miércoles 30  de  septiembre 2026
CIBERSEGURIDAD

Nuevo proyecto de ley de seguridad desata polémica

Uno de los tópicos de mayor relevancia y recurrencia en la literatura y el cine asociados a las transformaciones tecnológicas de los últimos 100 años es el compromiso de la privacidad de los ciudadanos mediante la implementación de mecanismos de supervisión, escucha y control

ALBERTO SCHARFFENORTH*
Especial

Luego de haber sido enterrada en 2012 la iniciativa legislativa de conformar una ley regulatoria de las actividades de comunicación electrónica y de haberse tenido que conformar la administración Obama con la promulgación de un decreto sobre “ciberseguridad”, ha llegado nuevamente la iniciativa al Senado luego de haber sido aprobado el nuevo proyecto en la Cámara de Representantes con casi unánime soporte de ambos partidos. Pero esta nueva iniciativa denominada CISA (Cybersecurity Information Sharing Act), ha encontrado una abierta resistencia por parte de las organizaciones dedicadas al negocio de servicios de correo eléctrónico, búsquedas, redes sociales y ventas en línea. En el fondo, el dilema trasciende intereses comerciales y se adentra en los terrenos de una posible vulneración de las garantías de privacidad consagradas en la IV Enmienda.

Uno de los tópicos de mayor relevancia y recurrencia en la literatura y el cine asociados a las transformaciones tecnológicas de los últimos 100 años es el compromiso de la privacidad de los ciudadanos mediante la implementación de mecanismos de supervisión, escucha y control. La famosísima novela de George Orwell luego llevada al cine, “1984” que fue publicada en 1949 describe como el Gran Hermano vigila a cada individuo en su instancia más íntima bajo el pretexto de cuidarle y protegerle.

Bien temprano en el amanecer de la era de la comunicación, antes que ésta se hubiera dado por comenzada, el filósofo de los Medios Marshall Mcluhan esbozó los fundamentos teóricos de lo que ha venido a convertirse en el eje central de nuestra civilización. Apenas en 1969, antes de que el Hombre posara sus pies en la Luna, el intelectual canadiense afirmó en una carta enviada al primer ministro Pierre Trudeau: “Bajo condiciones ´eléctricas´ no puede existir privacidad. Los invasores de la privacidad son el bastión de las nuevas industrias del conocimiento, desde las encuestadoras, pasando por las aseguradoras y las calificadoras de crédito, [son] ´el ojo en el cielo´, es la era del fisgón”. Y luego un año después, en 1970, este profeta moderno afirmaba: “Cualquier burocracia convencional ha de convertirse en un Estado policial si se le dota de las nuevas tecnologías tales como el teléfono y el fax”.

No le alcanzó a Mcluhan la imaginación para avizorar que apenas 40 años después, sólo una generación más, la sociedad estaría profunda e irreversiblemente inmersa en un intrincado tejido de hiper comunicación. Tampoco imaginó que no le haría falta a los “fisgones” hurgar con demasiado esfuerzo en la privacidad de los ciudadanos ya que éstos se dispondrían, tal como lo hacemos en cada instante de nuestra nueva vida virtual, a revelar voluntariamente todo aspecto de sus existencias; las  relaciones, los estados de ánimo, los movimientos físicos, el estado de las finanzas, y de la salud, todas y cada una de las facetas que constituyen la existencia vertidas en la nubes que ahora son una sola nube por la gracia irreflexiva de una y mil veces e marcada casilla de “ACEPTO”.

Argumentos y Objecciones

Llama a primera vista la atención el gran cambio que dio el Congreso en su actitud entre 2012 y este momento con respecto al apoyo de una iniciativa para controlar o “proteger” el intercambio de información y los repositorios de datos electrónicos. ¿Por qué un cambio tan visible de posición en un término de apenas tres años? Sólo basta con un breve recuento de acontecimientos para explicar la sensibilización del cuerpo legislativo más allá de algunos cabildeos y la práctica común de la oposición secular. Snowden, Sony, Target, el mega-robo al Seguro Social, el escándalo del adolescente que penetró la cuenta de correo del Director de la CIA y tantos otros episodios de crímenes cibernéticos han puesto la problemática en la primera línea de atención. En términos generales también el sector empresarial, principalmente representado por las organizaciones que han visto afectadas sus operaciones y sus rendimientos financieros por efecto de los ataques principalmente caracterizados por la sustracción de información sensible de sus clientes, ha expresado su apoyo y beneplácito con la iniciativa. Pero las organizaciones proveedoras de servicios cuyo núcleo productivo es la comunicación, las más importantes de ellas como Google, Microsoft y Amazon, agrupadas en la CCIA (Asociación de Industrias de la Computación y la Comunicación), afirman que el proyecto debe ser sometido a sustanciales modificaciones antes de pasar a su aprobación final bajo el argumento de que la seguridad de los elementos sensibles en las estructuras gubernamentales de datos y de comunicación no se puede preservar a expensas de la privacidad de los usuarios, pero que a la vez prevé pobremente mecanismos que verdaderamente eviten los ataques cibernéticos. Por su parte Apple y Twitter se han pronunciado de forma individual emitiendo sus reservas sobre la forma como está diseñada la norma.

Aunque el senador Mitch McConnell ha afirmado que la ley podría pasar en muy pocos días, otros miembros de la Cámara como es el caso de Rand Paul, se oponen a que el proyecto pase tal como está alineándose con las empresas colocan a los derechos de los usuarios en conflicto con algunos de los aspectos previstos en el tratamiento de los elementos de información que les pertenecen de forma privada.

Un dedo en el dique

El desenlace más probable es que la ley CISA sea finalmente aprobada y llegue al escritorio del Presidente Obama antes del día de Acción de Gracias, no sin antes haber sido sometida a algunas modificaciones, enmiendas y supresiones de las que ya el Senado ha presentado una veintena. El asunto está en que la dinámica vertiginosa de la tecnología y la cascada de nuevas aplicaciones disruptivas que surgen cada día principalmente a raíz de la combinación de sus diversos elementos, dejará desactualizadas a muchas de las disposiciones definidas su contenido. El avance tecnológico es una avalancha indetenible que está transformando nuestras vidas a un paso en el que la promulgación de regulaciones y políticas públicas queda como el chiquillo que colocaba su dedo para taponar el orificio de un dique que está por desbordarse. Parte de esa corriente indetenible es la transformación inevitable de lo que nuestros antepasados entendieron como derecho a la privacidad.

*Alberto Scharffenorth es experto en Mercadeo Tecnológico, empresario de telecomunicaciones y Creador de la Fundación Aldea Digital

@digitalaldea

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