serie de equipamientos opcionales, tenía un precio final sugerido de $64,896 dólares.

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El nuevo modelo rinde 18 millas por galón en la ciudad y 25 en la autopista y tiene un precio básico que comienza en los $59.900 dólares.
El nuevo modelo rinde 18 millas por galón en la ciudad y 25 en la autopista y tiene un precio básico que comienza en los $59.900 dólares.

La gente nos preguntaba en la calle si tenía sentido pagar una suma de esa naturaleza por un Kia. Para mí, personalmente, claro que sí tiene sentido. En cuanto a carro, este Kia K900 no tiene nada que envidiarle a autos similares que valen 30 o 40 mil dólares más.

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