El magisterio es una carrera profundamente gratificante tiene el especial privilegio de poder moldear la pieza fundamental de la sociedad, el hombre del mañana. Los maestros, como ninguna otra profesión, pueden ejercer una influencia sin igual en los valores intelectuales, morales, y culturales de nuestros hijos. Es congruente planificar el futuro de un país sin incluir en ecuación el factor de la educación.

Un estudio WalletHub señala que la educación está entre las ocupaciones peor pagadas de las profesiones que requieren licenciaturas y sostiene que los salarios de los maestros permanecen inalterables con respecto a la inflación. Sin embargo, las autoridades exigen un mejor rendimiento estudiantil, al mismo tiempo que priva a los educadores de incentivos para mejorar su propia efectividad en las aulas.

Para ayudar a los educadores de Estados Unidos a saber dónde hallar las mejores oportunidades y entornos para ejercer la enseñanza, los analistas de WalletHub compararon los 50 estados y el Distrito de Columbia. Para el estudio utilizaron 21 indicadores importantes para los educadores, desde el potencial crecimiento de los ingresos de los profesores, la relación alumno-maestro, hasta la seguridad de los educadores.

En un ranking de 51 estados, donde también valoró el nivel de compromiso de las autoridades con los profesores, la Florida ocupó el lugar 47, solo superado negativamente por Mississippi, Carolina del Sur, Hawai y Arizona. El Estado del Sol quedó especialmente mal parado en la evaluación de las oportunidades que se brindan a los profesores para mejorar salarialmente y su nivel de competencia porque ocupó el lugar 50. Sin embargo, en el aspecto donde se analizaba el entorno académico y laboral para estos profesionales obtuvo una evaluación regular, aquí la Florida alcanzó el puesto 25.

Del otro lado de la balanza se encuentran Nueva York, Nueva Jersey e Illinois, los estados que mejor tratan a sus maestros. Allí son mejor remunerados y por tanto menos propensos a sufrir esta puerta giratoria que tanto desangra a la educación pública.

Según el estudio, los números son alarmantes, cerca de la quinta parte de los maestros de escuelas públicas recién graduados abandonan sus puestos de trabajo antes del final de su primer año, y más de la mitad de los que continúan ejercen por menos de cinco años. El análisis sostiene que muchos de estos educadores, especialmente los más jóvenes, se trasladan a otras escuelas buscando una mejora de sus condiciones que nunca llega y finalmente abandonan por completo su profesión.

“Los maestros se sienten abrumados, porque no creen que cuenten con el apoyo necesario de las instituciones”, platea ASCD, una organización sin fines de lucro enfocada en mejorar la comunidad educativa.

La profesora asociada de la universidad de Denver, Maria del Carmen Salazar, preguntada sobre cuáles eran los mayores retos que los profesores encaran cada día, explicó, “nuestra profesión está centrada en la estandarización de los resultados estudiantiles. Los profesores son presionados para que demuestren sus logros a través de sus alumnos. Esto ha simplificado la enseñanza, a medir la calidad de un profesor por los resultados de sus alumnos en los exámenes.” Después agregó, “si bien la gran mayoría de los profesores se dedica estimular el éxito de sus alumnos, muchos carecen de recursos y apoyo para satisfacer la gama completa de necesidades que tienen los estudiantes”.

Según Scott Imberman, profesor asociado del departamento de economía de la universidad estatal de Michigan, “los profesores históricamente han sido una profesión bien pagada, sobre todo para las mujeres, pero los salarios no han continuado creciendo. El salario promedio de los maestros de las escuelas públicas es de 57.400 dólares, de acuerdo al Departamento de Educación de los Estados Unidos”.

“Para atraer mejores profesionales a la educación la respuesta fácil sería subir los salarios, pero existen otros aspectos que hay que tener en cuenta. ¿Acaso subir los salarios atraería a la profesión los mejores profesionales? Me temo que no, el proteccionismo que existe en la profesión, que no permite sacar a los peores profesionales aquellos que tienen pobres resultados, haría que el sector no solo se llene no solo de buenos maestros sino de personas sin ninguna vocación, con el agravante de no habernos dotado de un mecanismo para poder sacarlos. A lo mejor los educadores deberían tener un incentivo vinculado a los resultados o al tipo de escuelas (de áreas problemas económicos) donde ejerzan la profesión además de algunas necesarias mejoras salariales”, concluyó.

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